Lunes, 14 Junio 2021

Yeni: la gigante que duerme en nuestras tierras

Publicado el Lunes, 17 Mayo 2021 13:30 Escrito por Sandra Aubert

Lucas Casanova es un terapeuta Budista que escucho por podcast y que reside en Noruega. Hace unas noches me sentí triste, sin motivos, algo hizo que tomara mi celular y entré por primera vez a su Blog. Al azar escogí leer la historia de Marina, su amiga, mientras vivió en Argentina. Resumiendo: ella dejo su zona de confort para vivir llena de amor. El trapecista de un circo y ella se enamoraron, se casaron y tuvieron una hija.

Gracias a Marina, Lucas estuvo muy cerca de un elefante. Se preguntarán cual es la sorpresa de esta historia! Es que ese circo fue el Lowandy, y la elefante Yeni.

Literalmente me temblaron las piernas, la tristeza no sé a qué nivel de conciencia se mudó. Entré a contactos de Lucas Casanova, le escribí contándole que Yeni está enterrada en el museo de mi papá y que lo que ella despertó en mi querida Villa califica de: mágico.

La pantalla azul se apagó con la misma velocidad que se cerraron mis ojos. Desperté con la palpitación que nos toma cuando nos quedamos dormidos, tomé mi celular cuya luz titilaba avisándome que un mensaje sin leer me estaba esperando.

Lucas Casanova me había respondido!! Me propuso que le escriba contándole todo lo que sucedió con Yeni para regalárselo a la familia de Marina. Ella falleció hace unos años.

Lo que nació desde el centro de mis recuerdos:

Hola Lucas: Vivo en una pequeña ciudad argentina de la provincia de San Luis, su nombre es Villa Mercedes. En estas tierras, créeme, que pasan cosas raras. Cuando empieza a llover no para, si hablamos de fríos invernales no hay ciudad o lugar que nos gane. En días de calor dejas parte de tu ojota en el asfalto. Las palomas blancas y mensajeras no se mueven de los monumentos que nos recuerdan nuestra historia, y aunque sea difícil de imaginar también se murió un elefante. Es casi tan mágica como el soñado Macondo de García Márquez.

Quiero contarte como viví, siendo muy niña, la muerte de Yeni, la elefante del circo Lowandy. Mi versión está fundada en recuerdos. Es una gran anécdota, diríamos que literalmente, está enterrada en el patio de donde iba a hacer mi casa.

Ella murió después de pasar muchos días tristes, meses antes había fallecido quizás el gran amor de su vida (convengamos que no tuvo la opción de conocer a otro), su “domador”. La familia circense busco donde enterrarla, es lógico pensar que ninguna ciudad Argentina tiene por las dudas, un cementerio de elefantes en su planificación. Por lo que se la dejó con amor y respeto por parte del circo en el basural local.

Eran épocas donde no existían ni las redes sociales ni WhatsApp, sobró con la radio AM, para que se armara un mega operativo de rescate. Mi papá ofreció  su museo de carruajes tracción a sangre como lugar para enterrarla. Locutores, periodistas, comunicadores, invadieron los segundos de sus programas radiales, de sus diarios, de sus revistas, en buscar lo que se necesitaba para armar una despedida digna.

Una empresa constructora envió a su mejor conductor para que manejara una pala mecánica. Yo lo vi, yo doy fe, de que ese aparato inmenso se comportó como manos de neurocirujano. Levantó el cuerpo en descomposición y la depositó en un camión con una suavidad que nunca antes había visto. Un grupo de veterinarios, con la ayuda de personas en situación de calle que vivían en ese basural, la evisceraron para aliviar su peso y disminuir la contaminación. Ingenieros hicieron más de un cálculo para armar la fosa. Biólogos, bioquímicos, farmacéuticos, agrónomos, prepararon fórmulas magistrales, para que una vez en tierra, se pueda acelerar su descomposición sin que los huesos se vean afectados. Todos regalaron sus conocimientos y, lo más importante, su tiempo a la causa.

Recuerdo la caravana detrás del camión que la transportaba. Muchas cuadras donde se respiraba el amor, el respeto, el agradecimiento. Hicimos como caminos de hormigas de bicicletas, motos, autos, gente caminando, policía cortando las calles, bomberos asistiendo a las personas que se colgaban de la caja del camión para tocar su patita. Así de digno fue su entierro.

Me encantaría que la historia fuera diferente, que Yeni hubiera vivido en su habitat con su familia. Me duele que no haya tenido la posibilidad de morir caminando leguas en busca de un cementerio de elefantes. Su estatua nos recuerda que los humanos no debemos creernos superiores a nadie!, y que no tenemos derecho de robarle a ningún ser vivo la posibilidad de ser feliz siendo él mismo.

Con esta hermosa casualidad he comprobado empíricamente, lo que explico en mis clases, provenimos de un ancestro en común. Un cacho de ADN, Amor, o  quizás de Energía, como quieras llamarlo, que no se cansa de evolucionar!. Sino, ¿cómo se explica que vos estando en Noruega y yo Villa Mercedes, estemos unidos por un elefante?”

Me queda la tarea investigativa de descubrir si mi ciudad es mágica o sus habitantes están muy atentos a percibir los milagros diarios, y también la de entender porque me pasan este tipo de situaciones, mientras tanto me encargo de disfrutarlas.

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