Viernes, 12 Julio 2024
Iván Ojeda

Iván Ojeda

La pandemia dejó al descubierto vivencias de núcleos familiares que develaron una tremenda y endeble fragilidad; una delicada y cuidada convivencia siempre singular en cada caso. Un descarnado encuentro con la humanidad más profunda. Pero también develó la cautividad y el desamparo aún presentes de otros, de no poder recurrir absolutamente a nadie, desde cada subjetividad.

Siempre recuerdo las palabras de una persona adulta recién alfabetizada que decía de Paulo Freire que al descubrirle y dar sentido al valor de la Palabra, le ayudó a ser libre, a comprender y transformar el mundo, a ser protagonista y dueño de sí mismo y del mundo.

San Luis sufre la autoficción de un peronismo que no existe y el descontento que el odio pretende capitallizar. Pero ¿hay lugar para la esperanza? ¿Qué puede hacer el Pueblo de San Luis, si políticamente lo único que se le presenta son dos posturas antagónicas? Por un lado, un gobierno provincial que se dice peronista, votado por el Peronismo y sectores populares, y cuyo gobernador ahora dice que el Justicialismo Nacional y el Kirchnerismo no lo contienen a él personalmente, totalmente perdido y desorientado ante los sucesos nacionales que nos interpelan y que exigen definiciones, centrado en su propia visión y pensamiento, tal como actuó frente a cada gobierno nacional peronista.

Cuentan que antiguamente los esquimales, cuando los ancianos dejaban de ser útiles, sus familiares los abandonaban en el desierto ártico a merced de los lobos y osos. Pero un día, un niño, acompañando a su padre que llevaba a su abuelo para abandonarlo, le dijo: “Papá, cuando seas anciano yo también te abandonaré, para que te coman los lobos”. A partir de allí, se rompió la costumbre.

¿Quién tiene el Poder Real?

Se dice que el Poder Real son los Grupos de Poder tradicionales; los concentradores de la tierra, de los productos del campo, de la gran industria, los monopolios y especuladores financieros entre otros. A éstos se le suman sus empleados políticos y judiciales.

Sin embargo, suele olvidarse fácilmente que aparte de estos grandes y tradicionales Grupos llamados “el Poder real” -y que ejercen Poder-, existe no un grupo, sino un Pueblo mayoritariamente trabajador, que tiene la Fuerza Social, el verdadero Poder Real. Para Eva Perón el Poder estaba en la Voluntad Popular. Confiar en esa Voluntad Popular, es lograr la fuerza social para no arrodillarse ante los poderosos.

Muchas veces se pone el eje en el Poder Económico de los Grandes Grupos como el decisivo, o se cree que el Poder Político o el Formal -éste a veces no tiene ni el Político ni el Económico-, constituyen el Poder Real. Pero, sin Poder Social, no hay Poder Real.

Hay Grupos que tienen y ejercen el Poder, para el bien o para el mal, pero no son depositarios de aquél cuyo legítimo depositario es el Pueblo. Aquellos grupos usan el Poder Económico, Político y Judicial para diluir, adormecer y dominar la Fuerza Social de los Trabajadores, criminalizándola si fuese necesario.

¿Hasta cuándo el debate ideológico?

Éste sale a la luz cuando los sectores que disputan los intereses económicos -de consecuencias sociales y políticas graves-, agudizan los enfrentamientos, tratando de legitimar y justificar, con discursos y pensamientos, su accionar, generalmente desplegados con emociones. Aquí es cuando el debate ideológico desnuda las verdades e intenciones de cada sector, develando la posición y situación de cada uno.  Pero lo ideológico no se trata de un “displicente debate de ideas a-políticas o pseudopolíticas como las partidarias, que nunca se cumplen”; nunca lo es, sino que es atreverse a la discusión seria de la pobreza, desempleo, desigualdad social, indecisión por frivolidad y oportunismo, legalismo burgués, obsolescencia del sistema de gobierno, injusticia y desamparo social. También incredulidad de la Política. Derechos Civiles conculcados. Una discusión que visualiza responsabilidades, acusando las causas de la injusticia sin hipocresías ni eufemismos. 

El debate ideológico se contamina de lo emocional, empañándose en conceptos y discursos de racismo, xenofobia, maltusianismo, puestas en escena para generar sentimientos de odio entre nosotros. Frente a esto, empieza a delimitarse el campo de lo humano de lo inhumano, descarnadamente, sin sutilezas.

¿Hasta cuándo la discusión política?

¿Qué se espera cuando los gobernantes traicionan la voluntad popular? La hipocresía política, suele vestirse de esperanza y eufemismos. Pero no podemos esperar peras del olmo. La necesidad termina sobrepasando cualquier plan, cualquier gobernabilidad, cualquier legalidad. Y frente a esto, el surgimiento de la oportunista y falsa antipolítica que se disfraza de razonabilidad, fuerza y solución a los problemas y frustraciones. Nada más peligroso.

Estamos ante una crisis ideológica, institucional y política sin precedentes, mientras que los grupos de poder económico se enriquecen cada vez más con la anuencia de gobernantes y oposición, indiferentes a las serias consecuencias sobre la mayoría del pueblo argentino. ¿Por qué ajustar al pueblo y no a los ricos? ¿Por qué pagar deudas ilegítimas legitimadas por gobernantes que se arrodillan al extranjero y a los grupos de poder? ¿Por qué seguir justificando palos en la rueda sin buscar soluciones para que el carro funcione? ¿Por qué no se toman decisiones políticas para una distribución equitativa de la riqueza que produce nuestro trabajo, en lugar de temer a los Grupos de Poder? ¿Por qué no se hace un referéndum popular sobre las medidas económicas para que el gobierno despierte y vea la realidad que se está produciendo porque parece sordo y ciego?

La crisis es Ideológica, no tanto por adhesión a ideologías anacrónicas, que vuelven a surgir con gran fuerza defendiendo a un capitalismo salvaje bajo un discurso fascista, buscando chivos expiatorios con discursos de racismo: morochos, cabecitas negras, criollos, judíos; de xenofobia: inmigrantes; de aporofobia: villeros, planeros, pobres; de maltusianismo: proletarios; ideológicos: comunistas, socialistas, peronistas, etc., sin contar el desprecio y discriminación por clase social, educación y género.

Es institucional, porque se socavan las instituciones familiares, culturales, educacionales, de salud, de justicia y gobierno, sin respetar leyes y derechos humanos y sociales elementales, llevando al país a una clara ausencia de legitimidad de cualquier norma y Derecho.

Es Política, porque la displicencia de políticos tanto de la oposición como gobernantes demuestra que a ninguno de ellos les interesa verdaderamente el interés del Pueblo y del País todo, salvo a muy pocos, que coherentes con un proyecto nacional y popular, brillan por la ausencia de su protagonismo o se desaniman porque les parece que hablan a un gobierno de sordos.

A esta altura a nadie le interesa ser condenado o no, por la Historia. Algunos porque se creen impunes y creen que la memoria de los pueblos es frágil y olvidadiza; y otros porque esperan que acontecimientos futuros reivindiquen sus acciones. Unos y otros si pensaran las consecuencias sociales de sus acciones presentes, no dudarían en evitar el infierno tan temido.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Un rugbier dijo una vez: “El futbol es un juego de caballeros practicado por rufianes, y el rugby un juego de rufianes practicado por caballeros”. No hay mentira más violenta que ésta, pero se aplica muy bien a la Política.

La Política bien puede ser considerada como un juego de poder, pero no es un juego; por las consecuencias buenas o malas sobre las personas. Y quienes la practican hegemónicamente, bien son rufianes o caballeros. Históricamente la Política ha sido violenta. Carl Von Clausewitz decía que “la guerra es la continuación de la Política por otros medios”, pero en realidad la guerra es la verdadera cara de la Política. Una y otra matan.

¿Es posible el amparo legal y sindicalización de las Organizaciones Sociales, Jubilados, Plan de Inclusión y trabajadores con Planes Sociales, en una agremiación universal y solidaria de todos los rubros sin sufrir intermediaciones y criminalización de la protesta?

Cuenta la mitología griega que la curiosidad de Pandora abrió el ánfora prohibida y de ella escaparon todos los males del mundo. Pero Hefaistos, su constructor por pedido de Zeus, compasivo con Pandora, había dejado en el fondo del recipiente algo que  también se dispersó por el mundo: la esperanza.   

El Sistema de Representación, donde “el Pueblo no gobierna ni delibera sino a través de sus representantes” se universalizó con la Revolución Francesa. La Voluntad General del Pueblo establece la República, el Estado Moderno y los habitantes se convierten en ciudadanos iguales ante la Ley.

Las emociones son una expresión intensa de los sentimientos a través del cuerpo. O sea, la alteración de un estado de ánimo que se manifiesta con el cuerpo. Los sentimientos pueden ser de odio, amor, celos, envidia, conmiseración, compasión, desprecio, simpatía, frustración, etc. y se manifiestan en llanto, euforia, crispación, ira, violencia etc. Cuando estos sentimientos son alterados por la pasión, tienen la capacidad de dominar la voluntad y perturbar a razón; suelen ser estimulados desde el interior o exterior de la persona, y se descargan por medio de las emociones, que al igual que los ríos, corren calmos o caudalosa y furiosamente.

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