Lunes, 14 Junio 2021

¿Dónde está Oesterheld?

Publicado el Martes, 27 Abril 2021 15:39 Escrito por Ministerio de Cultura de la Nacion - https://www.elhistoriador.com.ar/los-oesterheld-por-fernanda-nicolini-y-alicia-beltrami-fragmentos/ - https://www.bn.gov.ar/biblioteca/centros/historieta - https://revistaharoldo.com.ar/nota.php?id=271

Se cumplen 44 años de la desaparición de Héctor Germán Oesterheld. En esta nota Diego Agrimbau, Laura Fernández, Lautaro Fiszman y Federico Reggiani, escritores de historietas e intelectuales como él, recuerdan su vida y analizan la importancia de su obra.

El escritor de historietas Héctor Germán Oesterheld (HGO) nació el 23 de julio de 1919, pero no se sabe la fecha de su muerte. Uno de los “grupos de tareas” de la última dictadura cívico-militar en la Argentina lo secuestró el 27 de abril de 1977 en La Plata, Buenos Aires, poco tiempo después que hiciera lo mismo con sus cuatro hijas: Diana, Beatriz, Estela y Marina, con quienes compartía la militancia en Montoneros. Nunca apareció su cuerpo.

La Dictadura lo desapareció, pero su espíritu humanista y su obra como guionista de comics, editor y narrador lo convirtieron en una figura tan mítica como su personaje más conocido, El Eternauta.

Graduado en Geología, HGO fundó en 1956, junto con su hermano Jorge, la Editorial Frontera y, a partir de allí, nacieron cómics como Bull Rocket y Sargento Kirk que empezaron a darle prestigio. Más tarde publicaron la revista Hora Cero, con la que llegaron otros personajes inolvidables como el corresponsal de la Segunda Guerra Mundial, Ernie Pike y, luego, Juan Salvo de El Eternauta, dibujado por el genial Francisco Solano López.

Esta historieta es considerada aún hoy una de las más importantes de Latinoamérica. Su edición 2015 para Estados Unidos obtuvo uno de los Premios Eisner, por ejemplo, e incluso, la plataforma internacional Netflix anunció a principios de 2020 que la convertirá en una serie que se transmitirá para todo el mundo.

Indiscutido padre de la historieta moderna argentina, las y los autores de este lenguaje artístico y literario siguen analizando sus trabajos y reivindicando su valor. “HGO es la piedra fundacional de la historieta nacional y de la ciencia ficción argentina”, dice sin exagerar Diego Agrimbau, escritor él mismo de una veintena de premiadas novelas gráficas y grandes comics como Diagnósticos El Humano. “Es una figura que respalda a todos los que vinimos después y que hacemos un trabajo donde él fue pionero. Para mí es el maestro de mis maestros, con los que sí tuve contacto, como Carlos Trillo, Juan Sasturain o Ricardo Barreiro. Es una figura mítica, un enorme mártir de la historieta argentina y de la cultura popular en general”.

Lautaro Fiszman es historietista, pintor e ilustrador, discípulo además del maestro Alberto Breccia, otra de las geniales parejas artísticas de Oesterheld. Lautaro tiene publicado Barro y Sangre y Nuda Vida, dos libros de historieta profundamente sensibles que denuncian el horror de la guerra.

Para él, HGO directamente transformó la historieta: “Empezó a crear historias complejas, profundas con personajes que son también complejos y profundos y trajo la aventura para acá. Demostró que una invasión extraterrestre se puede dar en la Argentina, que la ciencia ficción no es patrimonio de Estados Unidos o de Europa, como si además de ser los dueños del mundo real, tuvieran que ser también los dueños de los mundos imaginarios; que acá se escribe y se hace la historia. Seguro que a los pibes que leyeron El Eternauta en año 1958 o 1959 les partió la cabeza. Me imagino la emoción de leer el combate en la cancha de River, y además con los dibujos de Solano López que fue quien mejor dibujó Buenos Aires”.Es esta adaptación de la ciencia ficción a lo vernáculo lo que también reivindican muchos investigadores y escritores. Para Federico Reggiani, crítico y guionista también de muy buenos cómics que se pueden leer en la revista Fierro, como Vitamina PotenciaTristeza Patria, HGO fue “sin dudas” central para el género literario en nuestro país. “No sólo por sus propias historietas, sino porque participó en Más Allá, la primera o una de las primeras revistas de ciencia ficción nativas, de la que hay versiones que indican que fue su director. La ciencia ficción era el género justo para alguien como él, que tenía intereses literarios y al mismo tiempo una formación científica. Pero además adaptó esos relatos, básicamente de origen anglosajón, a nuestra tradición. No sólo por lo más visible (las historias que ocurren en Argentina, lo que ya era bastante novedoso) sino a cierta idiosincrasia local. Esos amigos que se buscan roña, ese modo de resolver los problemas improvisando, me parece que son muy locales”.

HGO no fue entonces un guionista de historietas a secas, sino un escritor de ciencia ficción con intereses profundamente empáticos. “Fue uno de los primeros en tomarse la historieta en serio como un lenguaje con potencialidades, y no como un mero divertimento para gente que no podía leer libros. Y de hecho, no se me ocurren muchas historietas en cualquier lugar del mundo que en los años 50’s y 60’s tengan la densidad novelística de El Eternauta, de Ticonderoga o de Mort Cinder”.

Esa consistencia literaria y madura no nació con El Eternauta. Agrimbau destaca Sherlock Time, el primer trabajo conjunto entre Breccia y HGO. “Es previo a sus grandes obras como Mort Cinder o El Eternauta, pero es la primera vez donde aparece una escritura moderna de guiones de historieta a nivel mundial. Nadie escribía así a fines de los 50's. Un adelantado absoluto. A mi entender es el primer historietista que escribe para adultos, o para jóvenes, pero sin tratarlos como niños inocentes a los que había que preservar del mundo real. En las historias de Oesterheld hay misterio, humanismo y aventuras, pero también violencia, guerras, sufrimiento. HGO no mentía, él mismo las advertía como ‘recomendadas para mayores de 14 años’, pero las leían todos los niños de la época. Y les cambió la vida para siempre”.Laura Fernández es ilustradora, escritora de novelas gráficas y además analizó una década de la obra de HGO en su libro “Historieta y resistencia. Arte y política en Oesterheld (1968-1978)”. Para Fernández, el aporte más significativo de Oesterheld en la historieta argentina es el de ubicar ‘el domicilio de la Aventura’, como dice Juan Sasturain, “en escenarios locales, reconocibles para les lectores”. “A nivel internacional, hay una particularidad que ofrece Héctor -en especial en la segunda parte de El Eternauta y en La Guerra de los Antartes publicada en el diario Noticias-, que es la discusión antimperialista desde América Latina y las analogías con la violenta vida política de aquellos años”, ensaya como respuesta a la pregunta sobre la relevancia mundial de HGO.

Nuestros héroes

Aparecida, por primera vez en 1957 con dibujos de Solano López, la historia de El Eternauta tuvo decenas de lecturas e interpretaciones. Se trata del relato de un hombre común, Juan Salvo, que lucha en Buenos Aires contra una invasión alienígena comandada por los “Ellos” y que comienza con una nevada mortal: las personas mueren al ser tocadas por una especie de nieve venenosa. La segunda versión se publica en 1969, esta vez con ilustraciones más experimentales de Alberto Breccia y un guion más comprometido. En los textos de Oesterheld se van revelando cada vez más sus posiciones políticas y sociales. Personajes ni buenos ni malos, sino intricados como todos los humanos. Y héroes que no nacen, sino que se hacen ante situaciones límites; muy distintos a los “superhéroes” que proponen las marcas registradas norteamericanas de Marvel o DC.

¿Qué diferencia a nuestros héroes de los de ellos? Para Reggiani, en esos universos comerciales “se apela a cierto carácter ‘más que humano’ de los personajes. “Es una perogrullada de mi parte, porque obviamente se trata de superhéroes. Pero aún los personajes sin superpoderes son ‘especiales’. Y otra cosa que me parece que es particular es la relación con el Estado. En la ciencia ficción norteamericana el Estado hace cosas: tiene agencias, organiza expediciones, rompe asteroides. A veces puede perseguir a los héroes, pero en cualquier caso es un agente del relato. En El Eternauta, del Estado quedan unos pocos soldados que cometen más errores que otra cosa. Hay un artículo de Borges que define bien eso, ‘Nuestro pobre individualismo’. Borges (con un ojo puesto en el avance del fascismo y el comunismo) dice que cierto carácter anárquico de los argentinos puede ser una barrera porque nosotros consideramos que la amistad es una institución y la policía una mafia. Y el Estado una abstracción. En la ciencia ficción de HGO tenemos gente de a pie haciendo lo que puede”.“Una característica que siempre se enfatiza en HGO es la del ‘humanismo’, que no es ni más ni menos que dotar de profundidad la construcción de los personajes, evitar el estereotipo", explica por su parte Laura Fernández y agrega: “Otro aspecto que él mismo se ocupó de posicionar es la construcción del "héroe colectivo", aunque es una postura más ideológica que narrativa, creo yo, porque en lo que respecta a sus relatos siempre se puede distinguir cierta jerarquía heroica. No obstante, es un lindo concepto que él mismo propuso para pensar su obra”.

“Es evidente que no hay un ‘héroe’ tan definido como se veía en otras historietas de la época, pero a veces nos olvidamos de que El Eternauta (en la primera parte) es el relato trágico de una derrota. No sé si se salva alguien, por más colectivo que sea”, dice a su vez Reggiani. “La segunda parte, que a mí me parece excelente y está muy tenida a menos, es el relato trágico de una victoria, lo que es muy sutil, pero ya estamos en otra época”.

¿Hay entonces un antes y un después de la militancia dentro de la obra de HGO? “Sí, claro. –afirma Fernández- Igual la militancia fue un paso más dentro de un proceso paulatino de preocupación sociopolítica que HGO ya venía delineando desde el principio, pero más explícitamente desde 1968 con la historieta Vida del Che. La militancia solo enfatizó y le dió un marco discursivo a esa poética estético-política que él venía construyendo”.

Canon y mito

Tanto Reggiani como Fernández explican que la historieta no es un género sino un lenguaje que dialoga con otras narrativas. La obra de HGO no debería ser parte del canon literario, pero sin embargo es reconocida por la Cultura con mayúscula.El Eternauta se incluyó en campañas de lectura en las escuelas, convirtiéndose así en la puerta de entrada a la literatura de muchos adolescentes. Al mismo tiempo, Juan Salvo es un ícono popular inscripto en muros y calles del país para simbolizar la lucha y la resistencia.“El Eternauta es una maravilla y una rareza. El lugar en cualquier canon lo tiene bien ganado. Pero la calidad no basta”, opina Reggiani. “La historieta argentina ha dado obras extraordinarias (las historietas de José Muñoz y Carlos Sampayo, por dar el ejemplo más notable) que no terminan de encontrar su lugar en el mundo de la ‘alta cultura’ argentina. Habría que pensar otras causas: por un lado, desde los años 60’s hay un borrado de los límites entre artes mayores y artes menores (un proceso que curiosamente viene en buena medida "desde arriba", desde el trabajo de intelectuales, a veces muy refinados). Hace años ya que se fue cimentando la posición de El Eternauta ahí, desde encuestas a escritores que lo nombraban hasta que Ricardo Piglia lo incluyó en una colección de literatura argentina que publicó el diario Clarín. Después, la militancia de HGO y su final espantoso colaboran para que sea reconocido como parte del canon literario, sobre todo en un momento en que lo político parece tener más peso que lo estrictamente literario para abrir esas puertas. Y finalmente, la escuela canoniza”, cierra.

Para Fernández, la mitificación de El Eternauta fue proceso largo y complejo que está necesariamente vinculado al propio HGO. “Un momento clave es cuando se empieza a visibilizar la desaparición de Héctor en muy pocos medios en los últimos años de la dictadura (fundamentalmente, en los artículos que Sasturain escribe en Clarín) y, muy especialmente, en el número especial de la revista Feriado Nacional (1983) que tiene aquella tapa icónica dibujada por Félix Saborido. En ese mismo número se publica el testimonio de Eduardo Arias, sobreviviente de la dictadura, que es muy fuerte como relato de época sobre el destino de los desaparecidos y de HGO, en particular; también, algunos textos de ficción en los que Sasturain, apela a los personajes oesterhelianos para interpelar sobre el destino de su autor. Hay luego un proceso discursivo durante los 80’s y principios de los 90’s, en el cual la revista Fierro tuvo un rol importantísimo”.

La crisis del 2001 –con los movimientos sociales a cargo de importantes procesos de cambio– es otro momento importante en la construcción del mito HGO-Eternauta. “Dando un gran salto –explica Laura Fernández– el otro gran punto de inflexión en la construcción mítica de El Eternauta es con el Nestornauta, que sintetiza sentidos que se venían desarrollando hacía muchos años desde sectores populares. Esto se puede ver en todo el arte callejero post 2001 que utilizaba la imagen del Eternauta como consigna de resistencia al capitalismo y actualización de los vocablos revolucionarios, recuperando también el horizonte militante de la figura de Héctor (que había estado bastante invisibilizado hasta los 90’s)”.

Hoy, en tiempos que parecen a veces salidos de la ciencia ficción, la figura de Oesterheld y sus héroes colectivos adquieren nuevos sentidos. La lectura de sus libros se vuelve necesaria otra vez. “Nunca más la historieta es la misma después de Oesterheld”, advierte por su parte Fiszman. Y agrega: “La transforma en un lugar donde además de poder disfrutar de leer y emocionarte, sus historias nos interpelan a nosotras y nosotros mismos. En su relatos, más allá del tiempo o el lugar donde transcurran siempre está presente la denuncia de la injusticia, el esfuerzo por ser mejores, más solidarios, más comprometidos, la necesidad de construir un mundo más justo”.

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