Lunes, 14 Junio 2021

La ternura y la crueldad

Publicado el Viernes, 04 Junio 2021 15:55 Escrito por Miguel Núñez Cortés

La segunda acepción de “sadismo” para la RAE señala que se trata de una crueldad refinada, con placer de quien la ejecuta.

Y en estas épocas de sadismos varios que se van revirtiendo, voy a tratar de transitar por esos ámbitos y a introducirme en ciertos paradigmas.

Algunas políticas del Presidente Macrí fueron claramente sádicas. Una muestra de ello se puede recoger en el conocido debate con Scioli en la etapa previa a la última elección presidencial.

Prometió Macri antes de las elecciones a Presidente: no quitaré el fútbol para todos, eliminaré el impuesto a las Ganancias, llegaremos a la pobreza cero, no devaluaré el peso argentino, no habrá “ajuste”, expandiré la economía, controlaré definitivamente la inflación, apoyaremos a la ciencia a través del CONICET, generaremos 2 millones de puestos de trabajo.

Breve resumen que condensa la malignidad intrínseca y extrínseca de sus políticas. Fue la mentira el denominador común de su praxis de gobierno.

Y desde 1945, a pesar de los bombardeos, las agresiones, los fusilamientos, los torturados y desaparecidos el peronismo es capaz de ganar elecciones. 

Se le atribuye a John William Cooke la frase “El peronismo es el hecho maldito del país burgués”. No lo escribió tan así, ya que él definía al peronismo en otros términos, pero en definitiva lo que quería puntualizar era que el “peronismo sigue siendo el hecho maldito de la política argentina: su cohesión y empuje es el de las clases que tienden a la destrucción del statu quo”

Y Macri junto a sus mandantes vino a restituir el vigor y la presencia del statu quo. Ese statu quo que lleva en sus entrañas pioneras la Constitución de 1853, que nunca dejó de existir a pesar de la reforma de 1994, con un Poder Judicial “primus inter pares”, que hoy se manifiesta con todo su esplendor.

Y toda esta crueldad, transfundida al seno social por los medios masivos, confundió a muchos, perdió a otros, pero consolidó la doctrina peronista con sus luces y sus sombras.

Porque la crueldad es la antinomia de la ternura. Y el pueblo no olvida el calor vivificante del amor y la ternura.

 Esa crueldad y este sadismo tienen la potencia de trascender ordenadores temporales y devienen como recordatorios de aquel terrorismo que nos asoló económicamente, ya que contiene en su esencia los mismos parámetros inhumanos. Por ello nunca se detuvieron desde la instalación de la democracia, y sobrevivieron solapados en los entresijos de los factores reales, ocultos dentro poder.

Este sadismo cruel durante sus cuatro años tendió a destruir cualquier viso de una comunidad organizada; fragmentó, destruyó y anuló las solidaridades; sembró la desconfianza, insuflando, con inteligencia maligna, malas-versiones sobre sus hermanos, habitantes de un mismo suelo y bajo la misma bandera. La crueldad rompió los pactos sociales; produjo incomunicación y articuló sistemas para consolidar la sospecha entre grupos sociales que alguna vez fueron afines.

Y el peronismo se instaló hace más de 75 años propiciando la ternura como método de gobierno y de convivencia.

 El peronismo nos enseñó ternuras grandes y ternuras pequeñas. Las ternuras grandes quedaban concretadas en los nuevos hospitales, en los barrios populares, en los préstamos hipotecarios, en rutas, caminos y aeropuertos. En consolidar la flota marítima y fluvial, la aerolínea de bandera, el gasoducto, en su momento, más extenso del mundo, en la provisión del gas natural por redes y la ampliación del transporte y distribución del agua y de la electricidad.

Pero había ternuras pequeñas, ternuras personales. La Fundación con sus obras y asistencias. El juguete entregado en la mano de cada niño. La humanización de asilos para menores y la dignificación de los ancianos. Derechos del trabajador, derechos de la ancianidad, derechos de la niñez y la adolescencia. Todos incluidos en la Constitución de 1949, obra mayor, opera prima, de la ternura institucional.

Y hubo una Eva Perón, que besó en el rostro a la mujer leprosa que vino a pedir su ayuda (esto me lo contó personalmente José María Castiñeira de Dios), que abrazó con su fuego interior a los más necesitados, pero que no olvidó jamás a sus obreros de camisas gastadas en el rudo quehacer cotidiano. No iban de frac ni de polleras largas. Se acercaban sucios y grasientos, recién salidos de las fábricas. Mujeres y hombres. 

Y Perón, con su muy especial ternura, con su sonrisa franca y sus brazos al aire, transformó de una vez y para siempre el mapa político argentino. Los planes quinquenales fueron su mejor aporte a un Estado planificador y presente. 

De “Palabras para Julia” de José Agustín Goytisolo tomamos unas estrofas que redondean nuestro pensamiento social cristiano: 

Tu destino está en los demás
tu futuro es tu propia vida
tu dignidad es la de todos.

Otros esperan que resistas
que les ayude tu alegría
tu canción entre sus canciones.

La vida es bella, tú verás
como a pesar de los pesares
tendrás amor, tendrás amigos.

Y siempre, siempre, acuérdate
de lo que un día yo escribí
pensando en ti como ahora pienso.

Y los peronistas, mal que le pese a los defensores de la crueldad y el sadismo político, siguen robustos y capaces de revolucionar la historia, y de ahí su vigencia inacabable. Vayan estas Palabras para Julia como un dardo lanzado en este presente y rumbo al futuro, sorteando espacios y tiempos, en la heredad perpetua de Evita y de Perón.

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