Lunes, 01 Junio 2020

Brasil pasó de convertirse en nuestro hermano mayor, en nuestro principal socio comercial, a convertirse en uno de los principales problemas a nivel sanitario, lo que indefectiblemente va a traer aparejada algún tipo de complicación económica también.

La imprudencia e inoperancia demostrado por su presidente no hace más que acrecentar la preocupación de Argentina y que impacto va a tener fronteras para afuera la actual situación sanitaria de Brasil lo que lo posiciona como uno de los focos mundiales de contagio y muerte en el marco de la pandemia Covid-19.

A que podemos atribuir esta situación? Seguramente a varios factores. Intentaremos explicitar algunos. Seguramente como eje fundamental, podemos atribuir la falta de capacidad de mando y gestión de situaciones de esta envergadura sobre dirigentes políticos de la talla de bolsonaro, que accedieron al poder luego de una poco clara maniobra de desprestigio y persecución política que dieron lugar al proceso judicial que derrocó a Dilma Roussef y buscó proscribir de la vida democrática al Partido de los Trabajadores.Esta debilidad política de base, se ha profundizado en un enfrentamiento entre Gobierno Federal y los gobernadores de los estados.

Varias regiones del país han entrado en una situación crítica, con los sistemas de salud al borde del colapso por el creciente número de pacientes y la escasez de medios.

El alcalde de Sao Paulo, Bruno Covas, declaró que los hospitales públicos la ciudad más poblada de Brasil estaban al 90% de su capacidad.Asmimismo no podemos dejar de recordar que en estos momentos, Brasil prácticamente no tiene Ministro de Salud. Ha cambiado dos en el lapso de un mes. Este aspecto es importante, sumado a una falta de coordinación entre los distintos organismos que conforman la sanidad brasilera.

La confusa actitud de Bolsonaro al respecto también influyó en la poca aceptación que tuvo la cuarentena, no siendo esta nunca total, debido a las constantes marchas y contramarchas respecto a su implementación, algo que en otros paises se ha realizado de manera más uniforme.

"Por un lado, vemos noticias en la televisión sobre la pandemia, sobre el coronavirus. Por otro lado, vemos al presidente dando besos, abrazos, caminando sin máscara y atrayendo multitudes", dice, comparando la actitud del presidente brasileño con la de la primera ministra de Nueva Zelanda, Jacinda Arden, y sus pronunciamientos sobre el coronavirus y la importancia de la distancia social.

Para ella, "la postura del presidente ha obstaculizado el trabajo de todos los que intentan mostrar, en el área de la salud y la prensa, cuál es el camino que funcionó en otros lugares y qué es importante para controlar la transmisión".

"Ciertamente no es un camino a seguir con esta falta de ejemplo, esta lucha contracorriente que ha hecho el presidente", valora.

Publicado el Martes, 19 Mayo 2020 12:37 Escrito por

La Agencia de noticias EFE publicó recientemente un entrevista al filósofo y y lingüista Noam Chomsky, en donde asegura que la primera gran lección de la actual pandemia es que estamos ante “otro fallo masivo y colosal de la versión neoliberal del capitalismo”, que en el caso de Estados Unidos está agravado por la naturaleza de los “bufones sociópatas que manejan el Gobierno” liderado por Donald Trump.

Desde su casa de Tucson (Arizona) y lejos de su despacho en el Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT), desde el que cambió para siempre el campo de la lingüística, Chomsky repasa en la entrevista con Efe las consecuencias de un virus que deja claro que los gobiernos están siendo “el problema y no la solución.

—¿Qué lecciones positivas podemos extraer de la pandemia?

—La primera lección es que estamos ante otro fallo masivo y colosal de la versión neoliberal del capitalismo. Si no aprendemos eso, la próxima vez que pase algo parecido va a ser peor. Es obvio después de lo que ocurrió tras la epidemia del SARS en 2003. Los científicos sabían que vendrían otras pandemias, probablemente de la variedad del coronavirus. Hubiese sido posible prepararse en aquel punto y abordarlo como se hace con la gripe. Pero no se ha hecho.

Las farmacéuticas tenían recursos y son superricas, pero no lo hacen porque los mercados dicen que no hay beneficios en prepararse para una catástrofe a la vuelta de la esquina. Y luego viene el martillo neoliberal. Los Gobiernos no pueden hacer nada. Están siendo el problema y no la solución.

Estados Unidos es una catástrofe por el juego que se traen en Washington. Saben cómo culpar a todo el mundo excepto a ellos mismos, a pesar de que son los responsables. Somos ahora el epicentro, en un país que es tan disfuncional que ni siquiera puede proveer de información sobre la infección a la Organización Mundial de la Salud (OMS).

—¿Qué opina de la gestión de la administración Trump?

—La manera en la que esto se ha desarrollado es surrealista. En febrero la pandemia estaba ya haciendo estragos, todo el mundo en Estados Unidos lo reconocía. Justo en febrero, Trump presenta unos presupuestos que merece la pena mirar. Recortes en el Centro de Prevención y Control de Enfermedades y en otras partes relacionadas con la salud. Hizo recortes en medio de una pandemia e incrementó la financiación de las industrias de energía fósil, el gasto militar, el famoso muro…

Todo eso te dice algo de la naturaleza de los bufones sociópatas que manejan el Gobierno y que el país está sufriendo. Ahora buscan desesperadamente culpar a alguien. Culpan a China, a la OMS… y lo que han hecho con la OMS es realmente criminal. ¿Dejar de financiarla? ¿Qué significa eso? La OMS trabaja en todo el mundo, principalmente en países pobres, con temas relacionados con la diarrea, la maternidad… ¿Entonces qué están diciendo? “Vale, matemos a un montón de gente en el sur porque quizás eso nos ayude con nuestras perspectivas electorales”. Eso es un mundo de sociópatas.

—Trump empezó negando la crisis, dijo incluso que era un bulo demócrata… ¿Puede ser esta la primera vez que a Trump le han vencido los hechos?

—A Trump hay que concederle un mérito… Es probablemente el hombre más seguro de sí mismo que ha existido nunca. Es capaz de sostener un cartel que dice “os amo, soy vuestro salvador, confiad en mí porque trabajo día y noche para vosotros” y con la otra mano apuñalarte en la espalda. Es así cómo se relaciona con sus votantes, que lo adoran independientemente de lo que haga. Y recibe ayuda por un fenómeno mediático conformado por Fox NewsRush LimbaughBreitbart… que son los únicos medios que miran los republicanos.

Si Trump dice un día “es solo una gripe, olvidaos de ella”, ellos dirán que sí, que es una gripe y que hay que olvidarse. Si al día siguiente dice que es una pandemia terrible y que él fue el primero en darse cuenta, lo gritarán al unísono y dirán que es la mejor persona de la historia.

A la vez, él mismo mira Fox News por las mañanas y decide qué se supone que tiene que decir. Es un fenómeno asombroso. Rupert Murdoch, Limbaugh y los sociópatas de la Casa Blanca están llevando el país a la destrucción.

—¿Puede esta pandemia cambiar la manera en la que nos relacionamos con la naturaleza?

—Eso depende de la gente joven. Depende de cómo la población mundial reaccione. Esto nos podría llevar a estados altamente autoritarios y represivos que expandan el manual neoliberal incluso más que ahora. Recuerde: la clase capitalista no cede. Piden más financiación para los combustibles fósiles, destruyen las regulaciones que ofrecen algo de protección… En medio de la pandemia en EE.UU. se han eliminado normas que restringían la emisión de mercurio y otros contaminantes… Eso significa matar a más niños estadounidenses, destruir el medio ambiente. No paran. Y si no hay contrafuerzas, es el mundo que nos quedará.

—¿Cómo queda el mapa de poder en términos geopolíticos despúes de la pandemia?

—Lo que está pasando a nivel internacional es bastante chocante. Está eso que llaman la Unión Europea. Escuchamos la palabra “unión”. Vale, mira Alemania, que está gestionando la crisis muy bien… En Italia la crisis es aguda… ¿Están recibiendo ayuda de Alemania? Afortunadamente están recibiendo ayuda, pero de una “superpotencia” como Cuba, que está mandando médicos. O China, que envía material y ayuda. Pero no reciben asistencia de los países ricos de la Unión Europea. Eso dice algo…

El único país que ha demostrado un internacionalismo genuino ha sido Cuba, que ha estado siempre bajo estrangulación económica por parte de EE.UU. y por algún milagro han sobrevivido para seguir mostrándole al mundo lo que es el internacionalismo. Pero esto no lo puedes decir en EE.UU. porque lo que has de hacer es culparles de violaciones de los derechos humanos. De hecho, las peores violaciones de derechos humanos tienen lugar al sudeste de Cuba, en un lugar llamado Guantánamo que Estados Unidos tomó a punta de pistola y se niega a devolver.

Una persona educada y obediente se supone que tiene que culpar a China, invocar el “peligro amarillo” y decir que los chinos vienen a destruirnos, nosotros somos maravillosos.

Hay una llamada al internacionalismo progresista con la coalición que empezó Bernie Sanders en Estados Unidos o Varoufakis en Europa. Traen elementos progresistas para contrarrestar el movimiento reaccionario que se ha forjado desde la Casa Blanca (…) de la mano de Estados brutales de Oriente Medio, Israel (…) o con gente como Orban o Salvini, cuyo disfrute en la vida es asegurarse de que la gente que huye desesperadamente de África se ahoga en el Mediterráneo.

Pones todo ese “reaccionarismo” internacional en un lado y la pregunta es… ¿serán contrarrestados? Y solo veo esperanza en lo que ha construido Bernie Sanders.

—Que ha perdido…

—Se dice comúnmente que la campaña de Sanders fue un fracaso. Pero eso es un error total. Ha sido un enorme éxito. Sanders ha conseguido cambiar el ámbito de la discusión y la política y cosas muy importantes que no se podían mencionar hace un par de años ahora están en el centro de discusión, como el Green New Deal, esencial para la supervivencia.

No le han financiado los ricos, no ha tenido apoyo de los medios… El aparato del partido ha tenido que manipular para evitar que ganase la nominación. De la misma manera que en Reino Unido el ala derecha del Partido Laborista ha destruido a Corbyn, que estaba democratizando el partido en una manera que no podían soportar.

Estaban dispuestos hasta a perder las elecciones. Hemos visto mucho de eso en EE.UU., pero el movimiento permanece. Es popular. Está creciendo, son nuevos… Hay movimientos comparables en Europa, pueden marcar la diferencia.

—¿Qué cree que pasará con la globalización tal y como la conocemos?

—No hay nada malo con la globalización. Está bien ir de viaje a España, por ejemplo. La pregunta es qué forma de globalización. La que se ha desarrollado ha sido bajo el neoliberalismo. Es la que han diseñado. Ha enriquecido a los más ricos y existe un enorme poder en manos de corporaciones y monopolios. También ha llevado a una forma muy frágil de economía, basada en un modelo de negocio de la eficiencia, haciendo las cosas al menor costo posible. Ese razonamiento te lleva a que los hospitales no tengan ciertas cosas porque no son eficientes, por ejemplo.

Ahora el frágil sistema construido está colapsando porque no puede lidiar con algo que ha salido mal. Cuando diseñas un sistema frágil y centralizas la manufacturación y la producción solo en un lugar como China… Mira Apple. Hace enormes beneficios, de los que pocos se quedan en China o en Taiwán. La mayor parte de su negocio va a parar a donde probablemente han puesto una oficina del tamaño de mi estudio, en Irlanda, para pagar pocos impuestos en un paraíso fiscal.

¿Cómo es que pueden esconder dinero en paraísos fiscales? ¿Es eso parte de la ley natural? No. De hecho en Estados Unidos, hasta Reagan, era algo ilegal. Igual que las compraventas de acciones. (…) ¿Eran necesarias? Lo legalizó Reagan.

Todo ha sido diseñado, son decisiones… que tienen consecuencias que hemos visto a lo largo de los años y una de las razones por las que encuentras lo que se ha mal llamado “populismo”. Mucha gente estaba enfadada, resentida y odiaba al gobierno de forma justificada. Eso ha sido un terreno fértil para demagogos que podían decir: soy tu salvador y los inmigrantes esto y lo otro.

—¿Cree que, tras la pandemia, Estados Unidos estará más cerca de una sanidad universal y gratuita?

—Es muy interesante ver esa discusión. Los programas de Sanders, por ejemplo, sanidad universal, tasas universitarias gratuitas… Lo critican en todo el espectro -ideológico-. Las críticas más interesantes vienen de la izquierda. Los columnistas más liberales del New York TimesCNN y todos ellos… Dicen que son buenas ideas, pero no para los estadounidenses.

La sanidad universal está en todas partes. En toda Europa de una forma u otra. En países pobres como Brasil, México… ¿Y la educación universitaria gratuita? En todas partes… Finlandia, Alemania, México… en todos lados. Así que lo que dicen los críticos en la izquierda es que Estados Unidos es una sociedad tan atrasada que no se puede poner a la altura del resto del mundo. Y te dice bastante de la naturaleza, la cultura y de la sociedad.

Publicado el Sábado, 25 Abril 2020 11:35 Escrito por

Empezare aclarando que no soy comunista; los reaccionarios, ultraconservadores le tienen mucho terror a estos títulos; y casi siempre ante la falta de argumentos sólidos, terminan repitiendo y adjudicándonos calificativos que solo han escuchado, pero que en la mayoría de los casos, desconocen su significado. Soy un Demócrata con ideas Republicanas.

Todo el mundo habla del libro “La riqueza de las naciones” de Adam Smith, el escoses que logro articular con sus ideas, los pilares de la Economía Moderna que le dio paso al Capitalismo Moderno; sin embargo muy pocos hablan sobre el otro libro del mismo autor, “Teoría de los sentimientos morales”; que hace una crítica muy puntual a la conducta de la avaricia humana. Conociendo ya la historia desde la Secundaria, vemos que el prólogo de la misma, tuvo su origen cuando el feudalismo fue sustituido por este nuevo modelo económico.

La configuración Social, de la “Teoría de los sentimientos morales”; y “la armonía del mercado” de las riquezas de las naciones; es en sí una dicotomía que se concatena con la sociedad; esto sin olvidar la famosa “mano invisible” que mueve ese mercado.
El 20 de enero del año 2009, Barack Obama es juramentado Presidente número 44 de Estados Unidos; recuerdo muy bien su discurso.

Obama recibía un país en bancarrota, epicentro de una gran recesión mundial; he aquí un pequeño fragmento de su gran discurso: “Pero esta crisis nos ha recordado que, sin un ojo atento, el mercado puede salirse de control; y que un país no puede prosperar durante mucho tiempo cuando solo favorece a los que ya son prósperos”. Más que un discurso, fue una gran reflexión; el mercado había quedado a las sanchas de los hombres que no tienen sentimientos morales, ni empatía por la Humanidad; el mundo entero fue estremecido por el flagelo de la avaricia humana; y la economía mundial cayó de rodillas ante una dura recesión. La obsesión del oro negro, llevo a George W. Bush invadir y a atacar medio oriente, la zona donde se encuentran las mayores reservas de petróleo; el mundo jamás olvida la causa barata por la que justificaron la invasión a Irak; aseguraban que Sadam Hussein tenía armas de destrucción masiva; la ONU, de forma deliberada avalo la invasión. Sin embargo, en el 2010, Julian Assange, fundador de Wiki Leaks, revelo la verdad de lo sucedido; y dejo al desnudo la colosal mentira tarifada que los medios de comunicación le habían contado y hecho creer al mundo; en los archivos que se filtraron, registraba la muerte de más de 100 mil personas, de los cuales el 70% eran civiles. Jamás olvidare las palabras de Assange: “La primera víctima de la guerra es la verdad”. Ese 22 de octubre de 2010, se caía ante el mundo la muralla de la mentira tarifada.

En los últimos doscientos años, nos hemos consumido la energía fósil concentrada de nuestro planeta desde sus orígenes. La danza del capitalismo salvaje va dejando por su paso, la destrucción acelerada de los recursos naturales del planeta; la explotación inhumana del hombre; y la manipulación de la mente humana para que este de forma sistemática se convirtiera en un rehén de las sociedades de consumo, que sin darse cuenta se convierta en el arma de su propia autodestrucción.

La nueva pandemia ha quitado el velo ilusionista, y el maquillaje hipócrita de la Civilización; la Italia de Rómulo y Remo, de los Cesares, de Marco Polo, de Leonardo Da Vinci, de Galileo Galilei, de Luciano Pavarotti, de Benito Mussolini, de Silvio Berlusconi, de Andrea Bocceli, de Roberto Baggio, de Paolo Maldini, de Gennaro Gattuso; la Italia que pago el fichaje más caro de su historia por el portugués Cristiano Ronaldo, 122 millones de euros; si esa misma Italia que tuvo que desconectar la respiración artificial de sus ancianos, para luego verlos morir; y que no pudo responder de la misma forma como cuando organizaron el mundial de Italia 90; porque su sistema de salud expiro en los brazos del capital privado, haciendo de salud una mercancía; lo mismo está sucediendo con España, un país que presume de una monarquía; que se ha convertido en un adorno costoso para un país que no tiene camas para atender a sus pacientes.

La pandemia ya llego a la gran nación del Norte; pero en los 100 primeros días de Gobierno, el Presidente número 45 de Estados Unidos, Donald J. Trump, destruyo el sistema de salud que había dejado su antecesor. Las consecuencias ya se están sintiendo; los arrebatos de un líder que anda por el vecindario de la aldea global, ufanándose de su “hegemonía o supremacía”; así como se llama el libro de Noam Chomsky, están llevando a la gran nación del Norte, como lo expreso hace unos días el Premio Nobel de Economía, Paul Krugman: “A que su Democracia y Economía estén amenazadas por un segundo periodo presidencial de Trump en la Casa Blanca”. La crisis del coronavirus ha puesto en aprietos a Trump, ya que el haber minimizado esta pandemia le está pasando una factura en la encomia, porque la bolsa de valores se ha desplomado en estas dos últimas semanas; y existe un alto riesgo que la factura se extienda al mes de noviembre, en las elecciones.

La pandemia quitó el antifaz del modelo económico de las naciones más poderosas del Planeta (Estados Unidos y China); y en el caso de Italia y España; ambos países miembros de la OTAN, que maneja un presupuesto de casi 2mil millones de dólares, se vieron como los más pobres del barrio, que fingían ser ricos, pero no tenían ni donde caer muertos. La realidad ha quitado el efecto de la anestesia del capitalismo salvaje; y ha tirado sus cartas sobre la mesa. Ha llegado la hora de replantear y de humanizar este modelo económico; y hacernos el siguiente planteamiento: ¡O muere el Capitalismo Salvaje, o muere la Civilización Humana! Como decía Albert Einstein: “Locura es hacer lo mismo una y otra vez, esperando obtener resultados diferentes”. No podemos seguir viviendo en un planeta donde más del 80% de la riqueza, está concentrada en un 1% de la población. Me resisto a defender con mi silencio un indefendible y despiadado statu quo que concentra la riqueza de nuestros recursos naturales, y medios de producción en pocas manos, capaces de derramar sangre inocente por mantener intacto ese statu quo. Yo no puedo defender este statu quo que privatiza el agua, la salud, la educación, el viento, el sol; Derechos Humanos Universales que se han convertido en mercancías, que se encuentran solo al alcance de una minoría rapaz, voraz e insaciable; mientras las grandes mayorías invisibles; solo son visibles en los procesos electorales, disfrazados de Democracia. Una gran realidad de todo lo que pasa a nivel mundial que nos quieren tener controlados a losas vulnerables del planeta tierra porque la avaricia y la ambición y ancias de poder los tiene enfermos

Publicado el Viernes, 03 Abril 2020 10:51 Escrito por

En diciembre 1998, Hugo Chávez ganó las elecciones presidenciales en Venezuela, en unos comicios cuya importancia sólo hemos logrado dimensionar con el paso del tiempo: con el triunfo del dirigente bolivariano, irrumpía en la historia de América Latina una nueva fuerza política, telúrica y combativa, de hondas raíces populares, que rápidamente se puso en el foco de atención de todo un continente, asfixiado por los ajustes neoliberales, el entreguismo de las oligarquías, la pobreza y la desigualdad social, y el sometimiento al dictum imperial sintetizado en el imperativo de construcción del proyecto panamericanista del Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA).

En aquellos años, el mapa político de la región aparecía dominado de manera incontestable por el neoliberalismo criollo, que exhibía a sus paladines sin rubor, en lo que hoy bien podríamos calificar como una galería del horror.

Basta con recordar que en Argentina Carlos Menem se encaminaba al ocaso de un mandato de 10 años, caracterizado por las privatizaciones de servicios públicos, de las empresas y los recursos naturales estratégicos, así como por la subasta del país al mejor postor y la consolidación de las relaciones carnales con los Estados Unidos; en Brasil, gobernaba Fernando Henrique Cardoso pero mandaba el Fondo Monetario Internacional con la ortodoxia de las políticas de ajuste y austeridad; y en México, Ernesto Zedillo gestionaba el TLCAN sin hallar la aún la prometida puerta de entrada al Primer Mundo, y portando sobre sus hombros las sombras de la matanza de Acteal y de su designación como candidato presidencial tras el asesinato de Luis Donaldo Colosio en 1994.

En Perú campeaba todavía el genocida Alberto Fujimori; en Ecuador Jamil Mahuad no solo cedió la base de Manta a los Estados Unidos, en el marco del Plan Colombia: también prendió la mecha de una crisis financiera sin precedentes, que $6000 millones de dólares de las reservas del Estado para salvar bancos privados, y acabó en una sangría incontenible de las finanzas públicas, el cierre de numerosas entidades bancarias y detonó un doloroso flujo de migrantes ecuatorianos que salieron de su país en busca de oportunidades. Y en Centroamérica todavía estaban frescas la tinta con la que se firmó el último acuerdo de paz en Guatemala y las esperanzas –que hoy reconocemos ingenuas- de unas sociedades “cuyas legítimas aspiraciones de paz y de justicia social, de libertad y reconciliación, han sido frustradas durante muchas generaciones”, según reza el texto del Acuerdo de Esquipulas de 1987.

El informe Panorama social de América Latina 1999-2000, publicado por la CEPAL, concluía que “hacia fines de los años noventa las encuestas de opinión muestran que porcentajes crecientes de la población declaran sentirse sometidas a condiciones de riesgo, inseguridad e indefensión. Ello encuentra sustento en la evolución del mercado de trabajo, el repliegue de la acción del Estado, las nuevas formas institucionales para el acceso a los servicios sociales, el deterioro experimentado por las expresiones tradicionales de organización social (…) En estas condiciones, la mayoría de los hogares de América Latina están expuestos a importantes grados de vulnerabilidad social” (pp. 16-17).

Y entonces ganó Chávez, que desde mediados de la década de 1990 venía pregonando la necesidad forjar “un proyecto estratégico continental de largo plazo”, que permitiera el desarrollo de un modelo económico y político alternativo, soberano y complementario para la región; “una asociación de Estados latinoamericanos (…) que fue el sueño original de nuestros libertadores”, decía el comandante de Barinas, “un congreso o una liga permanente donde discutiríamos los latinoamericanos sobre nuestra tragedia y sobre nuestro destino”, para hacer del siglo XXI “el siglo de la esperanza y de la resurrección del sueño bolivariano, del sueño de Martí”.

Lo que pasó después es un capítulo fresco en nuestra memoria, sobre el que no todo está escrito todavía. Pero cabe preguntarnos: ¿cambió algo en América Latina en estos años? ¿Es posible mirar con orgullo aquel período de ebullición creativa y de convergencia latinoamericanistas, inédito en dos siglos de vida republicana? Por supuesto que sí. En ese largo itinerario de la esperanza y la emancipación que es la lucha social, en nuestra viaje colectivo de la semilla al árbol poderoso –parafraseando al poeta Roque Dalton-, nada ha sido en vano y todo fue necesario.

Hace 20 años inició ese camino que en nuestros días, a pesar de los retrocesos y los obstáculos, sigue señalando el rumbo de la búsqueda y construcción, desde aquí, desde nuestras propias realidades, de las alternativas civilizatorias que reclama con urgencia el futuro. Mucho queda por estudiar y aprender de eso que algunos llamaron el giro progresista, y que nosotros entendemos como el auge y reivindicación de lo nacional-popular nuestroamericano; especialmente importante será profundizar y comprender la naturaleza de los procesos y dinámicas políticas, económicas y culturales que llevaron a las izquierdas de la resistencia y la acumulación de fuerzas, al acceso al poder y la construcción de articulaciones nacionales y regionales. Porque, a diferencia de lo que cantara Gardel, estos veinte años significan mucho: conforman nuestra historia viva, el sustrato de las lucha del presente, frente a los colosales desafíos que la coyuntura actual perfila en el horizonte de nuestros pueblos.

* AUNA-Costa Rica

Publicado el Domingo, 30 Diciembre 2018 19:28 Escrito por
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