Miércoles, 30 Noviembre 2022

Derribar los muros

Publicado el Martes, 25 Octubre 2022 20:14 Escrito por Iván Ojeda

“Se achica el mundo, más quien iba a creer que fuéramos tú, yo, hermanos, el futuro ya se ve, se puede hasta tocar, soplando con los vientos nuevos/ Llévame a la magia del momento de la gloria donde los niños del mañana soñarán los cambios que vendrán.

“Vientos de cambio”. Scorpions, banda de hard rock y heavy metal

-¡Se mueve por los pueblos pidiéndoles que le comuniquen sus sufrimientos y quejas, y transfigura las imaginaciones de masas de hombres ignorantes con visiones de un temprano milenio! -se quejaban de Gandhi los Británicos al Virrey de la India.
-¡Hay que terminar con el pretexto de la legitimidad, porque todas las personas son merecedoras de tener esperanza! –decía Martin L. King en el auditorio de una Iglesia.
Uno, luchaba por la independencia de su País; el otro, por los derechos civiles de los negros.

Si la caída del Muro de Berlín demostró que la fuerza multitudinaria del amor de la gente puede derribar el muro de odio que separa a los Pueblos, éstos despiertan y se liberan de las cadenas del engaño y la mentira; no necesitan de la violencia, porque desde que nace esa conciencia, son absolutamente libres.
Necesitamos la autoconfianza de que somos capaces de sacarnos la venda del odio y la confrontación. Una venda que nos impide vernos como Pueblo en el mismo barco. Necesitamos mirarnos para descubrir que somos nosotros, no los extraños, los artífices de nuestro destino, más allá de compatriotas que nos ven y tratan como extraños.

Nosotros, lo no privilegiados, los que pertenecemos y no pertenecemos a cualquier idea política, a cualquier organización social o a ninguna, que marchamos o acampamos, que no marchamos ni acampamos, que saben de nuestros reclamos autoridades y sindicatos, y que muchas veces no somos ni recibidos ni escuchados; con un trabajo formal que no alcanza, o sin trabajo, o con un Plan, pero informalmente trabajando; con jubilaciones para morir y no para vivir; que deseamos soñar y progresar, pero no podemos soñar ni progresar; que queremos participar, y los de siempre no nos dejan, quitándonos la esperanza.

Los no privilegiados del Pueblo Argentino no queremos más la desigualdad económica, la anomia judicial, la desprotección de la salud y el abandono educativo, los arreglos internacionales a espaldas, las obras públicas sin priorizar el trabajo genuino y viviendas, los discursos de unidad frente a la inacción, cuando necesitamos caminos claros hacia la estabilidad, un salario justo por encima de la inflación y representantes veraces. No hay pretexto de legitimidad para la crisis.

Este egoísmo presente, impávido e indiferente, mostrado y hablado, ostentoso y burlesco en nuestras narices por los Grupos del Poder Económico, nos obliga a “exigir, reclamar, pedir y presionar, con acciones pacíficas pero contundentes, para que el Gobierno accione frente al engaño, a las amenazas y al miedo”. Pero sin dar lugar a la exclusión, a la represión y a la judicialización de la protesta.

Queremos igualdad y unidad. Transparencia y libertad. Pero ¿De qué unidad hablamos cuando las organizaciones sociales, los sindicatos y los grupos políticos del gobierno y de la oposición están cada uno por su lado? ¿De qué libertad cuando estamos a merced del desempleo, la inflación y la escandalosa remarcación de precios? Si estamos a merced de otros, llámense FMI, Grupos Económicos, Monopolios Mediáticos, Gobernantes, Políticos y sindicalistas oportunistas, que mienten y engañan, no hay libertad.

Estar en esa cárcel invisible pero real que es el engaño, no es libertad. Y sabemos que la libertad nunca es otorgada voluntariamente por quien oprime, por quien saca beneficios de esa situación de dependencia. Nos hacen creer que somos libres y hasta que participamos, pero no es real.

Este gobierno tiene un mandato popular, pero al igual que algunas provincias, tienen un doble discurso popular que también es un engaño, porque no demuestra en los hechos preocupación prioritaria por lo que vive la población. No se gobierna con paliativos como los bonos de emergencia, precios cuidados por determinado tiempo, esperar pagarle al FMI para salir de la crisis, etc., cuando no se toman sólidas decisiones soberanas que estabilicen la Economía y protejan al Pueblo. Tampoco es justo que se tomen compromisos usurarios con el extranjero por una deuda ilegítima, a costa del trabajo de los argentinos y en nombre de una política de estabilidad para el mercado financiero y moderación con la oposición. No hay determinación soberana con los causantes de la crisis.

Nuestro reclamo es del sentido común. Las dificultades ante un gobierno que dice una cosa y hace otra, no pueden impedirnos llegar a la conciencia de que es necesario organizarnos, para que se tomen las medidas necesarias.

Para que lo justo sea posible, hay que presionar; insistentemente, confiando en lo mejor de la Naturaleza humana. Ello no significa aceptar promesas incumplidas y desatender exigencias que también incluyen a los que nos oprimen. Pero, si no son capaces de confiar en la gente y cumplir con ella, significa que no desistirán de sus políticas y serán mezquinos, tal vez hasta la violencia; pero se puede demostrar, a estos grupos de poder, gobierno y oposición, que la población unida tiene la fuerza suficiente para persistir hasta el convencimiento, hasta cambiarles el rumbo y sacarlos del manto de obscuridad que los envuelve.

Podemos, igualmente, estar multitudinariamente decididos a la paciencia de soportar, pero nunca aceptar el desencuentro; podemos insistir con la honesta perseverancia de que las cosas pueden ser distintas, pero también en hacerles saber que cualquier resistencia a lo que es justo, será contraproducente. Pediremos fuerzas para seguir, pero no para parar.

Las acciones u omisiones injustas para los pueblos, producen inseguridad y desamparo. Las personas, despojadas de opciones y de sus derechos, se ven tentadas a la violencia y a la desesperación. Pero no se soluciona nada con violencia, porque la violencia crea más problemas de los que resuelve. Los problemas reales son económicos y sociales. Por ello en primer lugar tiene que haber justicia económica y social. Y unidad de todos los sectores progresistas. Unidad de la población por encima de los acuerdos de la dirigencia. Salir del encorsetamiento costumbrista legal y mediático. Romper con las falsas opciones. Construir un acuerdo más social que político, y no permitir el abuso disfrazado de democracia y la intolerancia al diálogo.

La fuerza del corazón, de la razón y de la buena voluntad, son las únicas herramientas eficaces cuando somos interpelados por la verdad y la necesidad de ir tras ella con lucha y realizaciones. Pero hay que creer y confiar en nosotros mismos. Seguir en la obscuridad de la cobardía y de la impotencia, no saca a nadie de la obscuridad. Sólo la conciencia de estar en lo correcto nos lleva a la persistencia de lograr lo que nos propongamos.

Los políticos ya están pensando en su reelección en lugar de salir de la crisis. ¿Seguiremos con los que engañan, los que eligen a dedo, los que propugnan la violencia, el desprecio a sus semejantes por las ideas, los antidemocráticos, los autoritarios, los de recetas economicistas, los que no sienten el valor de la vida, los que no escuchan el clamor de las personas? Sin hechos, no hay credibilidad ni cambio posible; pero tal vez haya que transfigurar las imaginaciones de las masas con visiones de un temprano milenio.

“Entre el amor y el odio/ Está la línea del perdón/ Cruzarla significa darle vida a esta pasión/ Y aunque el orgullo a veces/ Pueda más que la razón/ Y aunque el alma se encierre/ Para que entre el amor/ Entre el amor y el odio/ Yo me enamoro más de ti/ Como dos sentimientos tan distintos/ Viven hoy dentro de mi” .

(Ángel López)

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