Viernes, 19 Abril 2019

Los mediterráneos sanluiseños no tenemos la misma relación con los uruguayos que los porteños o los entrerrianos, por ejemplo. Esto nos complica la decodificación de chistes costumbristas que se apoyan en las particularidades de los naturales del "paisito". 

En mi caso, además de mi afecto y admiración por el músico uruguayo-mercedino Checho De Batista, siempre me causó curiosidad la inclusión del apelativo "bo" en la utilización de la segunda persona. La duda se presenta en que el "boludo" es un giro típicamente argentino; por lo que ese "bo" no podría ser su apócope.

Al mirar más de cerca los modismos uruguayos encontramos el término "botija" para referirse a los chicos. Y ahí se explica el "bo" como forma abreviada de ese botija, intercalada en las conversiones y entre mate y mate que invariablemente se encuentra en las manos y las charlas de Montevideo, Colonia y Tacuarembó.

Resuelto este medular interrogante, leemos al gran Pedro Saborido, que acaba de editar su libro Una Historia del Peronismo. De ahí compartimos unos párrafos que se agrupan bajo el titulo

MAIL DE UN URUGUAYO A OTRO

Pedro Saborido

Querido Wilson:

Te cuento que estuve en Colonia.

Fui a hacer un curso que se llama «Sea uruguayo y entienda al peronismo», que es un curso para que nosotros podamos entender al peronismo, ¿sacás?

Me anoté porque cuando en Punta del Este me encuentro con un peronista y me explica el peronismo, entiendo una cosa.

Pero resulta que después voy a Buenos Aires, me encuentro con otro peronista y me explica otra cosa.

O en realidad los dos me explican lo mismo, y la diferencia está en el peronista que me explica, y entonces parecen dos cosas distintas.

¿Me explico, bo?

Cuestión que me fui a Colonia.

El curso se hizo en el Club Plaza Colonia.

Entramos y nos invitaron a pasar a la cancha de básquetbol.

Y ahí, de pronto, veo como una gran máquina del tamaño de cuatro containers.

Dos pegados abajo y dos pegados arriba.

¿Te haces una idea?

Imaginate un container al lado de otro.

Y ahora imaginate dos, uno al lado del otro, pero arriba.

Era así, bo.

Como un Ultratón gigante.

Se le veían también unos engranajes que movían unas grúas de cuatro metros de alto, que parece que movían cosas adentro del container.

Abajo, en la punta y en el medio había una puerta.

Arriba de la puerta, un cartel que decía «Máquina procesadora de uruguayos para hacerlos peronistas».

Ese cartel me preocupó, bo.

Había una especie de azafata en la puerta.

Tenía una credencial que decía «Compañera Mirna».

—Hola, Mirna, bo —le dije

—Compañera Mirna —me corrigió sonriente.

—Hola, compañera Mirna. Bien de bien.

Veo que el cartel dice que es una máquina de hacer peronistas, pero yo no quiero hacerme peronista.

Yo quiero entenderlo nomás.

—Lo que le voy a contestar es obvio —me dijo.

Claro. Entendí que para entender al peronismo, hay que ser peronista.

Se ve que puse cara de que yo aceptaba, porque ella enseguida preguntó:

—¿Está seguro de que quiere hacerse peronista para entenderlo?

Mire que parece fácil y divertido, pero no es tan así.

—Soy uruguayo —le contesté con orgullo, dando a entenderlo todo.

La azafata peronista me abrazó emocionada.

Me acarició.

Y con ternura dijo:
—Pensaba decirle que los uruguayos son como Los Beatles.

—Ah… qué bien…

—Porque son un invento de los ingleses.

-Es un chiste.

-Como invitarlo a Buenos Aires así conoce lo que es un subte.

O decirle que yo entiendo al uruguayo, porque en una época viví en un monoambiente.

-Pero no haré esas bromas.

Veo que es un uruguayo orgulloso de su uruguayidad.

—Salado.

—Nosotros sabemos que ustedes nos odian. Pero nosotros los queremos igual.

Hasta con eso se creen superiores, bo. Muy pillada la tipa.

La azafata dejó pasar el comentario y me invitó a entrar.

—Vamos. Ingrese. Usted va a ser un uruguayo que entiende al peronismo además de ser un excelente peronista orgulloso de Artigas.

—Impecable —dije.

—Pase —me dijo Mirna

—Sí, pase —me dijo otra azafata con una credencial que decía «Compañera Nicole».

Esta no me gustó tanto.

Entré a la máquina.

Lo que ocurrió adentro fue muy imponente, bo.

Aunque me acuerdo muy poco.

Creo que al principio unos tipos nos sacaron la ropa y nos dejaron desnudos.

Y nos obligaron a comer polenta cruda.

Seguro que pasaron solo unos minutos. Pero parecían años.

Años en los cuales no teníamos para comer, trabajábamos sin día libre y un montón de señoras y señores gordos pasaban y nos miraban con asco.

La máquina funcionaba muy bien, porque realmente me sentí una mierda humana, bo.

Estaba en la hoja.

De pronto apareció una gran luz.

Algo de calma y esperanza daba esa luz.

Sobre todo porque dentro de la luminosidad aparecía una mujer rubia, de rodete.

Era Evita.

Al mismo tiempo, empezaron a aparecer mujeres reales, también rubias y de rodete.

Cada una de las mujeres te daba algo.
Ropa.
Comida.
Juguetes.
Libros.

Ya me sentía bien. Me sentía feliz.

Entonces, ahí, baja un gancho desde el techo.

Me engancha por atrás, como del forro del culo. Y me eleva.

Iba subiendo como entre nubes que no sé si eran de espumaplast (telgopor) o de polifón (gomaespuma).

Imponentes, bo. Muy lindas, bo.

Daban una sensación de estar subiendo a un paisaje hermoso.

Sí. Era una gran pradera.

Entonces apareció un hada minúscula, una especie de Campanita de Peter Pan.

Pero esta tenía, de nuevo, la cara de Evita.

Y al lado había un pequeño hado, con una remerita que decía «Hola, soy Jamandreu.

Puedes decirme Paco».

Ambos me señalaron una casita.

—Ese chalecito californiano es tuyo —me dijo el hada.

La grúa otra vez me elevó y me metió en la casa.

Adentro había un gran asado.

Un montón de hombres y mujeres con mameluco cantaban y reían.

Por la ventana se asomó un gran cerdo.

—Hola. Soy el Patrón Cerdo Burgués. Vengo a pedirles que no festejen tanto.

—No nos moleste —le dijo una mujer—, estamos divirtiéndonos
y disfrutando de la vida con el 50 por ciento del PBI que nos toca.

—¡Claro! Y mañana van a hacer huelga para obtener más, ¿no?

—Agradezca que es así.

La tercera posición le perdona la vida.

Agradezca que no viene el comunismo y le saca todo, burgués explotador.

—Yo no tengo problemas, si quieren me hago cargo —dice un Lenin de goma que aparece al lado del cerdo.

—¿Y qué tal si hablan conmigo? —dice un Bruce Willis, también de goma, que levanta una bandera de Estados Unidos.

Muchos de los peronistas se dan vuelta y agachándose les muestran los glúteos.

Otros se ponen la mano en la entrepierna ofreciendo burlonamente sus genitales.

—¡Tomen de acá, imperialistas de uno y otro lado del arco ideológico! —les gritan entre risas.

Todo era alegría y felicidad.

Luego, el guinche me volvió a elevar y yo pude ver desde arriba tres generaciones de mi descendencia: estaban bien, con salud y trabajo.

Y entonces sonreí.

Y me sentí peronista.

El guinche me bajó.

Y salí de la máquina.

Ahí en la cancha de básquetbol, me encuentro con Nelson, otro uruguayo.

Le cuento que gracias a lo que vi y sentí, me hice peronista.

Él me dijo que también vio lo mismo. Que la pasó muy bien.

Pero que no sentía que tenía que hacerse peronista.

Y mucho menos agradecerle algo.

Es más: que le parecía demasiado lo que daba.

Que no había que recibir tanto sin tanto esfuerzo.

E incluso, en el caso de él mismo, eso que recibía era menos de lo que merecía.

Y que le daban a los bichicomes (vagos o cirujas) y todo eso.

Increíble: apenas me hice peronista y ya me encontré con uno que recién se había hecho gorila.

Se ve que la misma máquina que hace peronistas también hace gorilas.

Según a quién agarre, claro.

De pronto, se escucharon tiros.

—¡La cana! ¡La cana! —gritaron algunos.

La Guardia de Infantería entró al club y empezó a los palazos.
Gases, caos, balas de goma.

—¿Usted es peronista? —me preguntó un cana; y antes de que le contestara me pegó un bastonazo en la boca.

Vi cómo se llevaban a Mirna, una de las azafatas de la puerta de la máquina.

Pero también vi a la otra, a Nicole.

—¡Ese! ¡Ese también es peronista! —gritaba Nicole marcando gente en medio del desbande.

Como pude me puse al costado.

No entendí por qué, si estábamos en Colonia, Uruguay, había entrado la Guardia de Infantería de Argentina.

—Muy simple —me dijo un peronista mientras arrancaba una puerta para hacer una barricada—. Esto es parte del curso.

—¡No! ¡Yo recién salí de la máquina de hacer peronistas!

—No crea. De una máquina de hacer peronistas nunca se sale.

Así que, Wilson, ligué unos cuantos palazos más y después, como pude, me fui a Montevideo.

Ahora estoy bien.

Con la patrona y los gurises.

También me compré un loro para enseñarle a gritar «¡Viva Perón!»

Por supuesto aprendió y dice «¡Viva Perón, que no ni no!», porque es un loro uruguayo.

Nos vemos el martes para ir al puerto y disfrutar de una pamplona, un choto y un medio y medio y escuchar discos de Jaime Roos, Rada y Fattoruso.

Imponente.

Me voy a poner los championes.

 

Nota: Wilson. Por ahí ves que exagero un poco mi escritura uruguaya. Lo hago conscientemente para no dejar ni por un momento de ser uruguayo, ahora que soy peronista, bo. Salado.

Publicado el Martes, 05 Marzo 2019 13:28 Escrito por

Foto: Jesús Daniel Chilo - Texto Lucio Albirosa

No es una cárcel aunque la foto se asemeja a ella por tanto hierro separatista. No es un beso al final de la visita pero se parece por el intento penúltimo de alcanzar la mano del ser amado. 

Los de adentro no han delinquido, a ellos les quieren robar la dignidad. Esta es una historia real, la foto también. Sucede desde ayer, desde hoy y sucederá mañana, lamentablemente. Corre un látigo de enero sobre un ultrajado 2019, los relojes y las horas atestiguan el sudor, las lágrimas e ilusiones que jamás serán vanas.

Son los empleados de Sport Tech resistiendo al cierre de la fábrica y al vaciamiento de la misma. Ellos, adentro, resisten el tanto despido masivo. Sus familias, afuera y bajo el frío, también.

"No es Francia ni Grecia ni Chicago a punto de arder. Es Villa Lynch, San Martín, Bs As: sito en la bendita Argentina a la que ni los santos de turno pueden salvar, por el momento".

Todos resisten. Toditos quieren soñar despiertos que pisan la tristeza, la urgencia y la tanta burla hacia un pueblo herido.

En la cintura quebrada de la tarde, una niña deja su aliento al padre con un beso callado que nos dice todo y más. La herrumbrada ventana aún nos muestra la última esperanza y eso llamado "lucha" desde que existe la siempre cruel tiranía.

Mañana vuelvo a visitarte- dice la niña a su padre. 

Y nuevamente todo parece una cárcel con horarios de visita y sentencias injustas sobre la vida, que parecen nunca acabar.

Publicado el Domingo, 27 Enero 2019 13:13 Escrito por

La propaganda de Gillette sobre la masculinidad tóxica ha traído una gran polémica...están los machos ofendidos que dicen que ellos no son eso...no hacen eso… y también sectores feministas y filofeministas que observan con cierta desconfianza este tipo de deconstrucción…

Cuenta Ritxar Bacete en su libro Nuevos hombres buenos. La masculinidad en la era del feminismo (Península, 2017), que trabaja en una consultora multinacional española llamada Promundo Global y relata que Unilever, empresa multinacional productora de AXE desodorantes para hombres ha contratado a esta consultora para estudiar la deconstrucción masculina en tiempos del feminismo de la cuarta ola.

Axe tiene una gran trayectoria en producción de propagandas con un alto contenido misógino, machista y violento, quienes trabajamos estos temas nos hemos nutrido de estos videos para mostrar las naturalizaciones de la desigualdad y “las expresiones más rancias del sexismo, la cosificación de las mujeres, heteronormado y estereotipado”. (Bacete R. 2017:125).

Hace un tiempo Avon, la compañía de cosméticos, realizó una campaña similar exponiendo escenas de ruptura de esa complicidad masculina que se ríe de los chistes sexistas, comparte imágenes y videos, y/o naturaliza desigualdades y discriminación basadas en el género.

Adjunto los videos que muestran ambas situaciones, la de Gillette y una producción de Unilever y AXE –que uno supone es resultado de lo trabajado en España- que ponen en tensión esto de ser varones en estos tiempos. Los de Avon seguramente han sido ya vistos, de todos modos, también pueden verse al final de este texto.

Todo esto ocurre en el mismo momento en que se comete el décimo femicidio en los 16 días que van del año 2019, de modo que, debemos pensar en cuáles son las condiciones de producción de ambos fenómenos en el mismo tiempo real…uno destinado a pensar la masculinidad –aun con sospechas- y el otro a reforzar la desigualdad que culmina en violencia, asesinatos, femicidios, feminicidios.

El patriarcado, si bien existe antes de la consolidación del capitalismo como sistema –no solo económico, sino también político, social, cultural e histórico- se convierte en su brazo más politizado. Trataré de ser breve en esta lectura. Dos fenómenos fundan la consolidación del capitalismo como sistema, no solo económico, sino social, cultural, político e histórico. Uno de ellos tiene que ver con la “acumulación originaria” en el plano de lo económico, y el otro con la “acumulación de cuerpos dóciles”, en el terreno de lo político. Ambos remiten a la idea de cuerpos, en tanto, expresión de la vida social construida a través de mecanismos de poder traducidos en biopolitica y biopoder. (Foucault M. 2001)

El sistema capitalista, en su centralidad económica y desde una concepción marxiana, establece la lucha de clases como el fenómeno intrínseco de su desarrollo, quienes se enfrentan son los dueños de los medios de producción por un lado y los dueños de la fuerza de trabajo por el otro. Esta relación se presenta como absolutamente desigual y asimétrica. Desde el punto de vista cultural, se proyecta esta misma situación en lo expresado como acumulación de cuerpos dóciles, y fundamentalmente en el plano de la perspectiva de género, desde la relación de desigualdad que se establece entre hombres y mujeres.

Esta lectura del fenómeno tiene por objetivo pensar que capitalismo y patriarcado no solo se retroalimentan y se sostienen, sino fundamentalmente son la misma cosa. Al respecto, Celia Amorós lo define como un pacto entre varones interclasista, en el que se apropian del cuerpo de las mujeres, como propiedad privada. Sostiene textualmente: “Podría considerarse al patriarcado como una especie de pacto interclasista, metaestable, por el cual se constituye en patrimonio del genérico de los varones en cuanto se auto-instituyen como sujetos del contrato social ante las mujeres –que son en principio las “pactadas”. Esto dicho así es muy esquemático [...] Pero en principio el patriarcado sería ese pacto –interclasista- por el cual el poder se constituye como patrimonio del genérico de los varones. En ese pacto, por supuesto, los pactantes no están en igualdad de condiciones, pues hay distintas clases y esas diferencias de clases no son ¡ni mucho menos! Irrelevantes. Pero cabe recordar, como lo hace de forma muy pertinente Heidi Hartmann, que el salario familiar es un pacto patriarcal entre varones de clases sociales antagónicas a efectos del control social de la mujer” (Amorós, 1994: 27).

La misma autora en La gran diferencia y sus pequeñas consecuencias... para las luchas de las mujeres (Cátedra, 2005) agrega que el patriarcado sea metaestable significa que sus formas se van adaptando a los distintos tipos históricos de organización económica y social, preservándose en mayor o menor medida, sin embargo, su carácter de sistema de ejercicio del poder y de distribución del reconocimiento entre los pares.

Por ello el movimiento feminista aparece como el único interlocutor válido que propone la transformación social en serio porque apunta a las raíces de la desigualdad. En este escenario de conflictividad social aparecen todas estas manifestaciones: Empresas y  conglomerados multinacionales proponiendo revisiones sobre la masculinidad, exponentes de esa masculinidad enojados, sectores conservadores de la sociedad que piden que no se metan con sus hijos (sic), esos mismos sectores solicitan educación sexual en valores –el silencio parece ser un valor para ellxs- encuentros feministas de más de treinta años de recorrido, encuentros de varones antipatriarcales que desde hace 6 años se vienen realizando y cada vez toman más fuerza –desde hace tres años es latinoamericano- entre otras cosas.

Es una batalla cultural, política y social y en ese contexto todo suma, habiendo reconocido el rol performativo de la socialización en todos sus formas para la consolidación y naturalización de roles y estereotipos de género que Avon, Gillette y Axe lo pongan en escena de medios de comunicación y redes sociales aporta, aún con sospechas, desconfianzas y descreimiento.

Ariel Sanabria
Lic. en Trabajo Social
Docente Investigador
Hospital Dr. Suárez Rocha
Villa Mercedes - San Luis

Publicado el Sábado, 19 Enero 2019 10:43 Escrito por

La aventura soñada y planificada durante dos largos años, esta en pleno desarrollo.

La mercedina Analia Garcia se encuentra hace ya una semana, en suelo Africano, como parte del viaje cuyo objetivo es la construcción de dos aulas en escuelas rurales de Mozambique.

Hoy domingo 13 de Enero el grupo de voluntarios ( Analia y seis rosarinos) finalmente llegaba a Maputo, capital del pais africano. Anteriormente a esto, una breve estadía en Johanesburgo y luego una visita a Suazilandia ( pequeño pais lindante con Mozambique) formaron parte del intinerario que han realizado el  grupo de argentinos.

Esta iniciativa forma parte las actividades realizadas por la ONG Somosdelmundo.org tendientes a colaborar en la construcción de aulas en escuelas de zonas rurales en Mozambique.

Analia apeló a la colaboración de la sociedad mercedina en la compra de un Bono Contribución que sirvió para solventar parte del gasto que implica un viaje que a lo largo de casi un mes va a permitir que una mercedina realize una tarea solidaria a imitar.

Publicado el Domingo, 13 Enero 2019 18:03 Escrito por
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