Viernes, 01 Julio 2022

Sobre el poder y la gloria, el deseo y la política

Publicado el Miércoles, 11 Mayo 2022 07:25 Escrito por Iván Ojeda

Hablamos de repensar la Política porque su concepto y aplicación están en crisis. Con nefastas consecuencias para la sociedad, las personas y su convivencia. La Política no significa sólo ocuparse de lo social, de los asuntos de la Comunidad y del Gobierno; las acciones de las personas en tanto ciudadanos regidos por normas están atravesadas por la Política y las Relaciones de Poder. La Política expresa la posibilidad de tomar decisiones en relación a los otros, a las personas, a la comunidad y al medio ambiente ecológico y artificial, al ejercicio del Gobierno y al Poder.

Sin embargo, eso sigue siendo un idealismo político, una falsedad absoluta; una fachada que oculta lo que es en realidad la Política. Son ideales y enunciados falsos porque se utilizan para mantener el status quo de pequeños grupos, y normalmente de gran poder económico.

Generalmente relacionamos a la Política con el Poder y el Gobierno, pero se trata de cosas distintas. Una cosa es el Poder, otra la Política y otra el Gobierno. El Poder nace de la fuerza –ya sea moral, espiritual o física, y sustentada por lo cultural, comunicacional, ideológico, religioso, político o legal. Se encuentra ínsita en las personas y en toda la sociedad; en Comunidad o concentrada en una o más personas, en uno o más grupos; en asociaciones, instituciones, lugares, ámbitos y estamentos diversos. Es susceptible de aplicarse coactiva o coerciblemente, a través de sentimientos, emociones, ideas, creencias o relatos.

Muchos creen que el Poder autoriza, que daría autoridad para ejercer la fuerza. Pero no todo Poder tiene autoridad. Si la tiene, tendríamos que preguntarnos en qué se basa ese Poder para tener autoridad y en qué consiste la autoridad.

Si pensamos que la autoridad es la auténtica base de la fuerza del Poder, esa autoridad no puede provenir sino del derecho a existir y a convivir en libertad de una comunidad; autoridad nacida, sostenida y garantizada por esa misma Comunidad a través del Derecho, que inalienablemente ésta tiene y le pertenece para organizarse, generar cultura, autogobernarse y decidir su destino.

Históricamente los pueblos y las personas han sufrido la dominación de unos grupos sobre otros por la fuerza de un Poder justificado en la deformación del concepto de autoridad, originado en intereses egoístas, creencias o internalización ideológica.

Pero la Política, tal como se la ha practicado desde las primeras sociedades en relación al Poder y al Gobierno, ha sido y es, hasta ahora, la libertad de un individualismo absoluto. Es puro deseo, libre instinto y fragmentación, y, como tal, tiene que justificarse para perdurar o sublimarse –por ser una acción que tiende a la dominación, en base a la fuerza física, la amenaza a la libertad y el miedo a la muerte- necesitando legitimarse en la razón de los demás hombres.

Esa justificación y autolegitimación se da como sumisión y dominación en la conciencia de dominados y dominadores; y hay que recalcarlo, porque la dominación proviene tanto de la internalización mental que la acepta conscientemente, como de aquella que viene de la alienación, promoviendo inclusive el involucramiento y vigilancia mutua de unos y otros para mantenerse.

Seguir sosteniendo esa concepción de la Política como juego absolutamente libre e individualista del poder, es el máximo cinismo e hipocresía, porque encubre una relación salvaje y egoísta entre las personas, rompiendo todo lazo comunitario de solidaridad y consideración del otro para la convivencia.

Esa deformación de la Política en función del Poder no-comunitario, ha generado gran perjuicio a las personas y a los pueblos. Y hay que visibilizarla, desterrarla de la conciencia, de la razón y del corazón de las personas. Es algo negativo que le quita el sentido altruista de servicio público en beneficio de la Comunidad, con decisiones o ausencia de ellas para solucionar necesidades, demandas y problemáticas.

Es una deformación que atenta, además, contra el sentido de solidaridad en la Comunidad, y por ende del sentido de la vida para cada persona, porque somos gregarios por Naturaleza. Sin los otros, tampoco somos.

¿Cómo recuperar la Política? Negando lo que no es la Política. Reconociendo la autoridad que yace en los derechos de la Comunidad como base real del Poder. Desmitificando toda cultura, práctica, justificación y deformación de lo que la Política no significa. Rescatando el sentido de los valores que hacen a la dignidad de la Comunidad. No hay Política verdadera sin participación, debate y democracia. En cualquier grupo, ámbito o institución, Y es un decisión co-rresponsable y comunitaria. Co-rresponsable ante la Comunidad, de parte de aquellos a quienes se les ha delegado las decisiones en un Sistema de Representación -donde la Comunidad lamentablemente no gobierna ni delibera, al contrario de un Sistema de Democracia Directa-, y cuyo relevo es legítimo si no cumplen.

El Poder y la gloria no existen, si el protagonismo del Pueblo está ausente.

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