Domingo, 28 Febrero 2021

En el sufrido terruño planetario, ¿qué se pudo aprehender de esta pandemia? Una lección sería que, independiente de cómo finalice, se podría esperar que represente la separación entre antes-y-después. Si algo tuviese de positivo (valga la valoración esperanzada), quizás se inicie una etapa "post-neoliberal". Muchos hechos del pasado y del presente apoyan esta perspectiva, como las declaraciones de los impresentables Donald Trump, Boris Johnson y otros colegas europeos, fieles a la falsa dicotomía al priorizar la economía a la salud. O bien, en otra geografía y como parodia de “rudos aprendices”, Jair Bolsonaro, Sebastián Piñera and Company, al subestimar la pandemia como simple gripezinha y proponer vencerla con rezos o tragando tóxicos brebajes, mientras siguen apostando al mercado, sin haber descubierto aun que la economía es una ciencia social (17, 18).

Publicado en Análisis
Domingo, 04 Octubre 2020 06:57

El negocio de las bananas

Hace más de treinta años se publicó el resultado de una investigación realizada en una Universidad holandesa. El artículo se tituló “De banaan wordt bespreekbaar”, algo así como "Negociando por bananas". El experimento se realizó en una institución dedicada a estudiar el comportamiento animal. Particularmente en este caso, monos.

Disponga una jaula con monos. Cuelgue un cacho de bananas en el techo de la jaula, y ponga debajo una escalera. No pasa mucho tiempo antes de que un mono suba a las escaleras hacia las bananas, pero tan pronto como pone un pie en la escalera, todos los monos son rociados con agua helada.

Luego de un rato, o bien el mismo mono o alguno de los otros hace otro intento con el mismo resultado: todos los monos son rociados con el agua helada apenas uno de ellos toque la escalera. Cuando este proceso se repite un par de veces más, los monos ya están avivados. Y en cuanto alguno de ellos quiere intentarlo, los otros tratan de evitarlo. Si hace falta: a los golpes.

Una vez que llegamos a este momento, retire uno de los monos de la jaula, y sustitúyalo por uno nuevo (que obviamente no participó del experimento hasta este momento). El nuevo mono ve las bananas e inmediatamente trata de subir por las escaleras. Para su horror, todos los demás lo atacan. Y obviamente se lo impiden. Luego de un par de intentos más, el agredido ya aprendió: si intenta subir por las escaleras, lo van a golpear duro.

Luego, se repite el procedimiento: se retira un segundo mono y se incluye uno nuevo otra vez. El recién llegado va hacia las escaleras y el proceso se repite: no bien la toca (la escalera), es atacado masivamente. No sólo eso: el primer "mono suplente", que había entrado justo antes que él (que nunca recibió el chorro de agua helada) se suma a la paliza con gran entusiasmo.

Un tercer mono del grupo original es reemplazado y no bien intenta subir las escaleras, los otros cinco lo golpean, impidiéndoselo. Anote: dos de los monos que lo golpean no tienen ni idea del porqué uno no puede subir las escaleras.

Se reemplaza un cuarto, luego el quinto y por último, el sexto, que a esta altura es el único que quedaba del grupo que estaba involucrado desde el principio, o sea que era el único que había recibido el agua helada. Ya no queda ninguno que haya experimentado el episodio del agua y en consecuencia, ninguno experimentó la ´represalia de intentar subir la escalera para ir por las bananas. Sin embargo, una vez que el último lo intenta un par de veces, y es golpeado furiosamente por los otros cinco, ahora queda establecida la regla: no se puede subir por las escaleras. Quien lo hace se expone a una represión brutal. Sólo que ahora ninguno de los seis tiene argumentos para sostener tal barbarie.

¿Será posible que los seres humanos nos comportemos -cada vez que decimos a alguien que esto o aquello "se hace así, porque siempre se hizo así"- como los monos de la jaula de la escalera y las bananas colgando del techo? 

Publicado en Curiosidades
Lunes, 07 Mayo 2018 00:03

A profundizar la grieta

Los hechos de la semana pasada nos pusieron a todos a pensar. Algunos en los créditos, otros en el sueldo, otros en las tarifas otros (los menos) en los buenos dividendos que consiguieron con los vaivenes económicos recientes.

Un país con 35 años de democracia, debería reflexionar de otra manera. De la Dictadura hacia acá, sabemos bien que la grieta entre el pueblo y la oligarquía siempre existió. Con características propias y diferenciadas respecto a, por citar alguna, la oligarquía de fines del Siglo 19. Supongamos también que los intereses de unos y otros son genuinos. Ahora bien.

Entiende la sociedad argentina del peligro que significa para el conjunto poner a esa oligarquía egoísta al frente de los destinos de la patria?

Efectivamente en algunas cosas son muchos más efectivos que las organizaciones populares, los partidos políticos y los demás actores del todo social. No se preocupan por la historia, los sentimientos, las ideologías. Son un equipo bien articulado de comerciantes dispuestos a hacer negocios. Entre bueyes no hay cornadas.

Natalio Botana, politólogo argentino en las antípodas de mi pensamiento, da esta definición inicial de qué es la oligarquía. Realmente podemos dejarla del lado al momento de categorizar al actual gobierno argentino?.

“Hay oligarquía cuando un pequeño número de actores se apropia de los resortes fundamentales del poder y además está localizado en una posición privilegiada en la escala de la estratificación social.”

Por eso el título del artículo, la grieta existe y la debemos profundizar. Entre los que somos pueblo, los que queremos un país hermanado, pacificado y solidario que quiere y respeta al otro, al vecino, al compatriota. No un país sumergido en la pobreza y el individualismo de una oligarquía adicta a la especulación financiera.

Publicado en Opinión

Calle Angosta | Periódico Digital. Publicación digital con artículos de interés en diversas temáticas, con selección de textos, imágenes, audios y vídeos.

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