Martes, 19 Octubre 2021

Javier Milei reconoció que trabajó para el genocida Antonio Bussi.

Publicado el Jueves, 02 Septiembre 2021 11:44 Escrito por

Una curiosa manera de entender la "libertad".

Se autodefine como "libertario" y se presenta a la elecciones a la cabeza del Frente Libertad Avanza. Pero el agresivo representante de la ultraderecha en la Argentina, que coquetea con Patricia Bullrich y llama "zurdo de mierda" a Larreta, confirmó que asesoró como economista al dictador.

Nadie podría decir que es una revelación que resulta increíble, pero no deja de ser una sorpresa. No tanto que el supuesto amante de la libertad haya trabajado para un genocida, después de todo lleva como segunda en su lista a una conocida defensora de los represores de la dictadura, sino que haya sido el propio Javier Milei quien reconociera que asesoró al ex general Antonio Domingo Bussi durante su no muy digno paso por el Congreso nacional.

No solo reconoció haberlo hecho, también recurrió a un argumento tradicional en estos casos: recordó que el represor había llegado a su banca en el Congreso por la voluntad popular. No se tomó el trabajo de recordar que después ese mismo Congreso le impediría retomar su banca y que moriría degradado y condenado por una larga lista de crímenes de lesa humanidad. Nada de ello, ampliamente conocido en ese momento, parecería haber afectado al curioso campeón de la “libertad” a la hora de ofrecer sus servicios al genocida.

Milei se hizo famoso plagiando a los economistas de la ultraliberal “escuela austriaca” y le encanta citar autores de medio pelo para sostener sus posiciones “libertarias”. Pero nunca recurrió a la famosa última frase de la revolucionaria francesa Madame Roland, que tan bien describiría la trayectoria y actual protagonismo político del líder del Frente Libertad Avanza: “¡Oh, Libertad!, cuántos crímenes se cometen en tu nombre!”

Cómo se conoció la noticia

La revelación surgió en medio de un debate sobre el empleo público que el propio Javier Milei había planteado. En una aparición en Telefé, dejó planteada una pregunta para el candidato del Frente de Todos porteño, Leandro Santoro, que asistiría al mismo canal al día siguiente: “¿Alguna vez laburaste en el sector privado, parásito?”

En su respuesta, Santoro contó que “Milei también fue empleado público. La diferencia es que lo fue en la gestión del general Antonio Domingo Bussi. Por ahí los pibes no saben quién fue, fue gobernador de facto, genocida, terminó condenado por violaciones a los derechos humanos, secuestró, mató, violó, torturó, se quedó con los bienes y la vida de miles de argentinos. No da hablar de la defensa de la libertad habiendo sido parte de eso”.

En el hilo de Twitter que Milei dedicó a contestarle llegó el ¿sorpresivo? reconocimiento.

Quién fue el ex general Antonio Domingo Bussi

Antonio Domingo Bussi murió hace casi diez años, por lo que Milei puede contar con que buena parte de la población, sobre todo los jóvenes que él se ufana de representar, no tenga un recuerdo demasiado preciso de su trayectoria. Vale la pena repasarla.

Nació en Entre Ríos el 17 de enero de 1926 y en 1975 reemplazó a Acdel Vilas como jefe del Operativo Independencia, que fue la antesala y globo de ensayo del terrorismo de Estado en Tucumán. Se había preparado para eso: había viajado como observador a la guerra de Vietnam, donde fue recomendado como un interesante cuadro para una guerra antisubversiva e hizo el curso regular del Command and General Staff en Fort Leavenworth, Kansas. Sus jefes en el Ejército consideraban que se desempeñaba en “las misiones con gran escrupulosidad, celo y empeño, haciendo mucho más de lo preciso en el cumplimiento del deber”.

Un adelantado de los centros clandestinos de Detención

Con la dictadura, el mismo 24 de marzo de 1976 asumió como interventor y jefe militar de Tucumán. Fue responsable de las más de mil desapariciones en los más de treinta centros clandestinos que funcionaron en la provincia, entre ellos, la Jefatura Central de Policía, el Comando Radioeléctrico, el Cuartel de Bomberos, la Escuela de Educación Física, el Reformatorio y El Motel, Nueva Baviera, Lules, Fronterita y, el más importante, el Arsenal Miguel de Azcuénaga. Además, como explica el Nunca Más, “a la provincia de Tucumán le cupo el siniestro privilegio de haber inaugurado la ‘institución’ Centro Clandestino de Detención como una de las herramientas fundamentales del sistema de represión montado en la Argentina”. “La Escuelita” de Famaillá fue el primer sitio documentado por la Conadep montado especialmente para torturar y asesinar a personas secuestradas.

Como dictador de Tucumán no se privó de nada. Ordenó ejecuciones y ejecutó con sus manos. Planificó torturas y torturó con sus manos. Y también corrió a los mendigos y tullidos de las calles de la provincia y los exilió en un desierto de Catamarca. Al relatar ese episodio en 2004, el escritor Tomás Eloy Martínez calificó a Bussi como un “pequeño tirano”, “feroz exterminador de disidentes” y “tiranuelo de Tucumán”. El tiranuelo le inició un juicio y le reclamó cien mil pesos por “daño moral”. Pero perdió. El juez Daniel Alioto recordó que “se llama tirano al jefe de una facción que obtiene el poder de manera irregular y gobierna una ciudad sin la distribución de competencias propias de un régimen republicano”, algo que incluso sin contar las muertes y torturas cuadraba con el rol que ejerció Bussi durante la última dictadura. El magistrado también descartó que la palabra “exterminador” perjudicara la reputación del represor “a la luz de sus antecedentes y de los registros de algunas circunstancias de su actuación pública”.

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