Jueves, 21 Enero 2021

En las postrimerías del 2020, un año complejo y lleno de incertidumbres, a nivel país hemos surfeado la crisis pandémica, sosteniéndonos medianamente sobre la tabla, como sociedad a pesar de los evidentes clivajes sociales han perdurado algunos valores de comunidad, políticamente seguimos apostando y creyendo que la democracia es la mejor forma de gobierno, y muy a pesar de las críticas, el Estado ante una situación de excepción, de emergencia trató de mantener y de no alejarse de las fronteras de la letra de nuestra Carta Magna.

Un año que, particularmente en Latinoamérica, hemos observado como las marcadas desigualdades han socavado los cimientos democráticos de muchos países, muchos de los problemas ya venían desde antes de la pandemia y luego ante la irrupción de esta, fue inevitable el impacto negativo, pero aun así las democracias han logrado sobrevivir, con  problemas sin resolver pero perviven. La desigualdad, la falta de inclusión, la violencia, principalmente la de género, son las otras pandemias soterradas que también se han manifestado con toda su crudeza.

En estos días se trató en el Senado del proyecto de ley del aborto, lográndose la aprobación de esta ley, con esto se resolvería una deuda histórica que la democracia tenía con las mujeres argentinas. Quizás ahora, con la aprobación podamos comenzar un año nuevo un poquito más justo. Sin desmerecer que ha habido logros este año que pasó, a pesar de todo, como la Ley de paridad de género (27.412), la implementación de la Ley nacional Micaela (27.499), con mucho trabajo por hacer con respecto a las instituciones, pero tenemos herramientas, solo falta decisión y voluntad política, el resto se va a ir acomodando en la marcha.

Hoy siento la responsabilidad de que lo escriba en esta columna tiene que ser de esperanza, de seguir creyendo que es posible un mundo más igual, más inclusivo, más democrático. Reconozco que hay mucho que accionar, mucho trabajo por delante, que las sociedades mutan a una velocidad increíble por lo que las demandas y necesidades son muchas, complejas, por tal razón necesitamos representantes sororos, con responsabilidad y receptivos, es decir, capacidad de respuesta a la sociedad, con la generación de política públicas orientadas al bien común, orientadas al desarrollo integral de la comunidad, es decir, donde todas, todos y todes encontremos la satisfacción social. Que volvamos a tejer nuestros lazos de comunidad con una justicia más justa, más inclusiva, con solidaridad, con libertad y que no sea sola la libertad entendida en el sentido liberal de la palabra sino una libertad entendida en sentido amplio donde cada uno de nosotros podamos sentirnos libres de elegir.

Creo que debemos como ciudadanos exigir a nuestros representantes no solo la rendición de cuentas de su accionar sino exigirles la democratización de las instituciones, exigirles la ética en sus funciones, debe ser obligatoria la denuncia tanto horizontal como vertical del desvió del accionar de nuestros representantes cuando no coincidan con los valores democráticos.

Tal vez nos espere otro año difícil, o no, pero depende mucho de nosotres que país queremos para vivir y como queremos vivir. Así como hemos dicho los argentinos “nunca más”, otras veces, así debemos decir ante cualquier cosa que vulnere nuestros derechos, que vulnere nuestra democracia, debemos estar atentos.

Antes de concluir quisiera hacer una invitación extensiva a todes a la participación política, no hablo de la partidaria solamente, hablo de la participación cívica y no solo de ir a votar sino la participación a través del control, de la denuncia,  de la vigilancia de nuestros representantes, a involucrarnos, no olvidemos que la democracia es el poder del pueblo y pueblo somxs todes. Tanto la comunidad como la política debe recuperar la capacidad de crear esperanzas, esperanzas que hagan posible lo necesario y urgente lo posible.  

Como deseo personal, es que los derechos sean hechos, que los, las, les corruptes, fachxs e individualistas empiecen este nuevo año con conciencia social, no es mucho lo que pido, creo…       

 

Publicado el Lunes, 04 Enero 2021 13:06 Escrito por

Alguien dijo por ahí que “la democracia no es una conquista, es un frente de batalla”, y pensaba, en esta semana se aprobó la Ley de Paridad, entró al Senado el Proyecto de legalización del aborto, es decir, la democracia en estos días mediante sus instituciones ha ganado algunas batallas, tiene frentes abiertos, por momentos parece tambalearse, las demandas sociales son complejas, heterogéneas, mutan todo el tiempo a un ritmo acelerado, pero aun así y del pesimismo que a veces nos invade podemos observar como las nuevas generaciones se involucran con la necesidad de cambios, como nos van marcando el camino a los adultxs.

Ellos, los jóvenes, dicen basta a las políticas de exclusión, a la discriminación, le hacen frente al poder, se sitúan en la arena política, lo hemos visto en Chile, en Perú, en los movimientos feministas, son les jóvenes las que toman las banderas, las que se paran adelante.

Por lo que creo que a pesar de que muchas veces nos gane el pesimismo, hoy estas nuevas generaciones más involucradas con la cosa pública, más politizadxs, que salen a reclamar y a exigir derechos, que levantan la voz por ellos y por los que aún no se animan, nos devuelve el optimismo.

Por lo tanto es momento de accionar, de acompañar, de que cada une de nosotres levantemos las banderas con las nos sintamos identificados, de sumar voluntades, que cada une lo haga desde el lugar que se sienta más cómodo, sea desde los distintos feminismos, desde la política partidaria, desde las distintas organizaciones y movimientos sociales. Como dice Hannah Arendt, “la política trata, sobre el hecho del estar juntos de los diversos”, es decir, todes, la diversidad.

Considero que con nuestra distintas formas de militancia,  sensible contra todas las formas de atropellos a nuestros derechos y los del otre, atenta a las distintas formas de violencias, que como leía el otro día, “puede permitirnos desarmar discursos, desambiguar sentidos y erradicar prácticas que erosionan nuestras democracias”,  esas que coartan la libertad, que nos limitan y no nos da lugar a tener una participación activa y no permite que la igualdad se manifieste en forma real.

Publicado el Sábado, 21 Noviembre 2020 10:39 Escrito por

Estos días me han casi retumbado en la cabeza Ley de paridad, violencia de género, legalización del aborto y pensaba que la que encuadra a todas es la “violencia” en todas sus versiones, no solo a las mujeres sino a las disidencias, a los distintos.

 Violencia política, simbólica, institucional, domestica, económica, psicológica, etc, lo que me plantea la necesidad de repensar, de que más allá, de que en nuestra Constitución Nacional, a partir de la reforma de 1994 se encuentran enmarcados los derechos de la mujeres, es claro observar cómo tanto el sistema político, como a la justicia y socialmente, como impera el sistema patriarcal, que parecieran olvidarse de que somos partes iguales. Que cuando hace referencia a la igualdad es todos los ciudadanos, “todos”. Si bien se han hecho avances, aún queda mucho pero mucho trabajo por hacer y quizás lo más importante o necesario sea antes que nada , derribar los muros construidos en nuestras mentes que no nos permite aceptar al otro, a lo distinto, esa negación a lo diferente. Me refiero en general como sociedad es algo que ha calado en lo más hondo de nuestra esencia, donde el sentimiento de superioridad ya sea de género, de raza, ect, es parte del ADN de cada uno de nosotros.

Una sociedad tan marcada por este sistema patriarcal que cuando habla de democracia y de las virtudes de la democracia, por ejemplo la igualdad, no entiende que iguales somos todos, no solo los hombres.

 Todos los días vemos en los medios de comunicación o redes sociales, fotografías o imágenes de mesas de decisiones  llenas de hombres o con escasa presencia de mujeres o disidencias, sean mesas políticas, institucionales, empresariales, ect. Hasta vemos solo hombres opinando y queriendo decidir por las mujeres y las disidencias, como por ejemplo cuando se habla de la legalización del aborto o de la ley de paridad, etc, con total impunidad como si fuera su cuerpo sobre el que deciden.

 Me interpelo en esto, no deberíamos ser mujeres y las disidencias opinando, debatiendo y decidiendo por nosotrxs, por nuestros cuerpos por nuestros derechos y ellos acompañando esta lucha, como nosotrxs hemos acompañado sus luchas.

Solo cuando dejemos de lado o mejor dicho cuando nos despojemos de cuestiones personales, de objeciones de conciencia, de creencias individuales, de dogmas religiosos, que han sido y son los refugios más comunes para negar derechos, para justificar sus votos en contra, donde no importa el bien común, otra virtud de la democracia, donde lo colectivo y las necesidades del colectivo no importan, ni se nombran sino la posición personal.

 Debería quedar también claro que otorgar derechos es dar la posibilidad de elegir y decidir, y que cuando podemos elegir y decidir somos libres, otra de las virtudes de la democracia la “libertad”.       

Publicado el Sábado, 14 Noviembre 2020 11:38 Escrito por

Como todos habrán podido ver o escuchar en estos días, vemos como algunas democracias están más sobrevaloradas que otras. Como tendremos de colonizadas nuestras mentes, que la superioridad democrática que nos ha hecho creer Estados Unidos que posee, ha logrado que muchos avalemos todos los desenfrenos que ha tenido el presidente Trump tanto en su política interior como exterior.

Creo que ningún presidente estadounidense se ha animó a tanto, a denigrar a sus instituciones, demostrando hasta último momento el autoritarismo y la arrogancia  con el que ha gobernado. Pero también es bueno observar que las falencias que ese gobierno ha hecho visibles  son parte de los egos del poder, que en cualquier democracia o régimen hemos visto a lo largo del tiempo.

Es en esto que debemos prestar atención, que para que las democracias pervivan debemos dotarlas de contenido que no sea una cascara vacía, y que quede solo en un procedimiento electoral, de fachadas institucionales, sino también dotarla de valores morales y éticos, donde todas las voces pueden ser escuchadas, donde haya lugar para las disidencias, donde también cada nación pueda ser capaz juntó a su pueblo de dotarla de valor sustantivo.

Es muy importante poder cargar a nuestras democracias de sentido social, de humanismo, donde todas, todos y todes nos sintamos parte y representados y no quedar reducidos a una persona un voto.

Publicado el Sábado, 07 Noviembre 2020 11:17 Escrito por
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