Domingo, 20 Octubre 2019

El ‘Palpati’ y su labor de tocarle los testículos al Papa

Publicado el Lunes, 21 Enero 2019 14:01 Escrito por

Desde que Pedro inició la figura/función de papas, este puesto ha sido admisible única y exclusivamente para los hombres. Sin embargo, a lo largo de los años han surgido varias algunas singularidades, como fue el caso de la Papisa Juana.

Los relatos sobre la papisa sostienen que Juana, nacida en el 822 en Ingelheim am Rhein, cerca de Maguncia, era hija de un monje. Según algunos cronistas tardíos, su padre, Gerbert, formaba parte de los predicadores llegados del país de los anglos para difundir el Evangelio entre los sajones. La pequeña Juana creció inmersa en ese ambiente de religiosidad y erudición, y con el apoyo de su madre y a escondidas de su padre, tuvo la oportunidad de poder estudiar, lo cual estaba vedado a las mujeres de la época. Juana pudo aprender griego, lo cual le permitía leer la Biblia, que por aquella época estaba traducida a muy pocos idiomas.

Puesto que solo la carrera eclesiástica permitía continuar unos estudios sólidos, Juana entró en la religión como monje copista, bajo el nombre masculino de Johannes Anglicus (Juan el Inglés); según Martín el Polaco.  

Siempre disimulando hábilmente su identidad, fue bien recibida en los círculos eclesiásticos, en particular en la Curia. A causa de su reputación de erudita, fue presentada al papa León IV y enseguida se convirtió en su secretaria para los asuntos internacionales. En julio de 855, tras la muerte del papa, Juana se hizo elegir su sucesora con el nombre de Benedicto III o Juan VIII. Dos años después, la papisa, que disimulaba un embarazo fruto de su unión carnal con el embajador Lamberto de Sajonia, comenzó a sufrir las contracciones del parto en medio de una procesión y dio a luz en público. Según Jean de Mailly, Juana fue lapidada por el gentío enfurecido. Según Martín el Polaco, murió a consecuencia del parto.

Fuente: Wikipedia

Siguiendo la leyenda, se cuenta que el Vaticano -para evitar la repetición de estos inconvenientes- creó la figura del Palpati. un hombre que -literalmente- palpaba los testículos del Papa para comprobar su veracidad como hombre.

Aunque utilicen una especie de falda, los más de 250 Papas que desde sus inicios han ocupado un puesto en el Vaticano han sido hombres. Oficialmente, si verificamos la historia, desde Pedro hasta nuestros días no encontraremos ni a una sola mujer con este título, pero...

Extraoficialmente, la historia de la Iglesia nos cuenta la existencia de la Papisa Juana, una mujer que entre los años 855 y 857 se hizo pasar por hombre y logró ser elegida Papa, presuntamente con el nombre de Benedicto III.

Su historia como Papa terminó luego de que esta fue descubierta debido a su supuesto embarazo.

¡¡UN PAPA PARIENDO EN LA SILLA DE SAN PEDRO!!

Eso era totalmente inconcebible, así que para evitar tales sacrilegios el Vaticano instauró la figura del Palpati, un individuo -el cual obviamente debía ser varón- quien la única tarea de tocar y manosear los testículos del recién nombrado Papa, para así poder dar fe de que efectivamente era un hombre con todas las de la ley.

“Duos habet et bene pendentes”  (tiene dos y cuelgan bien)

Esa era la frase que pronunciaba el Palpati tras comprobar que testículos existían y estaba todo bien con ellos. Esto lo realizaba un joven diácono el cual introducía su mano por un agujero de la sedia stercoraria -un asiento diseñado para esta tarea y en el que el recién elegido se sentaba-, a través de un segundo agujero de la misma, este dejaba colgar su escroto.

Si todo estaba en su sitio, el toca-testículos pontífice gritaba con voz alta la frase “¡Duos habet et bene pendentes!” a lo que los cardenales presentes respondían al unísono y aliviados

“¡Deo Gratias!” (Gracias a Dios)

Como dato extra, podemos destacar que según varias fuentes la ceremonia de la comprobación viril del Papa fue suprimida por Adriano VI entre 1522 y 1523, lo que vendría a significar que de forma oficial 114 Papas y 228 testículos fueron sobados y tocados durante los siete siglos que duró aquella extrañísima costumbre.

Sin embargo, algo que confunde esta teoría son las ilustraciones realizadas por Lawrence Banka, las cuales muestran la realización de esta ''prueba de masculinidad'' al Papa Inocencio X, elegido en el año 1644.

(La sedia stercoraria se expone en el Museo Vaticano para la observación de todos sus visitantes).

Respuestas a la leyenda

Todos estos ataques llevaron al erudito Onofrio Panvinio, monje agustino, a redactar en 1562 la primera refutación seria de la leyenda, en su Vitæ Pontificum (‘vida de los papas’). En el siglo XVII, los luteranos se unieron a sus argumentos.

En 1886, el griego Emmanuel Royidis publicó La papisa Juana, que vino a relanzar el mito. Antes, Petrarca se había visto atraído por la leyenda. En el siglo XX se interesaron por ella otros escritores, como Lawrence DurrellRenée Dunan o Alfred Jarry.

Las pruebas principales del carácter enteramente mítico de la papisa son:

  • Ninguna fuente histórica contemporánea entre las historias de los papas tiene conocimiento de ella; tampoco se hace mención de ella hasta la mitad del siglo XIII. Resulta increíble que la aparición de una papisa, si hubiera sido un hecho histórico, no hubiera sido notada por ninguno de los numerosos historiadores de entre los siglos X y XIII.
  • En la historia de los papas no hay lugar en donde encaje esta figura legendaria. Entre León IV y Benedicto III, donde Martinus Polonus la coloca, no es posible insertarla porque León IV falleció el 17 de julio del año 855 e inmediatamente después de su muerte Benedicto III fue elegido por el clero y por el pueblo de Roma; solo que a causa del advenimiento de un antipapa en la persona del cardenal depuesto Anastasio, Benedicto III fue consagrado hasta el 29 de septiembre. Existen monedas con las imágenes de Benedicto III y del emperador Lotario I, quien murió el 28 de septiembre del año 855; por lo tanto, Benedicto III debió haber sido reconocido como Papa antes de esta fecha; el 7 de octubre del año 855, Benedicto III emitió una carta para el monasterio de Corbie. Hinemar, arzobispo de Reims, informó a Nicolás I de que un mensajero que había enviado a León IV se enteró de la muerte de este Papa y por lo tanto dirigió su petición a Benedicto III, quien la resolvió (Hinemar, ep. xl in P.L., CXXXVI, 85). Todos esos testigos prueban que las fechas dadas en las vidas de León IV y Benedicto III eran correctas y que no hubo interrupción de la línea de sucesión entre estos dos papas, de modo que en este lugar no hay espacio para la supuesta papisa.
  • Más adelante es aún menos probable que una papisa pudiera insertarse en la lista de papas cercanos al año 1100, entre Víctor III (1087) y Urbano II (1088-1099) o Pascual II (1099-1110) como se sugiere en la crónica de Jean de Mailly.

Sin embargo, en el libro "El Segundo Mesías" de los autores Christopher Knight y Robert Lomas (traducción de Marisa Abdala), pag. 70, se dice: "Aunque no existen pruebas que puedan demostrar que esta historia es cierta, la Iglesia misma dio fe de ella plenamente, al igual que el público en general. Todavía aparece en una hilera de bustos en la catedral de Siena, con la inscripción Johannes VIII, femina ex Anglia (papa Juan VIII, mujer inglesa)". Poco antes en ese mismo libro se da otra explicación para la carta arcano nº 2 del tarot, identificándola no con la ramera de Babilonia, sino con María Magdalena, que según descubrimientos templarios habría sido la 1ª papisa por delegación directa de Jesucristo.

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