Miércoles, 03 Junio 2020

Al virus patotero, unos versitos

Publicado el Martes, 07 Abril 2020 08:33 Escrito por Guillermo Saavedra *
El “bullying” existió siempre, aunque antes lo llamábamos “tomar a alguien de punto” y, años más tarde, “gastar al otro”. Crecí en un barrio de comunidad amontonada desprolija y alegremente al interior de una manzana: la Colonia Obrera de Nueva Pompeya. En ese contexto, uno no salía de su casa a la vereda sino a amables corredores internos que confluían en un centro de manzana dominado por una torre y refrescado por paraísos que expelían unos coquitos verdes, primeros proyectiles de nuestras guerras.
 
Mi querido amigo y vecino Darío Piacquadio y yo éramos víctimas preferidas en incontables e ineludibles refriegas: éramos los más chicos de una barriada donde abundaban los grandulones sádicos, propiciadores de escenas que bien podría haber pergeñado Osvaldo Lamborghini. Entre las peores humillaciones, estaba la de ser echado al suelo boca arriba por el más patotero, que nos clavaba la rodilla en el pecho mientras otro nos apretaba con fuerza los testículos y los demás nos desafiaban: “¡A ver… chiflá… dale… chiflá…!”. Quien lo ha padecido sabe que es imposible emitir el menor silbido en esa situación.
 
Me llevó tiempo descubrir que, frente a la superioridad física y numérica de la patota, yo tenía un arma poderosa que, además, podía esgrimir a distancia: la facilidad de palabra. Cuando descubrieron que yo era capaz de desnudar sus propias debilidades, su crasa estupidez, coronándola con un apodo que dolería y duraría más que cualquier bravuconada de ellos, dejaron de molestarme e incluso comenzaron a respetarme.
 
En estos días, cada vez que salgo de casa a hacer una compra tengo el mismo temor irracional que en mi infancia: ahora, el miedo es a que una caterva de virus pendencieros me arroje al piso y me haga chiflar sin que mis pulmones, atiborrados de ellos, puedan exhalar un miligramo de aire. Por eso improvisé estos versos, a ver si este camorrero con coronita arruga y deja de jodernos de una vez la salud y la paciencia:
 
Minúscula porción de vida incierta,
viviendo tu parásita existencia
sin voluntad, ni ideas, ni conciencia,
entrando en todos sin golpear la puerta,
 
dejando a tantos mal, culo p’arriba;
revirada amenaza protegida
por proteínas, pústula homicida,
virulenta pulsión de mierda activa;
 
basta ya de vivir a nuestra costa,
basta ya de asustar al veterano
e infectar al vecino y al hermano,
 
pedacito de miedo, escasa bosta:
perderás el ojete en la Argentina,
a fuerza de aislamiento y lavandina.
 
Visto 232 veces Modificado por última vez en Martes, 07 Abril 2020 08:48
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