Domingo, 13 Junio 2021

La Igualdad como Proyecto Alternativo al Capitalismo Neoliberal

Publicado el Viernes, 04 Junio 2021 14:24 Escrito por Alejandro Mosquera. Director de www.revistalabarraca.com.ar

Después de las derrotas y fracasos de las experiencias nacional-populares, socialdemócratas y socialistas, el poder del capital quiso impugnar por los tiempos de los tiempos cualquier variante alternativa al capitalismo realmente existente.

El resultado de la hegemonía planetaria del capitalismo neoliberal durante 4 décadas produjo un mundo profundamente desigual, se arrasó con las soberanías nacionales, se concentró la riqueza y se expandió la pobreza.

El capitalismo realmente existente (RE) no es el de los manuales, ni el que venden sus comunicadores y propagandizadores, es el capitalismo hegemonizado por el capital financiero y las empresas del capitalismo de vigilancia. Es el capitalismo que nos lleva a una catástrofe para todas las especies vivas incluyendo a los seres humanos.

La pregunta pertinente entonces es: ¿existe un proyecto alternativo al capitalismo RE, o las utopías de una sociedad mejor son solo buenas intenciones de gente que se preocupa por los pobres y trabajadores, por las feminidades, por la niñez, por los enfermos, por los excluidos?

¿Será que los proyectos alternativos no son tales y solo buscan reformas que aminoren la crueldad o ganen algunas décadas frente a la posible catástrofe climática?

Las respuestas son complejas. Pintemos nuestra aldea…

América latina, uno de los subcontinentes más desiguales, saqueado y empobrecido, vive hace décadas en un empate entre los proyectos des-igualitaristas y los proyectos igualitaristas (diversos, contradictorios, pero que se plantean en esa clave). Los intereses de EE. UU. y las derechas y ultraderechas han logrado hacerse de los gobiernos (vía golpes de estado, elecciones, lawfare), período durante el cual destruyen los instrumentos sociales, culturales y estatales de construcción de igualdades que se establecieron en periodos anteriores. Sin embargo, las resistencias populares lograron romper los planes de eternización en el poder, de ruptura de las memorias combativas, y preservaron los valores de solidaridad, aunque recibieron golpes muy fuertes que fueron cambiando culturalmente a la sociedad que les dio origen.

Esas resistencias se transformaron en procesos de acumulación política, de un rechazo al orden establecido (con fronteras poco definidas de los rumbos para crear una sociedad alternativa) a opciones de gobierno por elecciones o rebeliones masivas. Sin embargo, las debilidades propias, las resistencias del poder real y concentrado, las conspiraciones de sus oligarquías y del imperio, logran desgastar a esos gobiernos, tienden a dividir la sociedad en dos polos enfrentados y luchan por no dejar que avance una cultura popular de transformación radical del orden social. Así, los procesos populares no logran la acumulación de fuerzas necesarias para estrategias de gobierno a largo plazo, de gestación poder popular, de una radicalización de la democracia que evite el retorno al poder del proyecto desigualitario.

El resultado es y ha sido un empate estratégico de los dos proyectos históricos que se enfrentan. Y ninguno puede estabilizarse para lograr la afirmación de las transformaciones que prometen.

Es necesario plantear aquí, que en la mayoría de los casos de la experiencia latinoamericana los proyectos igualitaristas conquistaron el gobierno, pero no conquistaron el poder real y aceptaron discutir el rumbo del país con las reglas, condiciones, leyes, lenguaje político, económico y cultural que aquel imponía. Quizás haya que rastrear allí una parte central de los fracasos.

Construir un proyecto alternativo al capitalismo RE no es solo una crítica al mismo, tampoco un modelo de sociedad del futuro deseable, sino que incluye los caminos y las luchas reales que lo constituyen como tal.

En esta visión que pregonamos, la igualdad no es un significante vacío, sino que se constituye como Proyecto Alternativo comprendido tanto en las batallas culturales por deconstruir la naturalización de la desigualdad, como la construcción de poder popular basado en una radicalización de la democracia, más igualitaria, participativa, socializando el poder.

Un Proyecto Alternativo que cobija en su cosmovisión las reformas parciales para construir igualdad, los tiempos de tránsito lentificados de las sociedades, tanto como los momentos disruptivos donde se construye igualdad en la matriz del sistema de relaciones sociales y productivas. Un Proyecto Alternativo que dé proa a las políticas de distribución de la riqueza por oleadas, pero que a la vez se atreva a construir un rumbo estratégico al cuestionar la gran propiedad concentrada, a proponer la función social de la propiedad y que su desconcentración sea parte de una democracia más profunda.

El proyecto Igualitarista abreva en la diversidad, en los aportes y experiencias diversas. Solo puede ser si es capaz de dar cuenta de su sociedad particular y situada, pero su clave es una mirada internacionalista tanto desde la perspectiva de la solidaridad y coordinación de las fuerzas de la igualdad, como por su lucha contra el capitalismo RE, mundializado, concentrado en ese 1% que hegemoniza el poder y lleva a toda la especie humana al caos, el dolor y el exterminio.

Si se comparte esta visión de la Igualdad como Proyecto Alternativo es claro que hay que construirlo con la participación de millones y millones de personas. Que los igualitaristas deben constituirse como partido, no en el sentido de los partidos socialdemócratas, populistas, socialistas o comunistas del siglo XX, sino en un gran movimiento, que mas allá de pertenencias e identidades partidarias coordine y dirija las batallas por el presente y el futuro. 

Esto significa vencer en el seno del movimiento nacional y popular la cultura neoliberal que también hizo mella en nuestro campo. Superar las vanguardias autoproclamadas, los individualismos extremos que llevan a dirigentes sin militancias, a intelectuales inorgánicos, a partidos de sobrevivencia, a un tacticismo que se hunde en la conciliación. Necesita refundar criterios y formas de la militancia, renovación de las formas de construcción de representatividad que no está basada centralmente en el escenario mediático que nos ofrece el poder establecido.

Hay que desatar la potencia revolucionaria de la democracia. Abrir paso a la renovación generacional y de género, en el mismo momento que se impulsa la revolución de las viejas y los viejos. Crear los canales para impulsar las formas de organización y lucha desde la base social.

Se nos repitió en los últimos 40 años que la revolución quedo atrás, en el pasado. Sin embargo, construir una sociedad alternativa basada en la Igualdad es una necesidad cada vez más urgente.

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