Martes, 22 Octubre 2019

En la medida en que el neoliberalismo no encuentra un principio de gobernabilidad, asistiremos a crisis de representación política sin precedentes.

 

Las oligarquías financieras mundiales, sin rostro y sin marco nacional, no necesitan “ceder un poco para no perder todo”, dado que nada se les opone, quieren más y más, sin límites. El pacto entre capitalismo y democracia, que funcionó después de la segunda guerra mundial, está roto. Ya nada, como lo creyó el mito ilustrado es irreversible, cualquier cosa puede suceder, no existen ya barreras éticas y políticas sólidas.

En la medida en que el neoliberalismo no encuentra, a diferencia del liberalismo clásico, un principio de gobernabilidad, asistiremos a crisis de representación política sin precedentes. Las distintas variantes de la extrema derecha que surgen en el mundo implican, en primer lugar, más allá de los acentos xenófobos y racistas, una demanda de Orden. Se exige la aparición de un Amo, que al igual que en las películas malas de los ‘80 de cuño fascistoide, haga” justicia “fuera de la ley” y contra los “indeseables”. Ese fascismo hollywoodense anunció el guigñol neofascista de Trump.

EL Capitalismo actual, que necesita de un ajuste tras otro para su proceso de acumulación sin límite, probará con distintos tipos de Amos. Lo que tienen en común, más allá de sus variantes nacionales, es que a diferencia de los movimientos nacionales y populares hacen emerger la pulsión de muerte y su pasión de matar al desnudo, sin sublimarlas en liturgias o en cultura popular.

Urge un debate en toda la izquierda mundial sobre cómo elementos aparentemente “extrapolíticos” determinan un nuevo modo de la política mundial. No es la pureza étnica, aunque Bolsonaro la ponga en juego, lo que lo lleva al lugar que ocupa. Es el odio y anhelo de que se aplaste a los odiados, incluso con el perjuicio directo del que alienta este desastre ético. 

Por Jorge Alemán

(para La Tecl@ Eñe)

Publicado el Lunes, 29 Octubre 2018 20:54 Escrito por

Hace 73 años, alimentada con la voluntad, la lucidez y la esperanza de millones de cabecitas negras, de descamisados, de grasitas, tejida con la paciencia y la determinación de los que no tienen nada que perder, con el desparpajo hormigueando en la alpargata, bajo el delantal o el mameluco durante décadas de ninguneo, de desprecio, de exclusión, de humillaciones y despojos, nacía una forma de la política que era algo más que la acción de los partidos, algo distinto de los cotilleos de comités y de las peroraciones enjundiosas de los mítines y las campañas insufladas de fraude patriótico y cajetilla.

Un modo de reconocerse y de sentirse incluido, de autorizar la carcajada, el canto y la alegría, de restañar la herida cifrada en la “fórmula famélica de masa” de la que habló César Vallejo.

Una modalidad que hizo de la vida en común, por primera vez, la fiesta de los morochos, que un admirable autor bifronte impugnó llamándola, con alevoso e inspirado desdén, la fiesta del monstruo. Porque esa monstruosidad era precisamente aquello que la oligarquía se empeñaba en que no se mostrara, ocultándola y silenciándola como una vergüenza o una deformidad mientras que era, en verdad, una manera más ancha de pensar la justicia, la libertad y la soberanía.

La justicia de desear lo que cualquiera, la libertad de desear sin retaceos, la soberanía de acceder, jubilosamente, a la dimensión en la que el deseo puede encontrarse con su objeto.

Esa fuerza articulada, esa convicción despierta, ese auto reconocimiento orgulloso, se llamaron desde entonces peronismo. Y, aunque ligados para siempre a quien los hizo posibles, no tienen que ver solamente con lo que Perón fue sino también, y sobre todo, con lo que todos los ninguneados de la historia supieron ver en él, enriqueciéndolo, transformándolo, comprometiéndolo a ser, más que un líder carismático y visionario, el garante de una posibilidad que nunca se cumple del todo, que siempre está germinando en nosotros a la espera de su fructificación.

En medio de la pesadilla de estos días, conmemorar esa fecha implica no solo recordar un origen sino también imaginar los medios para volver a rescatarlo como un futuro posible.

Publicado el Jueves, 18 Octubre 2018 06:50 Escrito por

Arrepentirse” o marchar preso

“Hasta ahora el criterio que manejan el juez Claudio Bonadio y el fiscal Carlos Stornelli en el expediente es que el que confiesa, se arrepiente y aporta algún dato que consideren relevante, sale en libertad. El que no habla, queda preso”, resumen Irina Hauser y Raúl Kollman en Página 12.

Ante esta extorsión organizada, que es seguida por los flashes de los fotógrafos y las cámaras de TV, se produce una lluvia de “arrepentidos que confiesan”, aunque sin autoincriminarse. En una investigación judicial seria es clave que se determine la correspondencia de esas confesiones con datos probatorios. Por ejemplo, en la investigación de Lava Jato en Brasil, que algunos comparan con lo que sucede en Argentina, las coimas de Odebrecht tienen números de cuenta, en Hong Kong, Suiza y otros destinos, con montos detallados.

Hasta ahora, nada de eso sucede en Argentina. La línea que va emergiendo de las “confesiones” alimenta un relato donde los empresarios pasan de la figura de cohecho que consiste en pagar sobornos (y que los incriminaría penalmente}, a la de víctimas que ceden ante la presión del gobierno de turno y aportan sumas millonarias para campañas.

Todo es un show donde habrá muchos detenidos, algunos finalmente sobreseídos y otros condenados basados en presunciones, en vendettas políticas o “convicciones íntimas” del juez, y donde finalmente la matriz mafiosa del sector quedará intacta, porque las reglas de juego seguirán siendo las mismas. Muchos ciudadanos “bienpensantes” creen que al fin la corrupción se está combatiendo con mano firme.

Pero un combate frontal contra la corrupción contiene una fórmula simple que no se plantea: la anulación del secreto bancario y de los paraísos fiscales, refugio y sostén estructural de los flujos de dinero sucio. Lo que tenemos hoy es simplemente circo para las masas.

 

Arrepentidos: el corazón del lawfare

Hace meses, ante acusaciones sobre el pago de sobreprecios en algunas adjudicaciones de obras públicas, Cristina Fernández presentó un proyecto para que el Parlamento haga una auditoría de toda la obra pública de su gobierno. El proyecto fue naturalmente desoído, porque las empresas de la familia presidencial son las principales contratistas del Estado en la Argentina. Una investigación global la pondría a la cabeza de los beneficiarios del sistema.

Nada es más saludable para la economía de un país que un saneamiento de la forma en que el Estado adjudica la obra pública, un proceso plagado en todas partes de corrupción, retornos de favores, cartelización y maniobras oligopólicas. El tema es complejo, pero posible. Sin embargo, para hacerle justicia, hay que poner la lupa sobre toda la compleja trama de relaciones entre las empresas y áreas de gobierno, y reconocer que se trata de un fenómeno sistémico que no se puede investigar a partir de “filtraciones”, delaciones cruzadas y “arrepentidos”, ya que esto implica darle vía libre al juego sucio de los más inescrupulosos, creando una industria de arrepentidos y testigos falsos que nos aleja antes que acercarnos a la verdad.

La figura del arrepentido “siempre premia al más perverso”, considera el penalista Eugenio Raúl Zaffaroni. “El arrepentido es una figura que proviene de la época inquisitorial, de la época pre moderna. No es un arrepentido, es un caradura, un delincuente que se encuentra involucrado en una causa y pelea para llevarla lo más livianamente posible”.

La figura del arrepentido es el corazón del lawfare. Por caso, el ex presidente Lula, centro de la vida política de Brasil, está preso por las “confesiones” de un arrepentido, nunca comprobadas con otras evidencias.

La mayoría de estos casos de “combate a la corrupción” -el encarcelamiento del ex vicepresidente argentino Amado Boudou, de la dirigente social Milagro Sala y otros muchos ejemplos- no resistirían la prueba de un tribunal imparcial que analizara las pruebas contemplando las garantías que siglos de evolución del Derecho han consagrado como regla.

En el futuro se reconocerá que -con todas sus culpas y pecados personales- fueron víctimas de una coordinada operación política para incinerarlos en la hoguera de la Santa Inquisición Mediática, mientras ocurre un acelerado proceso de recolonización de nuestros países. Urge un despertar masivo para detener este retroceso hacia la prehistoria.

 

Publicado el Martes, 14 Agosto 2018 21:23 Escrito por

Los cuadernos del chofer Centeno en Argentina son otro capítulo del show de “filtraciones” y “arrepentidos” que envilece la esencia del Estado de Derecho. Por qué la causa distrae a las audiencias con un falso combate a la corrupción, mientras ocurren acelerados procesos de recolonización.

 

La administración colonial de Mauricio Macri en Argentina ha desatado una nueva oleada de detenciones en base a otra megacausa judicial especialmente diseñada para su impacto mediático: los cuadernos del chofer Centeno. El relato sostiene que el chofer de un funcionario kirchnerista de segunda línea anotó pacientemente durante una década en 10 cuadernos los recorridos que hacía su jefe recogiendo sobornos de grandes empresas y entregando lo recaudado en distintos circuitos del poder político.

La causa es débil desde el principio: el chofer Centeno tiene antecedentes penales, fue denunciado por su propia esposa como extorsionador, y su credibilidad sería escasa para cualquier tribunal imparcial. Por otro lado -y esto es más grave- los cuadernos ya no existen: Centeno dijo haberlos quemado. De ellos solo quedan unas fotocopias no peritables, que llegaron a manos de dos periodistas del diario oficialista La Nación, que impulsaron la denuncia.

El procedimiento judicial correspondiente sería secuestrar esa evidencia, tomarle la declaración al chofer Centeno e investigar si los datos recogidos en los cuadernos tienen validez, y luego en todo caso citar a declarar u ordenar detenciones.

Es fácil conjeturar que se trata de cuadernos apócrifos. La calidad literaria de los escritos del chofer -repletos de detalles, comentarios y anécdotas que alimentan desde hace días la comidilla de la Santa Inquisición Mediática- no se corresponden con la escasa fluidez verbal de su presunto autor. Además, sólo un funcionario judicial despistado puede no considerar que en la sociedad actual abundan las conspiraciones y los armados de causas.

Sin embargo, el procedimiento judicial es el inverso: se procede de inmediato a ordenar decenas de detenciones y comparecencias, tanto de funcionarios aludidos como de grandes empresarios, que inician otro capítulo indecente de la crónica cacería de brujas. Los altos empresarios detenidos son liberados en pocas horas, si “colaboran” y “confiesan”.

Publicado originalmente en Diario de Vallarta:https://diariodevallarta.com/industria-del-arrepentido-lawfare/

Publicado el Domingo, 12 Agosto 2018 14:29 Escrito por
Página 2 de 10

Calle Angosta | Periódico Digital. Publicación digital con artículos de interés en diversas temáticas, con selección de textos, imágenes, audios y vídeos.

Newsletter

Suscríbite gratis a nuestro boletín. No te pierdas ningún artículo ni historia.

¡No enviamos SPAM!