Sábado, 17 Abril 2021

De la carencia nacidos

Publicado el Miércoles, 03 Marzo 2021 12:48 Escrito por Nicolás Jozami

Sobre Prendas, de Pablo Dema

Editorial Deacá

Villa Mercedes, 2020

En Prendas, último poemario publicado del escritor Pablo Dema, encontramos un Séneca laico. Sus poemas casi narrativos pueden leerse como máximas, pero con una particular virtud: en ellos se describe la búsqueda que el yo lírico establece con un afán nada generalizador; Dema invoca, apela, pero sin moralizar su sentir. Varios poemas son latigazos de autoconmiseración que no pierden su objetivo. En “El resentido” leemos: “Y al final hundiste la mano hasta el fondo de tu alforja.//Quisiste pagar la promesa/de una vida de apacibles ceremonias/con tu única dote verdadera./Ahora te veo estático con la mano tendida./Veo el brillo de tu soberbia moneda,/veo cómo arde tu palma,/cómo te quema”. La voz es un Judas que reflexiona sobre su condición.

El volumen tiene cuatro secciones: “Gallo ciego” “Gacelas hermanas”, “Caligramas” y “Polis”. En el poema “Caracoles en la playa”, de la primera sección, brota la contradicción de la empresa humana. Un absurdo hecho de carne y tesón, mientras la vida “sucede”. Unos chicos buscan caracoles “Pero no hay búsqueda sin apremio/ni sol capaz de alumbrar el fin de la tarea”. El poema cierra con un verso memorable, y que puede ser epítome del libro: “Carencia, gema dorada, de vos nacemos”. En “El inquisidor”, se habla a los demás, pero con el recurso de un yo lírico pivoteando en la esencia personal, que se interroga y da cuenta de lo que es, aunque distribuye su inquietud como si inoculara la temblorosa duda: “¿Creíste sentir entonces/la vacuidad sin forma…?”.

En “Gacelas hermanas”, de la segunda parte, aparece el poema “Peras”, al que la ilustración de tapa le rinde homenaje. El poeta quita mérito a la paciencia en el amor, en la comprensión, “ese mísero báculo para los perdidos”. Y pese a que el brillo del fruto inesperado llega y atraviesa a los personajes, Dema dispara: “Los años pasaban pero no aprendíamos,/crecimos de golpe cuando todo estalló: quienes todavía viven con miedo/ignoran que las ilusiones muertas/perduran como una serena fuerza/que nunca se acaba”. El exilio (de un Séneca laico) de toda empresa humana es anunciada por el poeta; una serena fuerza que no termina. Y bucear en esta condición de las relaciones coloca al volumen en la senda de problematizaciones contemporáneas sobre el relativismo de cómo vivir las “grandes verdades”: familia, amor, amistad”: “¿Qué damos al final, qué queda/de los rituales de cercanía/sobre los goznes chirriantes de rencor?”

En la tercera sección, noto -o intuyo- que el pulso temático del autor abreva en los poetas italianos Cesare Pavese pero más aún en Giuseppe Ungaretti. Y aún de uno anterior a los dos mencionados, de inicios del siglo XX, Giovanni Pascoli, quien en uno de sus breves poemas titulado “Otrora”, escribe: “Otrora…en un tiempo lejano/He sido feliz, no ahora:/¡más cuánta dulzura me llega/De tanta dulzura de otrora!...” Dema esculpe en “La falla de los poetas”: “Hacia lo recóndito la voz de los poetas cava adelgazándose/hasta que se corta ese hilo a borde de un clamor quedo./Ellos piden perdón cuando se quiebran,/pero sólo en ese parpadeo se aprecia/la materia frágil del mundo”.

“Polis”, última sección del poemario, trae nota aclaratoria al final: una primera versión del texto fue escrito por el autor ante la desaparición de Santiago Maldonado, en 2017. Luego redactó, un año después, los fragmentos en cursiva que adosó a este poema inicial forjado al calor de lo sucedido.

La idea de “cuerpo” forma parte del folklore político argentino (de sus capítulos más oscuros: basta pensar en Eva Perón o en Jorge Julio López, entre tantos otrxs); Dema aquí plasma siluetas que se enfundan en cuerpos, y utilizando intertextos entrelaza nombres de poetas con diversos y sufrientes destinos ante su clamor por la justicia y la verdad, atropellos sufridos en gobiernos dictatoriales y democráticos. “Te conocimos cuando dejamos de no verte/desesperados de repente”, escribe el autor, en un ars poé(lí)tica contundente. “…es imposible no escribir necesario escribir”, prosigue, en clara voluntad de grito.

Prendas es un volumen donde se puede palpar la sensación de que “todo tarda demasiado”, pero con diáfanos deslumbramientos en medio de la carencia cuya tormenta nos arranca las raíces. Tengo para mí que esa es la materia prima de Prendas. “…sol y rostros nuevos, ¡oh, tan hermosos!/tan parecidos desde el aire a pétalos”.

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