Sábado, 28 Noviembre 2020

En estos días a pesar de continuar sumergidos en esta pandemia interminable, creo que hemos podido recobrar un poco la esperanza con respecto a la salud democrática de América Latina.

 Dos hechos de suma importancia, tanto la vuelta de la democracia en Bolivia como la aprobación mediante plebiscito, para que el pueblo chileno pueda tener una nueva Constitución, más justa, más igualitaria, más inclusiva y la primera con perspectiva de género, dejando atrás su vieja Constitución que era parte de  una pesada herencia de la dictadura chilena, donde el rasgo principal era la pérdida total de los derechos más elementales de la ciudadanía, como el acceso a la educación pública a la salud, y demás, marcando una enorme desigualdad estructural.

Esto fue posible  gracias a una alta participación ciudadana para votar este pasado 25 de octubre, pero sobre todo fue posible por un proceso que comienza el pasado año, primero por jóvenes estudiantes que reclamaban por alto costo del boleto estudiantil y que salen a la calle a reclamar, pero en una semana las protestas escalaron, ya no se trataba solo de ellos sino de miles ciudadanos reclamando por sus derechos más básicos.

Se trataba de un pueblo que se puso de pie, que dejó atrás el miedo, un pueblo oprimido y avasallado por años, primero por la dictadura y luego por el más crudo neoliberalismo implantado en dicha dictadura y continuado por el poder político una vez recuperada la democracia.

Eran los nadies, buscando visibilización, reclamando un cambio, pidiendo por una nueva carta magna. Este pueblo unido logra hacerse escuchar, después de una dura represión, pero a pasar de esto  no estaba dispuesto a abandonar su lucha y logra acordar con el gobierno, que convoque un   llamado a plebiscito para este año, en el que toda la ciudadanía debía decidir si quería una nueva constitución o no. Esto es lo que se definió este 25, el sí, donde quedo claro el triunfo de la democracia y de la ciudadanía. Donde casi el 80 por ciento de la ciudadanía votó por el sí, al cambio.

Por lo tanto y a pesar de todo, podemos decir que con pocos días de diferencia en este año hemos tenido dos transformaciones democráticas en América Latina, donde dos pueblos hermanos han demostrado que la unión hace la fuerza, que se puede cambiar y que la democracia goza de buena salud.

Ahora el desafío es que ambos pueblos puedan seguir unidos, trabajando en conjunto ciudadanía, poder político, instituciones para equilibrar la situación y superar esta crisis de desigualdad donde como leí en estos días “el juego sigue. Que lo dulce tape lo agrio”, donde por sobre  todo, la ciudadanía se mantenga de pie y firme que se tome en serio sus razonables reclamos democráticos de igualdad y  de inclusión social.

Publicado el Sábado, 31 Octubre 2020 08:58 Escrito por

Pensaba en estos días como por momentos la desesperanza e incertidumbre que nos provoca esta pandemia, que por momentos parece eterna y nos va dejando cada vez más frágiles, no solo individualmente sino socialmente.

 Dando  la sensación a veces  de estar en un estado de naturaleza, en el que se salva el más fuerte. Donde a los ya existentes problemas que teníamos como sociedad se le suma esto, que va destejiendo nuestro ya desgastado tejido social,  podemos ver falta de responsabilidad social, falta de empatía, falta de registro al otro.

Por esto creo que es momento de transformarnos, de transformar nuestra realidad, no neguemos el dolor pero tampoco lo naturalizamos, levantemos la mirada, busquemos al otro e invitémoslo a jugar un juego nuevo, el de salvarnos todos.

Y tal vez ante este escenario, el desafío más importante que tiene la política, como gestionadora de conflictos, es dejar de jugar el juego del poder, donde siempre hay un dominado y un dominante y empezar a jugar con todos, todas y todes, implica que el juego debe ser inclusivo, en condiciones de igualdad. De establecer reglas de juego claras, de pactar acuerdos, de gestionar, no de paralizarnos, no hay tiempo para esperar, ni de retrasar decisiones, es momento de acción y la política y los políticos deben ser los encargados de invitarnos a jugar a todos.

Publicado el Sábado, 24 Octubre 2020 08:09 Escrito por

Hoy 17 de Octubre del 2020, a setenta y cinco años, del nacimiento del peronismo y de la demostración más clara de lealtad, volvamos a leer los veinte puntos de las  verdades fundamentales del Justicialismo y volvamos a reivindicar la lealtad al movimiento más que nunca, el pueblo nos necesita unidos.

1ª. La verdadera democracia es aquélla donde el gobierno hace lo que el pueblo quiere, y defiende un solo interés: el del pueblo.

 2ª. El peronismo es esencialmente popular. Todo círculo político es antipopular y, por lo tanto, no es peronista.

 3ª. El peronista trabaja para el Movimiento. El que en su nombre sirve a un círculo o a un caudillo, lo es sólo de nombre.

 4ª. No existe para el peronismo más que una sola clase de hombres: los que trabajan.

 5ª. En la nueva Argentina, el trabajo es un derecho que crea la dignidad del hombre, y es un deber, porque es justo que cada uno produzca por lo menos lo que consume.

 6ª. Para un peronista no puede haber nada mejor que otro peronista.

7ª. Ningún peronista debe sentirse más de lo que es, ni menos de lo que debe ser. Cuando un peronista comienza a sentirse más de lo que es, empieza a convertirse en oligarca.

 8ª. En la acción política, la escala de valores de todo peronista es la siguiente: primero, la Patria; después, el Movimiento, y luego, los hombres.

 9ª. La política no es para nosotros un fin sino sólo el medio para el bien de la Patria, que es la felicidad de sus hijos y la grandeza nacional.

10ª. Los dos brazos del peronismo son la justicia social y la ayuda social. Con ellos damos al pueblo un abrazo de justicia y de amor.

11ª. El peronismo anhela la unidad nacional y no la lucha. Desea héroes pero no mártires.

12ª. En la nueva Argentina los únicos privilegiados son los niños.

13ª. Un gobierno sin doctrina es un cuerpo sin alma. Por eso el peronismo tiene su propia doctrina política, económica y social: el Justicialismo.

14ª. El Justicialismo es una nueva filosofía de la vida, simple, práctica, popular, profundamente cristiana y profundamente humanista.

15ª. Como doctrina política, el Justicialismo realiza el equilibrio del derecho del individuo con el de la comunidad.

 16ª. Como doctrina económica, el Justicialismo realiza la economía social, poniendo el capital al servicio de la economía y ésta al servicio del bienestar social.

17ª. Como doctrina social, el Justicialismo realiza la justicia social que da a cada persona su derecho en función social.

18ª. Queremos una Argentina socialmente justa, económicamente libre y políticamente soberana.

 19ª. Constituimos un gobierno centralizado, un Estado organizado y un pueblo libre.

20ª. En esta tierra lo mejor que tenemos es el pueblo.    

Estas deben ser nuestra guía cada día, porque la lealtad se construye y se renueva día a día y que cada 17 de octubre por venir sea ya no el despertar sino la reafirmación y el orgullo de sentirnos peronistas.    

Publicado el Sábado, 17 Octubre 2020 11:41 Escrito por

En esta semana después del anuncio del último DNU nacional he pensado mucho en esto del orden en medio del desorden, algunos lo llaman caos, anarquía, acefalia, tierra de nadie, son los comentarios surgidos con respecto al acatamiento del mismo, por las provincias y municipios, parecería que hoy hasta los instrumentos jurídicos legales, carecieran de fuerza legitimadora.

Pensaba como todas estas cosas van erosionando, la confianza antes que nada en la política, en las instituciones democráticas, y luego va bajando esta desconfianza instalándose en la sociedad entre unos y otros, y esto va provocando que cada uno haga según su parecer, rompiéndose los vínculos sociales.

Tal vez sea el momento que nuestros representantes políticos, sea del partido que sean  tomen el timón del barco, amalgamando estos sentimientos de incertidumbre, de desesperanza, que a pesar de las diferencias ideológicas de partidos vuelvan a establecer nuevos pactos sociales, de que la sociedad civil vuelva a confiar en las instituciones democráticas. Es tiempo de una mayor inclusión de todas las disidencias, es tiempo de una visibilización de los nadies, de nuevas alianzas, donde vuelva a tener sentido la palabra pueblo, donde el desorden no sea la antesala del fin democrático, de los autoritarismos, sino que esto sea parte de un gran reinicio compartido por todos.

Publicado el Sábado, 17 Octubre 2020 10:58 Escrito por
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Calle Angosta | Periódico Digital. Publicación digital con artículos de interés en diversas temáticas, con selección de textos, imágenes, audios y vídeos.

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