Viernes, 18 Octubre 2019

Ezequiel Gatto es Docente, investigador, traductor, licenciado en Historia y doctor en Ciencias Sociales. Integra el Grupo de Investigación en Futuridades (Editorial Casagrande, noviembre de 2018) en el que intenta improvisar un cambio en eso que damos por llamar futuro. Ensayar otras categorías desde donde pensar futuros diferentes y alcanzar algunos más respirables.

Ya en los 70, Roque Dalton veía cómo el enemigo se había vuelto complejo, incluso nos rebasaba en muchos terrenos: la revolución científico-técnica del imperialismo, la ideología de esa revolución y la ideología de la gran sociedad desarrollada. Además, pedía aceptar esa complejización y ser audaces en los movimientos de contraposición. Desde esos días al presente, las noticias del avasallamiento no mejoraron y el panorama que nos trae Futuridades  no deja de ser sombrío. No obstante, no agotado, no cerrado, no concluido.

El punto de inicio es que el término Futuro, como lo veníamos pensando hasta ahora, está siendo controlado por el capitalismo financiero desde hace un tiempo largo a través de la complejización científico-técnica. Ese "improvisar" apuntado en el primer párrafo no significa no tener una línea determinada sino moverse, repensarse, rescatar lo rescatable, para volver a intentar derribar las barricadas que el enemigo levanta en las salidas del hoy.

Una verdadera audacia, como pedía Dalton.

APU: La pregunta obligada para empezar es ¿de qué hablamos cuando hablamos de futuridad?

Ezequiel Gatto: Lo considero un concepto abierto, podríamos decir en formación, una idea que voy modelando, al ir esquematizando nuevos elementos que se incorporan. Dicho esto, entiendo el concepto de futuridad como una condición ontológica, es el nombre que le puse a una tendencia irreversible hacia un porvenir. Esto no quiere decir inexorable ni previsible ni fatal. Ser es devenir, y futuridad es el intento de agarrar algo de ese devenir. Obviamente, en ese acto tomo una posición. Es una idea ambiciosa (aunque prefiero fracasar en esa ambición) de cómo pensar el devenir.

 

APU: Hay otros dos términos que van de la mano, que son el de futurización y futuridad…

EG: Algo que pensaba mientras hacías la pregunta era que no aclaré por qué hablo de futuridad y no de futuro. La categoría de futuro tiene un valor político y cultural decisivo para la modernidad, es decir, es una categoría articuladora de ese momento social. Pensada en el registro de una línea de tiempo en el cual ese futuro siempre está por delante y dotado de una figura visualizable. El futuro es el elemento que caracteriza el vínculo de la futuridad de la modernidad. Esa categoría conlleva un juego ambiguo y confuso: postula como un universal antropológico lo que en realidad es una construcción histórica muy situada en la modernidad. Futuro puede ser una palabra que puede servir para cualquier estructura de tiempo social y sin embargo es una categoría que tiene una inscripción histórica muy definida. Futurización es una categoría interesante para pensar el acto de dar un futuro, de imaginarlo, de proyectar en el presente su destino, que es más del campo de lo visual; y la futurabilidad es cierta posibilidad que opera en nuestro presente pero que no tiene imagen, es eso que emerge y obliga a ir por otros lugares que uno no imaginaba. El juego de esas dos formas es la manera en que nos vinculamos con la futuridad. Ese registro puede abarcar tanto una etapa como algo más puntual, esto último es lo que intento en el libro: cómo los sojeros de un pueblito del sur de América piensan el futuro, cómo los pibes de los barrios periféricos reprimidos por la policía en Rosario piensan el futuro. Es un libro que piensa el futuro desde el presente. No hago futurología, sino intento analizar cómo producimos vínculos con lo que está por delante y cuáles son las consecuencias de esos vínculos, cómo los podríamos cambiar, fortalecer, destruir, etc.

 

APU: Vos hablás de cómo el capitalismo financiero está controlando lo que conocemos como futuro ¿de qué forma lo hace?

EG: Creo que la forma es la cifra. La que modela y gobierna lo social. Tiene la particularidad de ser concreta y abstracta al mismo tiempo, de alguna manera ser una imagen, pero no tener contenido. Es interesante y urgente para mí volver a pensar la relación de la moneda con la política y no sólo en términos meramente soberanistas sino el poder performativo de la moneda. Discutir sobre el mercado, hasta dónde tenemos que ser exclusivamente antimercado. Y si ser antimercado es ser anticapitalista. Es una discusión que me interesa dar: capitalismo y mercado no son lo mismo. Básicamente ha habido mercados no capitalistas como para demostrar históricamente que esas entidades se diferencian. Y hay ciertas potencias en el intercambio mercantil que se podrían aprovechar en los procesos emancipatorios.

 

APU: Decías eso y pensaba en los nodos de mercado solidario y la red de comercio justo…

EG: Tal cual. Hay intercambios de mercados que no necesariamente son productores de desigualdad: puede producir diferencias sin producir desigualdad. Y el tema de la moneda viene a aportar a ese debate. Hay algo que a mí me vuela la cabeza: la digitalización del dinero. Un encarcelamiento monetario que va a hacer que vos no puedas operar por fuera de la matriz de los bancos, las tecnologías. Cada movimiento monetario tuyo queda registrado en algún lado y tendrá efectos muy concretos. La moneda usada como mecanismo de ajuste y previsión es la gran manera de gobernar el futuro. Las deudas externas son una muestra: el acreedor no espera que pagues, espera que quedes enlazado. El que logra imponer una técnica que le garantiza hoy un tipo de incidencias sobre fenómenos que todavía no existen tiene un poder descomunal sobre el gobierno del tiempo.

 

APU: Históricamente hubo “soluciones” para el “excedente humano” pero fueron acotadas en el tiempo y no expuestas sino más bien solapadas (pensaba, por ejemplo, en la dictadura genocida del 76) ¿Qué peligros conlleva esta mirada actual donde ese excedente se convierte en residual y como tal no tiene ningún tipo de derecho, ni el de ser víctima?

EG: Creo que hay una relación muy estrecha entre las tecnologías y la reaparición de una idea de residuo humano, con claras características racistas. Hay una segmentación de los mercados laborales que cumplen una función mucho más antropológica al establecer una frontera entre lo que es humano y que no. Somos cada vez más los sectores que estamos por fuera de la estructura formal de la economía, con fronteras permeables entre quienes están integrados y excluidos en un país que tiene a más de la mitad de sus trabajadores informales, con un 40% en negro y con pequeños bolsones de trabajos estables. Eso hace que lo residual aparezca más expuesto como tal porque se tiene temor a la caída en la inhumanidad, no solamente en el desempleo. Hay un proceso sistémico que produce esto como un fenómeno necesario. Y se ha intensificado mucho en los últimos años. Se genera un negocio de la pobreza. El residuo no está por fuera de la economía en la valorización capitalista, si no que está incluido como tal: ONG, financiamientos, líneas de crédito, microcréditos usureros. No tienen que ver con el desempleo sino con el empleo de ese residuo. Controlar el deudor colectivo es otra manera de controlar el tiempo.

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APU: ¿Existen futurabilidades o futurizaciones utópicas dentro de este presente donde se palpa la corrupción en las diferentes capas sociales, pero ¿es desde esos mismos lugares que se exige transparencia?

EG: A ver, experimentemos un poco, si bien no tengo una respuesta trabajemos con ciertas intuiciones de por dónde viene la cosa. Hay que aprender a no indignarnos con ciertas presencias. Usemos como ejemplo a (Javier) Milei: el mundo que quiere es horrible, no sólo es más o menos viable sino absolutamente repugnante. Yo creo que uno de los desafíos es encontrar en Milei lo que no es Milei y apostar a abrir eso. La otra posibilidad es la guerra, no digo que haya que eliminar la figura del enemigo. Pero encontrar componentes en esas futurizaciones que me permitan torsionar en otro sentido, encontrar en esas imágenes el hilo del cual podamos tirar para desarmar esos cuadros. Intento hacer eso porque la otra figura, la de la polarización total, me parece que no nos está sirviendo. Volviendo a Milei. El le habla a un monotributista que está agobiado de pagar impuestos, no le habla al financista salido del Di Tella. Y el tipo dice voy a votar a quién me diga que no tengo que tributar más. Hay una lectura fina de a quién le habla en una economía tan informal como la argentina. No hace falta ser millonario para no querer pagar impuestos, a veces es suficiente con ser muy pobre. Qué te plantean: un mundo donde no se paga impuestos, esa fantasía. Bueno, hay que encontrar qué sería interesante de repensar lo impositivo, de a dónde va, etc. No solamente la necesaria confrontación, creo que quedó claro que eso sólo no alcanza. Macri no me va a conmover nunca con su discurso, pero qué importa lo que me diga a mí, yo tengo que entender a quién le está hablando. Es volver a repensar lo que decíamos al principio: de qué hablamos cuando hablamos de futuro. El kirchnerismo, en parte, había clausurado ese debate porque parecía que estaba claro de qué hablábamos cuando lo hacía desde un discurso de la reparación, donde lo reparado volvía a tener su forma anterior a la destrucción. Como que no hacía falta discutir hacia dónde estábamos yendo. Cambiemos se apropió de ese discurso para vaciarlo inmediatamente y convertirlo en este desierto en que estamos metidos. Y la discusión vuelve a aparecer de una forma interesante porque va a tener que incorporar variables que no estaban en ninguno de los dos esquemas anteriores, algunas más urgentes como el desempleo, el hambre y otras más necesarias como el modelo energético, el monocultivo, el posicionamiento en el mapa continental y mundial, los cuáles podrían exorcizar algo de lo urgente. Sería interesante que las fuerzas con aspiraciones presidenciales no agoten su campaña en lo urgente y puedan hacer lugar a debates más estructurales, como la moneda, para minimizar las posibilidades de un retorno furioso de una derecha casi genocida.

 

APU: Eso me hace pensar en el ejemplo de las Madres de Plaza de Mayo. ¿Es en el pasado, es decir, en el rescate de la memoria, desde donde crecen futuridades más respirables?

EG: Totalmente. Siguiendo el pensamiento de Achille Mbembé, filósofo afroamericano, todos estamos en camino de “devenir negros”, en el sentido de que las lógicas del mundo producen esclavitudes, sometimiento, desarraigos, sufrimientos en términos que universalizan la experiencia de la desigualdad racializada. El ver qué podemos sacar de todo esto te permite pensarte racializado. Pienso que las Madres hicieron algo parecido. Cabe marcar que cada vez que las mujeres atravesaron el umbral de lo doméstico para dirigirse al espacio de la política este país cambia de forma. Eso está clarísimo en los últimos 40 años. Las Madres no sólo traen la memoria de la condición de víctimas de sus hijos, sino que reponen sus proyectos, etc. Que es la larga lucha de los Derechos Humanos en Argentina. Hay que aprovechar todo ese trabajo increíble que hacen, y aquí voy a decir algo que puede sonar polémico, no sólo para levantar esas banderas sino ponerlas en cuestión. Poder discutir esos proyectos que esa generación tuvo. Tener la valentía de hacerlo y no creer que porque se los discute se regala los muertos al enemigo. Qué hacer con eso que se quiso. Lo que yo aprendí de las Madres es abrir esos proyectos con la decisión de cuestionar lo que haya que cuestionar, de aprovechar lo que puede seguir sirviendo políticamente… Deleuze dice algo que para mí es muy tranquilizador: no se le puede pedir todo a cada experiencia. Una de las operaciones posibles sobre esos proyectos es discutirlos, históricamente y ahora, entre generaciones, y rearmar ese diálogo. Porque me pregunto si queremos un mundo que se repite eternamente a si mismo en una hipotética forma de la justicia. ¿Es eso deseable? A parte de si es viable o no. Es decir, no dejar las cosas como están, sino buscarle una especie de actualización. Ahí hay un desafío de articular futurabilidad con futurizaciones en nuevos términos. Y me sucede que eso me obliga a estar muy atento a lo que aparece, a lo que emerge, y preguntarme de qué manera eso que aparece enriquece y reformula lo que yo quería. Porque a lo mejor aparecen cosas que son mejores a lo que yo quería.

 

APU: Cuando decías esto último pensé en el feminismo.

EG: Hay dos cosas que me flashean del feminismo. Una es la concepción del trabajo al estilo de Silvia Federici, cuando dice que una cosa es lo que el capital dice que es trabajo, otra cosa es lo que la izquierda dice que es trabajo, y otra cosa es el trabajo. La desalarización de la noción de trabajo para mí es genial porque te permite pensar que lo que produce valor es mucho más de lo que el capital y la izquierda tradicional reconocen como tal. Me parece que en estas condiciones las categorías de trabajo se solapan cada vez más con la de condición humana. Y la otra nace de una frase que me gusta mucho que es “el futuro es feminista” porque parte, al menos a mí me ha hecho pensarlo desde la multiplicidad de perspectivas feministas que hay, de esa especie de idea de que las relaciones de poder son relaciones sobre las cuales hay que trabajar permanentemente. No hay ninguna garantía institucional, ideológica, utópica, que garantice que en un momento el poder va a alcanzar una estabilidad tal que ya no será necesario protegernos de las desigualdades. El imperativo de que no hay figura final de la justicia. Eso es lo que me transmite. En otro lugar que he encontrado esa noción de justicia es en el zapatismo. No por nada hoy en día está conducido por las mujeres, de la cual sobresale la figura de Ramona. Ahí también hay un desplazamiento. Hay otras cuestiones que me atraen del feminismo porque tampoco me siento tan autorizado a hablar, pero la cuestión de qué es trabajo, qué es valor y cómo empalma eso con un vínculo con la futuridad no monopolizada por una futurización fija me parece determinante.

 

APU: Se me vinieron a la cabeza los versos de Gabriel Celaya y se me ocurrió pensar que tanto la poesía como el trabajo, o la poesía como trabajo son un arma cargada de futuridad.

EG: Por supuesto. Cuando Paco Ibáñez lo canta sigue respondiendo a una idea de la poesía militante. Por eso el arma, por eso el futuro. El compromiso del poeta, la idea de que alguien se compromete con otra cosa, que es más importante. La relación entre la poética y la futuridad me parece clave. Hay que construir unas poéticas singulares para la noción de futuro que yo trato de plantear. Me pregunto de qué manera hablo en esta lengua. Cómo se habla la lengua en un vínculo con la futuridad en estos términos. La verdad es que no lo sé, pero sí sé que la pregunta es poética.

 

Publicado en Sociedad

Después de Laudato Si, que no solo denunció la crisis ecológica, sino que también puso al trabajador en el centro del debate como víctima principal de un sistema económico que mata, no puede armarse una agenda mundial seria sobre el desarrollo humano integral sin pensar el futuro del trabajo, y sin establecer con carácter de urgencia un programa de transición hacia las nuevas tecnologías digitales y los nuevos modelos económicos sustentables. La OIT levantó el reto; el proyecto está en marcha. 

El 22 de enero, en el marco del centésimo aniversario de la Organización Mundial del Trabajo, se hizo público el documento de la Comisión Mundial de la OIT para El Futuro del Trabajo que muestra crudamente la realidad del trabajador en el siglo XXI. La cifra de 300 millones de personas desempleadas confirma la denuncia del papa Francisco cuando dice que el trabajador pasó de ser explotado a ser desechado. No obstante, el informe es esperanzador. Con la transformación tecnológica y ecológica se perderán tantos puestos de trabajo como los que se crearán. Se trata de centrar la economía en la persona humana, invertir en capacitación y organización para los más vulnerables, y redefinir trabajo y educación. El plan busca organizar la transición hacia un nuevo modelo de trabajo donde la tecnología sea la herramienta liberadora del cuerpo y del tiempo de los trabajadores. La transición tiene como clave la inversión en capacitación, y como condición el acuerdo social tripartito –entre empleados, empleadores y gobierno. Todo en línea con el principio de Trabajo Decente establecido por la OIT en 1999, y con los 17 puntos de la Agenda 2030 para el Desarrollo Sustentable de la ONU. 

Cruda realidad: La cuestión del trabajo es tan “calamitosa y urgente” como lo era a fines del siglo XIX –así comenzaba la primera encíclica social Rerum Novarum de León XIII en 1891–. Según el documento de la OIT: 190 millones de personas están desempleadas; 2000 millones sobreviven por la economía informal –que en algunos casos es economía social y en otros crimen organizado–; 300 millones viven en la pobreza; y casi 3 millones mueren anualmente por enfermedades de trabajo. De acuerdo con estas cifras, la comisión establece que deben crearse 344 millones de empleos de acá al 2030 para terminar  con el desempleo.

Análisis de la situación: Según la Comisión Mundial “nuevas fuerzas están transformando el mundo del trabajo” y causan desocupación estructural, pero también nuevas oportunidades. Los cambios políticos significativos a lo largo de la historia responden a nuevos sistemas económicos determinados por saltos cualitativos tecnológicos. La llegada de la pólvora a occidente, por ejemplo, fue la causa del pasaje del feudalismo al Estado moderno con su modelo de centralización y administración de bienes y cuerpos. Si el avance de la tecnología hacia lo digital y robótico es realmente un salto cualitativo significativo que habilita otro modo de producción, entonces el modelo económico y político actual estaría en proceso de cambio. Algunos interpretan la situación presente como desvío de la       lógica imperante hasta el siglo XX, al cual creen que hay que corregir y, por falta de nombre, le han dado      el de populismo. Otros, como la Comisión Mundial de la OIT –conscientes de que ante el cambio tecnológico de la Revolución Industrial fueron los mismos trabajadores los que dejaron de pelear contra las máquinas rompiendo telares, y comenzaron a organizarse sindical y partidariamente hacia estilos democráticos–, no ven en la tecnología una competencia desleal sino un factor de liberación del tiempo y el cuerpo del trabajador: “tenemos que aprovechar las posibilidades que nos brindan estas transformaciones profundas”. 

Plan estratégico: El plan está enfocado en la persona del trabajador excluido y consta de tres ejes: 1) invertir en las capacidades de las personas –pobres–; 2) invertir en las instituciones del trabajo –sindicatos y movimientos sociales–; 3) invertir en el trabajo decente y sostenible –economía verde y del cuidado–. La inversion en capacitación de las personas debe garantizar: aprendizaje para todos y de manera permanente generando un “ecosistema de aprendizaje”; apoyo a las personas trabajadoras en el periodo de transición; transformación para igualdad de género; y fortalecimiento de la protección social. Por su parte, la inversión en las instituciones del trabajo deben restablecer: la garantía laboral universal; la soberanía sobre el tiempo del trabajador; la representación colectiva; y la tecnología en función del trabajo decente. Por último, la inversión en trabajo decente y sostenible debe poder transformar las economías reorientando los incentivos hacia un modelo empresarial centrado en la persona del trabajador, antes que en el trabajo. 

Redefinición del trabajo: Se parte del supuesto de que todo aquel que para vivir depende de un salario es trabajador, incluso los desempleados. Pero no se lo percibe así. La aplicabilidad del proyecto depende de una redefinición social del trabajo. Aunque   el informe señala que “el trabajo no es mercancía”, la idea de que los trabajadores realicen una actividad creativa remunerada sin que esta sea empleo asalariado en condiciones indignas, está lejos de identificarse socialmente como trabajo. Según la propuesta, el trabajo continuaría, lo que desaparece es el empleo asalariado en condiciones inhumanas. Se trata de volver socialmente aceptable la idea de que mientras la tecnología hace el trabajo forzado, los trabajadores se forman. Se propone la creación de dos fondos, de Garantía Laboral Universal y de Protección Social Universal, para asegurar a los trabajadores más vulnerables, desde el nacimiento hasta la vejez, lo básico, independientemente de su situación laboral. El dinero está, lo que falta es sensibilidad social, ya que –según el informe– han “reducido la proporción de los ingresos nacionales consagrados a los trabajadores”. 

Redefinición de educación: La solución al desempleo finalmente depende de una “conversión cultural” como propone Laudato Si. Aun cuando las inversiones en formación lograsen ser “una prioridad básica de la política económica”, se requiere de una redefinición de la educación. El programa sugiere la creación de un “ecosistema eficaz de aprendizaje permanente” que engloba el aprendizaje formal e informal: “El aprendizaje permanente no abarca solamente las competencias necesarias para trabajar, sino que también comprende el desarrollo de las aptitudes necesarias para participar en una sociedad democrática”. Propone que sea supervisado de manera tripartita de acuerdo a un sistema universal de derecho a la formación. El cambio permitiría a los trabajadores tiempo libre y remunerado, y sería independiente del tipo de trabajo que hagan ya que estaría destinada a “apoyar a los trabajadores más vulnerables”. 

La organización: El Futuro del Trabajo depende de los trabajadores organizados, son ellos “los que deben diseñar una nueva concepción de trabajo que aplique la tecnología en función de su bienestar”. Sin embargo, la concentración del poder económico debilitó a las organizaciones de trabajadores en la negociación colectiva, y además “el cambio climático va a perturbar aún más los mercados laborales”, ya que “la degradación del medioambiente afecta de manera desproporcionada a las poblaciones vulnerables y a los países de bajos ingresos”, tal como lo denuncia también Laudato Si. La Comisión Mundial es consciente de que los cambios jurídicos –como la derogación de derechos laborales en Brasil–, y la dificultad de conectar trabajadores por la falta de empleo, hace más difícil la posibilidad de organizarse. Sugiere a los trabajadores organizados “adoptar estrategias de organización inclusivas, posibilitando la afiliación a los trabajadores informales”. Los movimientos sociales son una alternativa que surge en el escenario de desempleo estructural. No obstante, los Convenios Colectivos de Trabajo son la realidad efectiva del diálogo social y la cultura del encuentro, del cual hoy 330 millones de personas desempleadas quedan excluidas.  

* Miembro del equipo internacional del Programa OIT-ICMC: The Future of Work, Labour After Laudato Si, a cargo de Pierre Martinot-Lagarde, con sede en Ginebra. Asesora de Uitec (Unión Iberoamericana de Trabajadores de Edificios y Condominios).

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Domingo, 27 Mayo 2018 10:39

Congreso Internacional del Trabajo 2018

Más de 4.000 delegados de trabajadores, empleadores y gobiernos de los 187 Estados miembros de la OIT abordarán una gran variedad de temas. Las sesiones plenarias serán transmitidas en directo a través de www.ilo.org .

28 de mayo: Ceremonia de apertura (11 a.m.)

La Conferencia elegirá a su Presidente y a sus Vicepresidentes, después el Director General, Guy Ryder, los portavoces de los grupos de Empleadores y de Trabajadores, y el Presidente del Consejo de Administración de la OIT pronunciará sus discursos de apertura.

Este año, el informe del Director General de la OIT examina los obstáculos a la igualdad de género en el trabajo y en la sociedad. Además, sugiere la manera en que pueden ser superados en un nuevo impulso a favor de la igualdad.

30 de mayo: Sesión de información acerca de la labor de la Comisión Mundial sobre el Futuro del Trabajo

Una sesión informativa acerca de la labor de la Comisión Mundial sobre el Futuro del Trabajo está programada para el 30 de mayo de 1:00 p.m. a 2:30 p.m. en la Sala XVI.

4 de junio: Celebración anticipada del Día Mundial contra el Trabajo Infantil

Dado que el Día mundial contra el trabajo infantil tiene lugar después del cierre de la CIT (12 de junio), se celebrará en la Conferencia el 4 de junio con una serie de eventos.

Este año, el tema “Generación segura y saludable”, dirigirá la atención sobre la necesidad de poner fin al trabajo infantil y mejorar la seguridad y salud de los trabajadores jóvenes a nivel mundial.

Una mesa redonda, a la cual participará el Premio Nobel de la Paz, Kailash Satyarthi, será organizada, así como un evento para conmemorar la Marcha Mundial contra el Trabajo Infantil. Más información será proporcionada en una fecha próxima a estos eventos.

7 de junio: “Cumbre sobre el mundo del trabajo” y visita de alto nivel de los presidentes de Irlanda y de la República Centroafricana

La “Cumbre sobre el mundo del trabajo ” relativa el tema “Paz y resiliencia” se llevará a cabo en la Sala de las Asambleas la mañana del 7 de junio, el evento reunirá a panelistas de alto nivel en representación de gobiernos, trabajadores y empleadores.

El debate se articulará en torno a los cuatro temas siguientes:

¿Por qué es tan importante la creación de empleo y de trabajo decente para promover una paz duradera?
¿Qué nos dicen las recientes experiencias sobre el terreno acerca de la contribución del trabajo decente para satisfacer las necesidades de las personas afectadas, en particular las mujeres y los trabajadores jóvenes?
¿Cómo pueden las iniciativas dirigidas a promover el empleo contribuir mejor a la prevención de los conflictos, la construcción de la paz y la resiliencia?
¿Cuáles asociaciones estratégicas pueden aportar una contribución a la agenda de desarrollo sostenible y al mantenimiento de la paz; y cuál es el papel de la OIT?

Los Presidentes de Irlanda, Michael D. Higgins, y de la República Centroafricana, Faustin Archange Touadera, intervendrán en la CIT ese mismo día.

Comisiones

Las comisiones específicas de la CIT abordarán los siguientes temas:

  • Eficacia de la contribución de la OIT a la cooperación para el desarrollo (discusión general)
  • Violencia y acoso contra las mujeres y los hombres en el mundo del trabajo (comisión normativa)
  • Discusión recurrente sobre el objetivo estratégico del diálogo social y el tripartismo , con arreglo al seguimiento de la Declaración de la OIT sobre la justicia social para una globalización equitativa, 2008
  • Comisión de Aplicación de normas
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Video realizado con fragmentos fílmicos pertenecientes al Departamento de Cine, Audio y Video del Archivo General de la Nación.

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En poco más de dos años, crecieron el desempleo y el trabajo informal. Mientras, los trabajadores perdieron contra la inflación. De los pocos empleos que se crean, la mayoría pertenece al rubro monotributo. 

La única verdad es la realidad. Desde diciembre de 2015, cuando Mauricio Macri llegó a la Casa Rosada, todos los indicadores laborales empeoraron. En poco más de dos años, aumentaron el desempleo y el trabajo informal. El poco empleo que se creó tuvo como estrella al monotributo, es decir, más trabajo precario. Mientras tanto, el poder adquisitivo de los trabajadores cayó entre 3 y 8 puntos en dos años. 

Según el Indec, el último dato de desempleo del kirchnerismo fue del 5,8%, el más bajo en más de una década. Dos años después, la desocupación está en 7,6%, casi dos puntos por arriba. En 2016, el peor año macrista, el desempleo llegó a rozar los dos dígitos, lo que no pasaba desde hace muchos años. En algunos aglomerados urbanos la situación es alarmante: en el GBA, el desempleo es del 9,9% (el empleo inestable llega al 24%, según un trabajo de la Defensoría del Pueblo bonaerense). 

En relación a la informalidad, el macrismo logró revertir una tendencia a la baja que se había dado durante la década kirchnerista. En 2003, la mitad de los empleados estaba en negro. En 2015, ese número se redujo hasta el 33%. Vale consignar, que esa mejora se dio en simultáneo con la creación de empleo (lo que aumentó notablemente la masa de trabajadores). Lo que también debe destacarse es que todos esos indicadores se estancaron hacia el final del último mandato de Cristina Fernández de Kirchner. 

Con la llegada del macrismo, la situación del empleo informal corrió la misma suerte que el desempleo. Subió fuerte en 2016 y bajó en 2017. Como sea, está en el 34%, un punto por arriba que el último dato del kirchnerismo. 

Los vaivenes en el empleo durante los últimos 30 meses muestran otro dato preocupante: casi 3 de 4 empleos que se generaron durante el macrismo pertenecen al rubro monotributo y monotributo social. El resto, en su mayoría, son empleos públicos. A diferencia del relato oficial, el sector privado prácticamente no generó empleo en más de dos años. En el caso del empleo industrial, la situación retrocedió a niveles del 2010. 

Por último, puede mencionarse lo que pasó con el poder adquisitivo de trabajadores y trabajadoras. En 2016, perdieron en promedio entre 6 y 12% (dependiendo de la actividad), debido a unas paritarias que en general estuvieron muy por abajo de la inflación (superó el 40%). En 2017, recuperaron espacio pero nunca a nivel de antes de la caída de 2016. En lo que va de este año, la inflación le está ganando otra vez a los ingresos, que el Gobierno quiere frenar en el 15% interanual, cuando la suba de precios estará claramente por arriba de ese número.  

Publicado en Sociedad

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