Viernes, 12 Julio 2024
Iván Ojeda

Iván Ojeda

La Economía no es la administración de recursos escasos frente a deseos ilimitados. Ése concepto ha sido acuñado por los que apropian, acumulan y acaparan riquezas sin límite. Se amparan en los supuestos del ahorro y el trabajo. (Que en realidad es avaricia y plusvalía, eso que produce el trabajador y no se le paga).

“Estoy muy solo y triste en este mundo abandonado /Tengo una    idea, es la de irme al lugar que yo más quiera” (José Alberto Iglesias ‘Tanguito’- Litto Nebbia).

Nuestro País, se asemeja a un Arca. Lleva toda clase de animales; buenos y malos, salvajes y domésticos. Porque es lógico, la lluvia cae en el campo de buenos y malos por igual. Desde la Independencia, navegamos por mares desconocidos para salvarnos de un eterno diluvio anunciado, cuyos latigazos son casi permanentes, a punto de ahogarnos en un mar embravecido, con esporádicos tiempos de bonanza donde la paloma de la paz y de la estabilidad regresa pocas veces, pero aún sin el ramito de olivo; esperanza de la tierra prometida. 

¿Aviso del límite para decidir por una sociedad justa y saludable? ¿o la tormenta de los jinetes del apocalipsis?

Cuando se llega al límite –de las fuerzas, de las esperanzas, de los afanes, del dolor, la enfermedad, de la incertidumbre, de los miedos…- uno se encuentra en el borde del precipicio; del abismo o de la muerte. Un solo paso… y al vacío.

Recuerdo una vez, leyendo la autobiografía de Gandhi, que él confesaba que, al ejercer como abogado en Pretoria, Sudáfrica, solía ser –contrariamente a lo que uno supone- bastante irascible. Y al defender a un cliente de los abusos de un funcionario gubernamental, muy evidentes, éste fue condenado a cinco años de suspensión como empleado del gobierno; con la condición de que, si regresaba a la administración pública, debía contar con el permiso de Gandhi.

“Una palabra humilla o enaltece, consuela o seduce. Nada dice o dice todo. Pero si nombra algo, da un significado, creándolo todo”.

Así como gestos y palabras conducen a buenas acciones, también hay gestos y palabras que producen lo contrario. Las palabras sinceras, dan consuelo y esperanza; las violentas, terminan en acciones de muerte. Y el egoísmo, el engaño y la mentira, generan injusticias.

Hay personas que viven sin preguntarse nada por la vida y, sin embargo, viven responsablemente. Otras, tal vez las más soberbias, o escasos de humildad y algo llenos de vanidad, nos preguntamos por el sentido de la existencia. No sé si para la mayoría, esos interrogantes pasan como momentos sin mucha importancia, resignándose a una vida sin sentido o aún, dándole un sentido materialista o indiferente.

Algunos creen que sin debate interno sobre la gestión de gobierno, en las presidenciales de este año, al Frente de Todos le irá mejor. Otros, como Riconet, sostienen lo contrario, y ponen en la recuperación del ingreso el eje a revolver de manera urgente, para ganar legitimidad, y también, la elección.

Por las experiencias vividas, por las consecuencias sociales de prácticas culturales que se han vuelto hegemónicas, ya sea por la tecnología, por estilos de vida multiculturales de la sociedad contemporánea, prácticas económicas y políticas inducidas la mayoría de ellas por los medios de comunicación, tanto buenas como malas para los pueblos, por todo ello el imaginario colectivo en la Argentina no tiene hoy una identidad que podríamos llamar por lo menos coyuntural, para hacer frente a la actual crisis más allá de las históricas adhesiones ideológicas que coexisten más o menos abroqueladas alrededor de expresiones políticas tradicionales, la mayoría de ellas anacrónicas a los tiempos que vivimos y fragmentadas.

Ya es común escuchar que muchos jóvenes, y familias jóvenes, no sólo descreen de la política, sino de la posibilidad de vivir en una sociedad económica y socialmente estable, con posibilidades de progreso y bienestar.

Ya de por sí, los jóvenes se ven ante la asfixia de una vida que no ofrece expectativas de felicidad. Hasta para constituir una familia. Ven como imposible lograr un trabajo seguro, medios económicos para vivir dignamente, y sienten que resignadamente tienen que seguir viviendo con seguridad en casa de sus padres y hasta con sus propias familias, porque encuentran que lograr una vivienda propia está fuera de su alcance. Y esto ocurre en todo el país sin excepción.

 

Hablar con verdad, la mayoría de las veces no es aceptado. Pero la verdad no ofende. Se ofenden con la verdad. ¿Quién puede negar lo que es bueno y justo… para todos? ¿Hay verdad en el Gobierno provincial? ¿Acaso no debe haber verdad en las acciones de gobierno?

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