Martes, 22 Octubre 2019

“Su nombre me llegó como un tumulto…”

Alfredo Carlino

UNO. Tres causas confluían en gran parte de los pibes y pibas que nos volcamos a la política hacia fines de los sesenta y principios de los setenta: la resistencia a la dictadura militar de la llamada “Revolución Argentina”, cuyo punto de inflexión fue el Cordobazo; el ejemplo del Che, caído en el 67 y, entre los peronistas, la imperiosa necesidad de traer a Perón de vuelta a la Patria, después de casi 18 años de exilio y proscripción.

Quienes militábamos en algunos de los frentes de lo que terminaría siendo “la JP de las Regionales” –más ampliamente “la tendencia”–, percibíamos que el nombre de Dante Gullo era el de un personajón, a quien podíamos ver como referente político y generacional, más que como lo que efectivamente ya entonces era: un personaje de la política nacional. Veíamos a este tipo un poco más grande que nosotros en publicaciones militantes, en El Descamisado y otras, en los diarios, en la tele, hablando en actos, reuniéndose con las cabezas todos los sectores nacionales, con dirigentes de partidos políticos, con los compañeros de la mesa nacional de la Juventud Peronista de las Regionales y… ¡con Perón! Por consiguiente, teníamos sobre él –y cómo no–, la certeza de que era un grosso.

Publicado en Argentina

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