Lunes, 18 Octubre 2021

Mirar con los ojos de Berni. A 40 años de su desaparición

Publicado el Miércoles, 13 Octubre 2021 11:17 Escrito por

Pintor, muralista y grabador, hijo de inmigrantes.  Se volvió célebre por sus inmensos óleos sobre los desamparados. Juanito y Ramona son sus dos creaciones más conocidas.

Pocos retrataron la pobreza y la marginalidad como él. En algún sentido, se puede decir que Antonio Berni, que murió el 13 de octubre de 1981 –hace 40 años-, es el pintor de la argentinidad que sufre.

Ojos azorados, pieles rústicas en rostros desesperados, Desocupados y Manifestación son, quizás, los cuadros más conocidos de Antonio Berni pero también las muchas representaciones de Juanito Laguna, “el chico pobre que no es un pobre chico” y de Ramona Montiel, la muchacha de tierra adentro que se obnubila con el brillo de la gran ciudad. Todos ellos nos miran desde una sala del Malba o del Bellas Artes, para recordarnos que existen.

Se dice que los artistas siguen vivos en sus obras. Si un artista pinta “algo”, un concepto que denuncia una realidad que permanece y se renueva en cada niño, en cada hombre y en cada mujer, en cada nuevo Juanito y en cada nueva Ramona, ¿cuánto más se cumple esa premisa?

Nacido en la ciudad de Rosario el 14 de mayo de 1905, la obra de Berni es única y singular. Pintor, grabador y muralista, miembro de la Academia Nacional de Bellas Artes, su estilo y sus personajes trascendieron las fronteras del arte para convertirse en íconos de la marginalidad de nuestro país.

Juanito y Ramona

Juanito Laguna está inspirado en un niño, hijo de un trabajador metalúrgico, que vive en un barrio humilde y que pasa mucho tiempo en la calle. “Un chico pobre pero no un pobre chico”, según su creador. Ya que “no es un vencido por las circunstancias sino un ser lleno de vida y esperanza que supera su miseria circunstancial porque intuye vivir en un mundo cargado de porvenir”.

Ramona Montiel surge en París, a partir de 1962. Es la típica chica de barrio que, cansada de ser pobre, se traslada a la gran ciudad y, seducida por falsas promesas, abandona su trabajo de costurera y termina dedicándose a la prostitución.

Para componer el personaje, Berni se inspiró en las coristas de los cabarets parisinos de la Belle Époque. Se metió en los Mercados de Pulgas y buscó materiales como encajes, puntillas, lentejuelas, cintas de raso y cordones de pasamanería que usaban las mujeres en esa época, en Francia.    

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