Sábado, 19 Septiembre 2020
Domingo, 19 Julio 2020 12:05

A veces encontramos similitudes entre lo que sucede en la política nacional y en lo local. Uno busca encontrar  las situaciones de transcendencia que se repiten en los distintos procesos políticos. Las diferencias entre los hechos políticos que ocurren en la Nación y nuestra ciudad son evidentes. Pero las similitudes a veces no lo son. Creemos que los embates sufridos por los oficialismos en estos dos casos pueden ser vistos como “fuego amigo” o provenientes de sectores internos de los mismos.

En el plano nacional, son moneda corriente los cuestionamientos no solo del sector opositor sino de propios sectores internos del Frente de Todos al acercamiento del presidente a Larreta o la foto del 9 de julio con las cámaras argentinas del empresariado. Es que la sapiencia de Alberto Fernández para conducir los destinos políticos del mencionado frente que representa, choca con algunos “compañeros” que lo corren por izquierda y derecha.

En Villa Mercedes, también el oficialismo justicialista tuvo su capítulo de “fuego amigo”, luego que a raíz de la convocatoria y movilización del Partido Justicialista provincial en voz del propio Alberto Rodriguez Saá quién se tomó un descanso de la lucha sanitaria por la pandemia y se puso al frente de la herramienta electoral del proyecto político que conduce. La movilización del peronismo provincial es indudable como motivación principal para la decisión de convocar a una afiliación masiva y convocatoria a elecciones internas lo que supuso movimientos internos en todo el territorio provincial.

En nuestra ciudad, en respuesta a tal convocatoria, se  inició  una  simple ronda de reuniones organizada en la Sede Partidaria el pasado viernes 10 de Julio con legisladores , autoridades partidarias y agrupaciones que devino en una deficiencia organizativa que impactó negativamente en la militancia ajena a los círculos de “notables” que organizaron la misma. Estos enojos contrastan con lo esperado por un movimiento político caracterizado por el compromiso militante, por lo que en San Luis estas situaciones no son vistas con buenos ojos. Paralelamente existió también una campaña vía redes sociales que buscó embarrar la cancha. Lo más llamativo no es el accionar en redes, sino su alcance. Una simple foto y un texto de tres renglones pusieron a la conducción local del partido justicialista en situación de alarma. Para muestras sobra un botón decía mi abuela.

Ante esto, igualmente las reuniones se continuaron realizando pero el ánimo ya no es el mismo. Varios dirigentes han experimentado en carne propia la dificultad que implica conducir y contener las infinitas divergencias que contiene el partido Justicialista. Nadie dijo que fuera fa cil, lo que parece sí haber sucedido es que varios consideran que la acción política es como una campaña permanente. No hay que equivocarse. Al momento de la campaña todo lo que sucede está planificado y cuidadosamente ejecutado, ell dirigente cuenta con el apoyo de la maquinaria publicitaria de partido a la vez que es el “bendecido” y solo recibe loas y reconocimiento. Detrás, el ejercito de peronistas, que si bien cuestionan y discuten, en el momento electoral, apoyan y militan para que ese dirigente llegue. Ahora estamos en otra etapa. Un poco más complicada y difícil . La etapa en la que la masa militante de los espacios políticos necesita que el dirigente conduzca. Para que ese proyecto prometido en la campaña se cristalice. Quienes son los que deben asumir este desafío?

Carlos Ponce, Maximiliano Frontera y Eduardo Monez Ruiz son en estos momentos, si analizamos sus respectivas representatividades institucionales y políticas, los referentes del justicialismo mercedino. Son los responsables que  este proceso de consolidación del partido justicialista, que es la representatividad del proyecto político de Alberto Rodriguez Saá en el pj local. Las internas surgidas del inédito año electoral pasado, no deberían condicionar la actual convivencia política entre ellos y algunos otros sectores con recuerdos latentes acerca de estas elecciones pasadas. Vemos que estas situaciones aún no han sido superadas por algunos dirigentes. A propósito de esto, de golpe y  con unas simples declaraciones, la diputada Anabela Lucero se subió al ring y comenzó a lanzar críticas y cuestionamiento a toda la dirigencia local. La torpeza política de la novel dirigente es casi tan alarmante como la supuesta ignorancia que manifiesta la dirigencia mercedina acerca de cuál es la mano que la sostiene y protege.

Los conflictos internos para algunos sirven y hasta ven al “fuego amigo” como necesario. Como establece la máxima peronista ”Cuando dicen que nos estamos peleando es que en realidad nos estamos reproduciendo”, pero mirando los últimos desempeños electorales del peronismo mercedino, esta afirmación no parece encajar a esta coyuntura. Elección tras elección la merma del caudal de votos ha sido evidente, lo que nos anima a afirmar que si las internas solo se producen  en redes sociales o  medios de comunicación, se tergiversa el rol real del político y de los partidos políticos. Un resultado adverso del espacio en las legislativas de 2021 condicionaría de manera preocupante al oficialismo provincial de cara a las elecciones de 2023.

Jueves, 23 Enero 2020 11:32

Seguramente todos los que practicamos alguna vez este deporte estamos reflexionando acerca de los hechos que son de público conocimiento y que han puesto de manifiesto las miserias de nuestra sociedad y particularmente, a una práctica deportiva como factor principal del lamentable hecho al que estamos haciendo referencia.

Entonces podemos considerar que más allá de las particulares características del deporte,  es otro condimento que hace detonar todo; el elitismo, esto es, una minoría selecta y destacada en el ámbito social que se siente impune.

Villa mercedes no es ajena a este análisis. Por suerte, los mercedinos no hemos sido testigos de hechos tales como el sucedido en Villa Gesell. Incluso siendo el Mercedes Rugby el equipo más importante de la ciudad y a la vez de toda la provincia y la región. Sus logros deportivos lo colocan entre los equipos más importantes del país. Es decir que no vemos que en el caso particular de nuestra ciudad, el rugby no sea una práctica con un ingrediente clasista tan determinante. El origen de los clubes está relacionado más con grupos de dirigentes o ex jugadores que con colegios privados o barrios selectos.

El contenido racial no solo puede ser visto como negativo e incluso en difícil mantenerlo al margen respecto de la propia historia del Rugby a nivel mundial, pero no podemos desconocerlo.

Si analizamos algunos aspectos relevantes de este deporte, les recuerdo que en  el famoso campeonato de 1994 de Sudáfrica, el gran Nelson Mandela usó la guinda y el campeonato Mundial de Rugby de 1995 para unir a todo su país, que se entraba  dividido por alarmantes cuestiones raciales. Es más, en Nueva Zelanda, protagonista indiscutido del Rugby Mundial, el componente racial es clave: es reconocida la fortaleza física de sus jugadores, en gran mayoría  Maoríes, quienes en su propio país son una clase social pobre y relegada. Allí utilizan el deporte para la inclusión de los jóvenes marginados.

En nuestro país también su origen estuvo en algún modo construido en base a ser “diferentes” al resto. Lo popular, la “barbarie” siempre estuvo relacionado al fútbol, en tanto, el rugby fué en sus inicios solo practicado por “gente bien”. También el Hockey siguió este camino. Los colegios y clubes privados más caros y exclusivos  de nuestro país son protagonistas exclusivos de estas dos disciplinas deportivas. Solo basta mirar los campeonatos y los integrantes de los mismos. Nuevamente podemos afirmar que este hecho no se repite en nuestra ciudad. Qué bueno.

Lo alarmante entonces es ser testigo de lo que se ha convertido  a un deporte en gran parte de nuestro país: un potenciador de sentimientos clasistas de rechazo al otro. De desconocer al distinto. De no ser solidario con el postergado. De no entender que la patria es el otro. No resulta llamativo esto si consideramos que gran parte de los adultos de nuestra sociedad considera al otro como un enemigo. 

Lunes, 23 Septiembre 2019 17:04

En marzo de 1956, unos meses después de derrocar a Juan D. Perón, el gobierno de facto del general Pedro E. Aramburu dictó el decreto-ley 4.161. A partir de ese momento se prohibía “la utilización de las imágenes, símbolos, signos, expresiones significativas, doctrina artículos y obras artísticas que pretendan tal carácter o pudieran ser tenidas por alguien como tales creados o por crearse, que de alguna manera cupieran ser referidos a los individuos representativos, organismos o ideología del peronismo”.

Quienes venían a unir a los argentinos querían estar seguros de lograrlo y a la par que prohibían hasta el nombre del presidente depuesto, evocaban un futuro idílico: “Que su sangre (la de los caídos durante el golpe) fecunde al amor para que nunca jamás el odio y las pasiones nos lleven por los caminos erróneos de la diferencia sin solución.”.  Al presidente de facto no la faltaban certezas: “ya que el amor a la Patria se opone a la política y a la ideología, impoluto y aséptico, no puede conducir sino a decisiones acertadas”.

Calle Angosta | Periódico Digital. Publicación digital con artículos de interés en diversas temáticas, con selección de textos, imágenes, audios y vídeos.

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