Martes, 02 Marzo 2021
Martes, 23 Febrero 2021 19:50

Me gustaría mostrar como, en cuatro simples pasos, se inventa y amplifica una noticia falsa; lo que usualmente se llama fake news. Protagonizado por periodistas militantes -como alguna vez dijeron, practicando "periodismo de guerra"- queda claro que no les importa informar ni compartir análisis sino generar el mayor daño posible al gobierno.

A partir de un hecho real, lamentable, repudiable y vergonzoso, el de los vacunados con privilegios, ante el cual el presidente actuó con celeridad e inflexibilidad, estos periodistas al servicio de la oposición se esfuerzan en mantener en la agenda pública un tema que ya debería haberse agotado con el pedido de renuncia, las disculpas de Verbitzky y traerlo a los portales y pantallas en función de los avances que vaya teniendo algunas de las denuncias que se radicaron en función del desvío.

El operativo empieza cuando en La Nación +,  el periodista Javier Lanari planta la semilla. Dice que Ginés González García habría dicho (fundamental el condicional) “Si yo llego a abrir la boca, se cae este gobierno”. 

El segundo paso es imprimir la frase en el zócalo de la pantalla para que alguien le haga captura y se viralice en las redes (principalmente en Twitter, por su efervescencia). Es de notar lo poco que dura el graph con esa supuesta declaración, unos pocos segundos.

Alguien recoge la captura, la publica y prende la chispa de la indignación. La operación está en marcha y se completa con el hastag #AbríLaBocaGinés.

¿Cómo se acelera el proceso? Cuando un editor de política de Clarín y un tuitero con miles de seguidores (más de 100k) comparten tu contenido.

 La rueda ya está dando vueltas, pero para imprimirle velocidad, un tercer periodista, en este caso Beto Valdez, da cuenta en su Twitter de la supuesta declaración; y el que lanzó la primera piedra lo cita (a Valdez) en lo que se constituye una cita de la cita que le proporciona una pátina de legitimidad a la farsa.

 

Miércoles, 03 Febrero 2021 11:33

Un buen recuerdo

Por Oraldo Britos

Los años a veces influyen con fuerza sobre nuestros pensamientos conformados en nuestra juventud y buscan dar respuestas a los distintos problemas que la vida nos plantea, y que aquellos que de alguna manera supimos comprometernos, debemos aún con muchos años colaborar con nuestra experiencia acercando no solo preocupaciones, sino los valores que la vida nos ofreció y supimos disfrutar gracias al bien común, que en mi caso se dio con toda la comunidad puntana, dejando de lado ideologías o credos religiosos, convencidos y persuadidos de una frase trascendente que decía: “Somos una parte importante de la sociedad, pero no somos todos”.

No solo deseo ocuparme del difícil y grave problema que significa la pandemia que no solamente destruye la salud de millones de ciudadanos en el mundo, sino que también termina con nuestros sueños y en especial deja sin ningún tipo de defensa a los más humildes. Debo confesar de que no he podido escapar a los distintos comentarios sobre este virus que debemos soportar, sino que también escuchar a todos aquellos que se han convertido en biólogos expresando con absoluta irresponsabilidad, su sentido común, cuando todos sabemos que miles de infectólogos buscan valientemente poder encontrar la solución definitiva para derrotar a este enemigo de la humanidad.

En lo que podríamos decir que es mi escritorio, puedo destacar un viejo baúl donde atesoro libros, diarios, folletos, fotos, recuerdos en especial de los pueblos de mi querida provincia puntana, y también naturalmente todo lo concerniente a mi Villa Mercedes.

 Entre mis papeles me encuentro que cuando finalizaba el siglo diecinueve, y el General Julio Roca organizaba su cuestionada campaña al desierto designando al Coronel Racedo para hacerse cargo de la columna de la región de San Luis, y decidió convocar a un médico francés que había conocido en París mientras hacía un curso en su grado de Coronel del Ejército Argentino.

 Se trataba del doctor Juan Bautista Benjamín Dupont, médico civil y militar, terrateniente, empresario y emprendedor, y además a pesar que la Revolución Francesa en 1789 había terminado con la nobleza, Dupont ostentaba el título nobiliario de Barón de Chessat. Había nacido el 18 de agosto de 1851, en un pequeño pueblo del sudeste de Francia, completó sus estudios secundarios en el Liceo Imperial de Limoges, ingresó a la Facultad de Medicina de París, justo cuando Napoleón marcaba aquellos años de estrecheces para todas las clases sociales.

 Antes de los 20 años había sido nombrado Caballero de la Legión de Honor por su actuación en la guerra franco-prusiana, prestando servicio en el campo de la medicina. Fue entonces que presentó su tesis sobre: “Heridas con armas de fuego”.

Condecorado por la Legión de Honor de Francia y otras órdenes de mérito, honrado por concurso con varias medallas por trabajos científicos en Europa, Miembro de la Academia de Medicina de Río de Janeiro, de la Sociedad Francesa de Higiene y de otras Sociedades Científicas de Europa y de América.

 A Villa Mercedes llegó el 17 de setiembre de 1875, cuando también llegaba el ferrocarril Andino de Río Cuarto, incorporándose como médico cirujano a la Guarnición de la Frontera Sud de San Luis que estaba a cargo del Coronel Racedo en la conquista del desierto, radicándose y prestando servicio no solo a los integrantes de la fuerza militar sino también a los civiles, adquiriendo un gran prestigio en su profesión, integrándose a la vida social de la pequeña Villa.

 En 1878 contrajo enlace con María Menvielle conformando una familia ejemplar y reconocida por el vecindario, al que les va mostrando y enseñando el tratamiento de una futura tierra productiva en hortalizas y legumbres, mientras convocaba a realizar un censo que marcó la presencia de 4.549 pobladores, con marcado crecimiento desde la llegada del ferrocarril en 1875.

 El 9 de noviembre de 1880 colaboró durante la gestión de Ardiles para adquirir la casa Municipal ubicada en la calle Belgrano casi Potosí que había sido la antigua residencia de la familia de don Pedro Homaeche.

 El 1° de agosto de 1881 se incorporan los Concejales Rufino Barreiro y Jerónimo Ramallo, no lo hace el Dr. Benjamín Dupont que también había sido electo en Villa Mercedes, aunque recién se incorpora el 6 de octubre de ese año hasta 1886, caracterizándose por su empeño en la plantación masiva de árboles, siendo su mayor preocupación la preservación de la salud pública, el mejoramiento edilicio de la Villa, el trabajo y riego de las quintas, chacras y huertas familiares.

 Es de destacar que estableció la vacunación obligatoria de todos los habitantes, preveía riesgos de contagios en la salud de la población por cuanto distintos virus se habían afincado en el país desde la fiebre amarilla en la década del 70 en la ciudad de Buenos Aires, el cólera, la viruela, la desnutrición en la niñez etc., como complemento controlaba la higiene en las viviendas, eliminaba los charcos y pantanos de las calles y retiraba sus basuras cuidaba la forestación de plazas y paseos y hacía llegar el agua de riego a todos los terrenos donde se cultivaban hortalizas y frutas que eran base de alimentación de la población.

 El Dr. Benjamín Dupont, revalidó su título en la Universidad de Córdoba y prestó su concurso en las epidemias de cólera y viruela, siendo mencionado como benefactor, publicó algunos trabajos en revistas médicas y geográficas y propició la fundación de diversas asociaciones de asistencia social, como ser Patronato de la Infancia y el Asilo de Mendigos, etc.

Estamos los puntanos cumpliendo 140 años de este trascendente e histórico hecho, donde un profesional galo supo velar por la salud de la población de una humilde Villa, no solo nos corresponde imitar ese ejemplo, sino también sumarnos a la honrosa tarea a la cual están abocados los profesionales de la salud, médicos, enfermeras, mucamas, personal de servicio, choferes de ambulancias, etc. y ser juntos a Dios solidarios con el dolor que sufren aquellos que perdieron a sus seres queridos.

 Villa Mercedes, San Luis, 27 de enero de 2021

Lunes, 18 Enero 2021 12:16

En "Cien años de soledad", en el pueblo de Macondo un día acontece una tragedia, una peste se instala en el poblado. Esta peste era mas que peculiar: se trataba del insomnio.

Mientras el insomnio avanza, Aureliano Buendía cae en la cuenta que hay un síntoma más perverso en la peste. Las personas afectadas por el insomnio van perdiendo los recuerdos. Aureliano Buendía, como el sabio del pueblo, comienza a tomar medidas. Comienza a poner carteles a las cosas:

  • Esto es una mesa
  • Una silla
  • Una botella....

Aureliano ve que la peste avanza...

Que la desmemoria puede agravarse.

Comienza a poner carteles en la vía pública... esto es una vaca... por la mañana se la ordeña... se hierve la leche... se la mezcla con café... y se toma café con leche....

Esto que ocurrió en Macondo puede ocurrir en nuestro pueblo. Podemos ser afectados por la peste del desrecuerdo, de la desmemoria...

Debiéramos entonces como Aureliano Buendía salir a colocar carteles.

Esto es una escuela publica, acá se estudia. Se deben crear muchas escuelas públicas... esto es una universidad pública, aquí se reciben médicos e ingenieros gratuitamente...

Esto es un hospital público, aquí se atiende gratuitamente a los enfermos... Esto es el ANSES... aquí se reciben pensiones y jubilaciones...y se trata con respeto al jubilado...

Éste es el Ministerio de Cultura, éste otro del Trabajo, aquel, el de Educación, y el de más allá es de Ciencia y Tecnología. Los ministerios no deben cerrarse ni ser meras Secretarías. En ellos deben garantizarse los derechos de la gente.

Aquí no se hacen negocios...

Habrá que salir a poner carteles... para que no perdamos la memoria y la derecha no vuelva nunca más.

Calle Angosta | Periódico Digital. Publicación digital con artículos de interés en diversas temáticas, con selección de textos, imágenes, audios y vídeos.

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