Miércoles, 21 Noviembre 2018

“EL SUBSUELO DE LA PATRIA SUBLEVADO”

Publicado el Jueves, 18 Octubre 2018 06:50 Escrito por Guillermo Saavedra

Hace 73 años, alimentada con la voluntad, la lucidez y la esperanza de millones de cabecitas negras, de descamisados, de grasitas, tejida con la paciencia y la determinación de los que no tienen nada que perder, con el desparpajo hormigueando en la alpargata, bajo el delantal o el mameluco durante décadas de ninguneo, de desprecio, de exclusión, de humillaciones y despojos, nacía una forma de la política que era algo más que la acción de los partidos, algo distinto de los cotilleos de comités y de las peroraciones enjundiosas de los mítines y las campañas insufladas de fraude patriótico y cajetilla.

Un modo de reconocerse y de sentirse incluido, de autorizar la carcajada, el canto y la alegría, de restañar la herida cifrada en la “fórmula famélica de masa” de la que habló César Vallejo.

Una modalidad que hizo de la vida en común, por primera vez, la fiesta de los morochos, que un admirable autor bifronte impugnó llamándola, con alevoso e inspirado desdén, la fiesta del monstruo. Porque esa monstruosidad era precisamente aquello que la oligarquía se empeñaba en que no se mostrara, ocultándola y silenciándola como una vergüenza o una deformidad mientras que era, en verdad, una manera más ancha de pensar la justicia, la libertad y la soberanía.

La justicia de desear lo que cualquiera, la libertad de desear sin retaceos, la soberanía de acceder, jubilosamente, a la dimensión en la que el deseo puede encontrarse con su objeto.

Esa fuerza articulada, esa convicción despierta, ese auto reconocimiento orgulloso, se llamaron desde entonces peronismo. Y, aunque ligados para siempre a quien los hizo posibles, no tienen que ver solamente con lo que Perón fue sino también, y sobre todo, con lo que todos los ninguneados de la historia supieron ver en él, enriqueciéndolo, transformándolo, comprometiéndolo a ser, más que un líder carismático y visionario, el garante de una posibilidad que nunca se cumple del todo, que siempre está germinando en nosotros a la espera de su fructificación.

En medio de la pesadilla de estos días, conmemorar esa fecha implica no solo recordar un origen sino también imaginar los medios para volver a rescatarlo como un futuro posible.

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